A casi dos décadas del estreno de El diablo viste a la moda, la historia que retrató el detrás de escena de una revista de moda regresa con una secuela que actualiza su universo sin desprenderse de su identidad. El diablo viste a la moda 2 llegó a los cines hace pocos días y generó una fuerte respuesta del público, con salas llenas, comentarios que circularon desde la salida de las funciones y una expectativa que se sostuvo desde el anuncio del proyecto. En Paraná, UNO estuvo presente en las salas del Cine Sunstar Paraná para vivir de cerca el estreno y relevar la reacción de los espectadores en una de las primeras funciones.
"El diablo viste a la moda 2": una industria que vuelve a escena con el sello de Miranda Priestly
"El diablo viste a la moda 2" llegó a los cines y UNO vivió el estreno en el Cine Sunstar de Paraná
Por Fernanda Rivero
"El diablo viste a la moda 2"
FERNANDA RIVERO / DIARIO UNO
Bianca y Judith
"El diablo viste a la moda 2"
La primera entrega presentó a Andy Sachs, interpretada por Anne Hathaway, una joven periodista que ingresa como asistente en la revista Runway, dirigida por Miranda Priestly, personaje a cargo de Meryl Streep. A lo largo de la trama, la protagonista atraviesa un proceso de transformación que la lleva a repensar su vínculo con la moda, el trabajo y sus propias decisiones. La exigencia del entorno, las dinámicas de poder y el ritmo de la redacción construyen un relato que excede lo estético y se instala en el terreno de los vínculos laborales.
La secuela retoma ese punto de partida y lo traslada a un contexto atravesado por cambios estructurales en la industria editorial. La revista Runway enfrenta recortes, una reconfiguración de sus formatos y la necesidad de adaptarse a nuevas plataformas sin perder su identidad. En ese escenario, la película construye un relato que pone en tensión la tradición con la innovación, con guiños a la historia del medio y a su peso simbólico dentro del mundo de la moda.
Miranda Priestly vuelve a ocupar el centro de la escena. La interpretación de Meryl Streep sostiene la precisión del personaje y refuerza su lugar como una de las figuras más reconocidas del cine contemporáneo. Su presencia ordena el relato, marca el ritmo y sostiene una construcción que mantiene vigencia. La actriz retoma el papel con una impronta que combina autoridad y control, en una composición que dialoga con el paso del tiempo sin modificar su esencia.
El film también recupera a Andy Sachs, ahora con mayor experiencia profesional, en una etapa en la que debe redefinir su lugar dentro de un escenario que cambió. El vínculo con Runway, la relación con Miranda y las decisiones personales vuelven a aparecer como ejes narrativos. A su alrededor, otros personajes aportan nuevas miradas sobre una industria que busca sostener su estructura histórica mientras incorpora dinámicas contemporáneas.
El vestuario vuelve a ocupar un rol central
Uno de los aspectos más destacados de la película es la construcción estética. El vestuario vuelve a ocupar un rol central, con una selección que articula tendencias actuales con referencias clásicas. Cada escena se apoya en una identidad visual que refuerza el universo narrativo y posiciona a la moda como un lenguaje propio dentro del relato.
El impacto del estreno se extendió más allá de la pantalla. En distintas ciudades, diseñadores y marcas impulsaron acciones vinculadas a la película, con producciones, desfiles y reinterpretaciones de looks icónicos. En las salas, el público acompañó con una respuesta sostenida, y la experiencia de ir al cine se convirtió en una instancia compartida.
En Paraná, esa reacción se hizo visible en las funciones del Cine Sunstar. A la salida, las opiniones coincidieron en destacar la continuidad de la historia y el peso de sus personajes. “Es una película que esperábamos hace mucho tiempo, está a la altura”, señaló una espectadora. Otra de las asistentes definió la experiencia como “un plan ideal para ver con amigas, para comentar cada look y cada escena”. También hubo quienes valoraron la vigencia del personaje de Miranda: “Sigue siendo el eje de todo, cada aparición marca la película”.
La circulación de la película reactivó además una conversación sobre la moda como forma de expresión. En las salas se observaron espectadores que eligieron asistir con looks pensados para la ocasión, en sintonía con una propuesta que vuelve a instalar la relación entre estética e identidad.
La secuela propone una mirada sobre una industria en transformación, pero también sobre la permanencia de ciertos códigos. Entre el peso de la historia y la necesidad de adaptarse, Runway aparece como un símbolo que busca sostener su lugar. En ese recorrido, la película articula una narrativa que combina continuidad, actualización y una puesta que vuelve a colocar a la moda en el centro de la escena.
El regreso de El diablo viste a la moda se instala así como un fenómeno que excede lo cinematográfico. La respuesta del público, la repercusión en el ámbito de la moda y la vigencia de sus personajes confirman el lugar que la historia logró construir desde su primera entrega y que, con esta secuela, vuelve a ocupar dentro de la conversación cultural.




















