Diálogo abierto

Nora Dalmasso: "Puedo fotografiar el milagro de la vida, lo cual me hace plena"

Entrevista a Nora Dalmasso. Vocación por la maternidad. Parto, fotografía y frustración. Los secretos del quirófano. Lo digital y la esencia del registro

Domingo 02 de Enero de 2022

Contabiliza más de 200 secuencias de ese momento, el nacimiento, que emociona hasta los espíritus más inconmovibles. No es el caso de Nora Dalmasso, para quien la maternidad desde siempre fue particularmente sentida y deseada, y por eso unió dicho sentimiento con la omnipresente vocación por registrar a través de la cámara. La fotógrafa, pionera en Argentina de aquella modalidad, brindó detalles de su práctica profesional, con la euforia que perdura por la obtención de una mención honorífica con distinción oro de la International Association of Professional Birth Photographers, IAPBP, (Asociación Internacional de Fotógrafos Profesionales de Nacimientos), de la cual es la única integrante argentina, y también por otro premio internacional recientemente logrado.

La Línea 4 y el teléfono

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, pero mis viejos vivían sobre la Ruta 18, kilómetro 3,5.

—¿Cómo era esa zona en tu infancia?

—Crecí en el campo porque en mi infancia estaba rodeada de Naturaleza y no había colectivos urbanos. La Línea 4 llegaba hasta Las Tunas.

—¿Qué veías al salir de tu casa?

—La ruta y pocas casas vecinas, donde ahora hay barrios.

—¿A qué distancia estaba el vecino más próximo?

—A 50 metros, porque era un caserío.

—¿Cuál fue la mayor transformación urbanística?

—Cuando logramos que la Línea 4 llegara hasta la virgencita y cuando tuvimos teléfono, porque hasta ese entonces había una cabina en la cual se pedía la llamada, que podía demorar entre una hora y un día.

—¿Lugares que te atraían?

—La casa de mis abuelos, a 200 metros, y andar corriendo por las calles, con mis perros. No podía cruzar sola la ruta.

Entrevista a Nora Dalmasso. Vocación por la maternidad. Parto, fotografía y frustración. Los secretos del quirófano. Lo digital y la esencia del registro

—¿A qué jugabas?

—Me encantaba andar en bicicleta, vivir entre las plantas y hacer comidas con frutos.

—¿Qué visión tenías de Paraná?

—Venía siempre y sentía que los chicos de acá tenían más oportunidades para hacer cosas, aunque estaba feliz. Mi papá nos llevaba al Patito Sirirí y remontábamos barriletes.

—¿Qué actividad laboral desarrollan tus padres?

—Mi mamá es ama de casa y mi papá tenía una industria metalúrgica, cerró y se dedicó a la cría de ganado; apasionado por sus animales y la Naturaleza.

Dibujo, pintura y la cámara

—¿Sentías una vocación?

—Siempre me gustó el arte y la Medicina; soy decoradora de interiores y pintora por vocación. En mi primer concurso provincial de dibujo, en sexto grado, gané el segundo premio y fui feliz; vivía dibujando. Hice muchas exposiciones de pintura, en la sala de Carlos Regazzoni, en San Telmo y en el Sol Victoria; durante cuatro o cinco años pintaba todos los días. Me gusta mucho el paisajismo y lo figurativo. Cuando dejé, comencé a dedicarme a la fotografía como hobby y a regalar fotos; mi esposo me regaló una cámara réflex pero sacaba solo en automático, así que hice talleres con Mauricio Garín, quien me enseñó a ver a través del objetivo, y hace unos años gané acá el tercer premio en un salón municipal. Luego me formé en la Escuela de Fotografía y conocí bien la cámara y otros aspectos teóricos. En mi casa siempre hubo una cámara fotográfica porque mi papá registraba todo. Ver una foto me lleva a un montón de situaciones, gestos y palabras, y es lo que amo de la fotografía.

—¿Qué cámara tenían en tu casa?

—No recuerdo… una analógica.

—¿Te formaste en el dibujo?

—No, me fluía y me sigue gustando; de pintura hice varios talleres, con Celina Campos y Jorgelina Parkinson.

—¿Qué dibujabas?

—Siempre paisajes, casas y árboles, todo relacionado con el campo.

—¿Imaginabas hacer una profesión con el arte?

—No era consciente de si podía llegar a hacer algo. El hoy mío arranca cuando fui mamá porque siempre soñé con serlo y tengo dos hijos. Desde que nacieron me di cuenta de que poder fotografiar la vida cotidiana era muy importante para ellos. Ahí se juntó la niña que quería guardar recuerdos con la mamá movilizada por la maternidad.

