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Juan Casís y un libro horizontal con añoranzas de gurí y potrero

El sábado 14 de setiembre presentará la obra "Duro e' boca", con poemas, recuerdos, meditaciones, sostenida en una selección de imágenes.

Viernes 23 de Agosto de 2019

Protagonista de las luchas sociales de Paraná desde hace décadas, por joven que sea, Juan Casís acaba de publicar un libro con su sello de cabo a rabo, cargado de alegorías.

Prosa, versos, fotos, diseño muy cuidado y artesanal, sentimientos, reflexiones, mucha memoria y alguna puteada, por qué no, pecados de infancia: el paceño aquerenciado en Paraná es transparente en Duro e’ boca.

Conocido por su presencia activa en el sindicalismo como en las asambleas ecologistas o los encuentros sociales para hacer algo por los menos favorecidos, en estos años Juan Casís le ha puesto pilas y más que pilas a la revista Barriletes y todo ese mundo que ayuda a mirar, que abre una ventanita comunitaria a los condenados.

Más de una vez nos ha despertado con una de esas cavilaciones salidas de un amargo en soledad, o en rueda de amigos, de esas que cuentan las entrañas. Por eso no nos sorprendió esta semana cuando nos contó de la publicación del libro, como edición de autor, y nos dijo que era para mirarlo tranquilo al lado del arroyo, con un mate.

De paseo

Duro ‘e boca. Instantáneas orejanas muestra de entrada nomás el temple del autor, con un formato horizontal. Un manubrio de bicicleta en movimiento nos invita a un paseo en los colores de la tarde y la nostalgia, las alegrías y las pesadumbres.

El nombre no necesita explicación pero por las dudas, conocedor de la sucesión de generaciones distintas, el autor transcribe adentro un fragmento de Orejano, el poema del oriental Serafín García que en su momento cantábamos todos, al ritmo del vals con Los Olimareños o con Jorge Cafrune. “…y saben de sobra que soy duro ‘e boca/ y no me asujeta ni un freno mulero”.

Hay algo de autobiográfico en la palabra de Casís. O mucho. Sobresalen por auténticos esos retornos a la niñez propia y la niñez del barrio, de otros. Principalmente los del carrito, los que hurgan en los contenedores. El autor sabe ponerse en el cuero del otro, y se nota. Cuando uno piensa que ya leyó el libro, va por el siguiente relato y encuentra matices, búsquedas.

No hay una sola página de balde. Juan Casís se vale de imágenes para reflexionar sobre las injusticias, el abismo entre las clases sociales, las paradojas del progreso, las enseñanzas de los “nadie”, las vergüenzas propias, la paz de la casa antigua. En esta presentación no es difícil ver el puente entre las palabras y las imágenes. El lector, la lectora, nosotros, podemos ir y volver, detenernos, gozar un título, cerrar, rumiar las sensaciones, y mañana tomar otra página, quizá al azar, tal vez por la belleza de la factura nomás, porque la hamaca parecer escaparse del papel, porque las fotos viejas recuperan un brillo, o porque el autor se empeña en buscarle un lado feliz y esperanzado a las cosas con auxilio, claro, de unos pájaros, el río, el sol, la amistad.

Los barriletes

La cita es entonces el sábado 14, a las 20 en la calle Perú 314, esquina Libertad. Habrá palabras, papeles, abrazos, una exhibición de fotos, compañeros, compañeras, algún mate.

Un mail no es una carta, dice Juan Casís para graficar con una anécdota familiar los cambios que impone la tecnología. Con la Historia de una foto nos habla de ese gurí, Gustavo, el hijo de Eliseo Contrera, y una merecida tapa de la revista. El autor cuenta y le pone nombre a sus pesadumbres: Catarsis, por ejemplo, para mostrar la suma de familias que buscan comida en los desperdicios de otros y analizar desde allí el sistema que impera en el mundo.

Con la buena onda que le conocemos bien, Juan Casís nos invita a su libro como si fuera su casa, “alejada del centro, un barrio donde cultivamos el saludo y el andar pausado”, en una frase muy suya y quizá equivocada: ese es el centro, si es allí donde remontamos los barriletes ¿no?

Nadia (pensando en mi madre)

Amaste con sonidos

de armonio y avemaría.

Creíste en la piedad y el sacrificio.

Nadia fortaleza, pajarito.

Vapor de sueños con calor de sopa

y mantel tendido.

¿Fuiste feliz?

¿Pensaste en vos aunque sea un día?

¿Te devolvió el amor tanta entrega?

¿Cómo peleabas la risa?

¿Pudiste apretar el puño?

¿Por qué lloraste aquel día?

Aunque me siguen faltando palabras,

de un pobre poema

tan mal escrito

y que no encuentra final,

aún me salvan

los tibios recuerdos

íntimos

de aquella noche

de costura y juego

en la casa chica.

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