—¿Qué materias de la secundaria te gustaban?

—Todas, salvo Inglés.

—¿Hasta cuándo viviste allá?

—Hasta los 18 años, cuando vine a trabajar y estudiar a Paraná.

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Color y orden

—¿Por qué estudiaste diseño de interiores?

—Me gusta el diseño, la decoración y los colores. Trabajé un tiempo hasta que nació mi hija.

—¿Lo primero que corregiste cuando te formaste como fotógrafa?

—(Risas) Siempre trataba de que el horizonte estuviera en el medio y lo primero que te dicen es todo lo contrario, aunque no siempre. O sea que había sacado todo mal. Y yo creía que eran bellas (risas).

—¿Qué te aportó el dibujo y la pintura como fotógrafa?

—Me sirvió mucho para la composición y para combinar los colores, las temáticas frías y cálidas. Y para que la foto sea despejada, ya que me gusta que el sujeto principal se destaque. En decoración nos enseñan un orden. Cuando pintaba y hacía paisajes tomaba mis propias fotos y pintaba con ellas.

—¿Qué es lo que más seguridad te ha dado?

—Estudiar en la Escuela de Fotografía el uso manual de la cámara, más allá de que con Mauricio aprendí un montón, pero son talleres cortos. Cuando descubrí la especialidad que hago me sentí plena; si me mandan a hacer sociales soy muy insegura y no sé cómo hacerlo.

Fotos que faltan

—¿Fotografiaron tus partos?

—No, ahí arranca…

—Tu frustración.

—Exactamente. Lo venía pensando porque tengo una amiga que vive en España, hace fotografía de nacimiento y siempre me preguntaba si no me gustaría hacerlo. Cuando mi hija cumplía 15 años tuve una charla con la fotógrafa, me dijo que buscara fotos de ella y no tenía del nacimiento. Ahí hice el clic.

—¿En la Escuela de Fotografía había referencias a esta temática?

—No, porque es una disciplina nueva que nadie la tiene en cuenta. Cuando comencé me preguntaban “¿eso se hace; cómo vas a estar con una cámara en una sala de partos?”

—¿Antes de dedicarte a esta área, alguna vez encontraste algo tras revelar que viste al tomar la foto?

—En una foto totalmente casera, cuando estábamos en la quinta de unos amigos: saqué una foto del atardecer y luego encontré una manchita que parecía un platito boca abajo, en el cielo muy limpio. Nunca supimos qué era porque no vimos nada y en el laboratorio me dijeron que no era una mancha del objetivo.

—¿Cómo abordaste la fotografía de nacimiento en términos de mercado?

—Tenía muchas dudas de si podía hacerlo pero era a lo que quería dedicarme porque amo la maternidad. Me pregunté ¿por qué no puedo ofrecer la posibilidad de que una mamá pueda tener buenas fotos y guardarlas para sus hijos, ya que es el comienzo de la vida de ese ser? Lo hablé con mi esposo, porque es médico, y me dijo que lo intentara, presentando un proyecto en el Instituto Rawson y en el Hospital San Roque, que fue donde hice los primeros partos con autorización de los padres. Armé una carpeta explicando que no es el registro de una práctica quirúrgica, ni cuando aplican las vacunas, sino del momento del nacimiento y contactos con la mamá y el papá. También presenté fotos de mi amiga colega y otras de Internet, como ejemplo. A la semana me llamaron, me dijeron que les gustaba y acordamos las condiciones.

—¿Tu sentimiento maternal no atenta contra la actitud profesional?

—No, porque he logrado estar en momentos fuertes y captarlos, aunque se me caen las lágrimas pongo la mente en blanco; quizás después sí, me enfrento al monitor y me largo a llorar. Este año hicimos una muestra con las coordinadoras de Neonatología del Rawson para la semana del prematuro (“encuentro de los súper héroes”) y fue una experiencia muy movilizadora, porque se ven distintas situaciones.

—¿Cómo fue el primer trabajo?

—En el Hospital San Roque, emocionante, una cesárea, me sentí plena y luego dije “esto es lo que quiero hacer porque es fotografiar la vida”.

Luz fuerte y poco tiempo

—¿Cuáles son las claves técnicas?

—La cuestión de la luz porque durante una cesárea hay una luz cenital muy fuerte, con mucho contraste, entonces hay que priorizar. Fue el aprendizaje más fuerte, para poder encontrar un punto medio, poder mejorarla en la edición y que la foto sea nítida, no sobreexpuesta, más allá de que el momento sea así. La trabajé un poco y aprendí a tomar los valores. Hasta hoy, todo se ha podido solucionar y ya manejo la luz y los ángulos.

—¿Cuántas personas hay en un parto?

—Dos ginecólogos, la instrumentadora, la enfermera circulante y el pediatra. Hay que ser rápido porque son segundos y cada equipo tiene su forma de trabajar. Me ha pasado que no alcanzo a verle la cara al bebé, sobre todo en invierno. Cuando lo dejan con la mamá es cuando tengo más posibilidades de hacer más fotos.

—¿Cuándo comenzás la secuencia?

—Ingreso cuando los campos (quirúrgicos) ya están sobre la panza de la mamá y anestesiada, hago una primera fotografía para medir la luz, espero, y una vez que el bebé comienza a nacer, comienzo mi secuencia. Mientras tanto le saco al papá, si entró, o pequeños detalles como el reloj o la mano de la mamá. No puedo tocar nada y estoy en un espacio muy limitado.

Parto y cuestiones “mágicas”

—¿Qué te impacta?

—Cada parto es individual y único; como madre, me pongo en el lugar de esa mamá y me emociono y sensibilizo pensando lo que sentí en el momento cuando nacieron mis hijos. Trato de dar lo mejor de mí en ese momento para que tengan el mejor recuerdo, que yo no tengo. Tuve un parto vaginal y otro por cesárea, lo importante es el fin.

—¿Algún descubrimiento extra fotográfico?

—Tomé conciencia de dos cosas: que en el momento del parto vaginal las mamás estamos en otro plano. Cuando ven las fotos me preguntan “¿Eso pasó? ¿Te saludé?” Segundo: es increíble cómo se calman los bebés cuando los acercan a las mamás, incluso al papá, lo separan, y nuevamente es un llanto desgarrador. Un bebé lloraba, el papá ponía sus manos sobre el vidrio y el bebé comenzaba a calmarse. Cuando el papá ingresó, automáticamente el bebé giró la cabeza hacia él y cuando le apoyaba la mano sobre el bracito, dejaba de llorar.

—¿Qué tratás de ver a través del visor de todas estas circunstancias?

—La escena principal: tengo que fotografiar al bebé con su mamá. Con el resto y los profesionales hago un recorte, aunque ahora abro un poco más el campo y luego hago el recorte. No voy al detalle y mi sorpresa es cuando las miro en la computadora. Son dos minutos como máximo.

—¿Situaciones complicadas?

—Muy poquitas: una vez bajé mi cámara y opté por no hacer las fotos, pero todo anduvo bien. El bebé nació deprimido y le tuvieron que pasar oxígeno para reanimarlo, y eso no lo tomo.

—¿No pensás que puede ser un área temática distinta, digna de registrarse?

—Lo puedo hacer si un profesional me lo pide, pero lo que fotografío es el nacimiento. Para mí es normal ver sangre pero hay muchos papás que se impresionan, por eso a muchas fotos las paso en blanco y negro, que es más sutil y agradable a la vista. Si la mamá la quiere ver en color, se la paso.

—¿Situaciones pintorescas?

—Un papá que se reía a carcajadas de felicidad; se me caían las lágrimas mirándolo. Fue una vivencia muy diferente.

—¿En qué te modificó como fotógrafa trabajar en esta temática?

—Cuando paso a otra temática o cuando hago estudio, tengo que pensar más para “armar” la fotografía, ya que en el caso de los nacimientos no hay nada programado sino que es el momento, porque todo parto es único.

—¿Cómo fue lo del premio?

—La asociación a la que pertenezco hace un concurso anual del que participan 22 países y más de 3.000 fotos. Quedé entre las doce mejores del mundo. ¡Felicidad total porque no lo esperaba! Cuando hice esa foto (la del premio, “El milagro de la vida en tus manos”) y regresé a mi casa sentí que había logrado “el sueño del pibe”, porque había visto de colegas europeos y pensaba que nunca lo lograría. Pasé tres instancias con 27 jurados de distintos países y se publicó en el portal de la National Geographic. Todavía es un sueño. El mes pasado gané una medalla de bronce de una asociación de Alemania.

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—¿Quiénes son tus referentes?

—Los canadienses, pero viven muy distinto este tipo de fotografía porque muestran todo. Mi visión es opuesta, es cuidada y recortada.

—¿Publicás en las redes sociales?

—Sí, en Instagram, noradalmasso_fotografía

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