Un equipo internacional de científicos liderado por la Universidad de Curtin, en Australia, descubrió estructuras compatibles con glóbulos rojos fosilizados y compuestos derivados del hemo en el hueso de la pata de un dinosaurio carnívoro que habitó el actual territorio de Brasil hace aproximadamente 115 millones de años.
Hallazgo histórico: descubren rastros de sangre en un dinosaurio de hace 115 millones de años
Un hallazgo permitió identificar rastros de sangre en un dinosaurio de Brasil que vivió hace 115 millones de años. Los investigadores descartaron hallar ADN.
Hallazgo histórico: descubren rastros de sangre en un dinosaurio de hace 115 millones de años.
El hallazgo, publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), representa un avance en el estudio de la preservación de moléculas biológicas en fósiles de animales extintos. Sin embargo, los investigadores aclararon que no se trata de ADN y que el descubrimiento no abre posibilidades concretas para la clonación de dinosaurios.
Los restos pertenecen a un ejemplar de Aratasaurus museunacionali, un pequeño dinosaurio depredador que vivió durante el Cretácico Inferior. Las muestras fueron recuperadas en la Formación Romualdo, una región del noreste brasileño reconocida internacionalmente por la extraordinaria conservación de sus fósiles.
La investigación permitió identificar señales químicas asociadas con el hemo, componente de la hemoglobina que participa en el transporte de oxígeno a través de la sangre.
Cómo era el dinosaurio encontrado en Brasil
El Aratasaurus museunacionali pertenecía al grupo de los terópodos, una amplia familia de dinosaurios que incluye a grandes depredadores como el Tyrannosaurus rex y de la cual evolucionaron las aves modernas.
Según las estimaciones científicas, el animal medía aproximadamente 3,1 metros de longitud y pesaba alrededor de 34 kilogramos, dimensiones considerablemente menores que las de otros representantes de su grupo.
Los investigadores determinaron que el ejemplar analizado era juvenil y tenía alrededor de cuatro años al momento de morir, por lo que todavía no había alcanzado su desarrollo completo.
Los restos fósiles fueron encontrados en una mina de yeso del estado de Ceará, en el noreste de Brasil. El material recuperado corresponde a parte de la extremidad posterior derecha, incluidos el fémur, la tibia y el pie.
Durante el análisis microscópico del hueso, los científicos identificaron pequeñas estructuras semejantes a células sanguíneas en diminutos canales vasculares que antiguamente permitían la circulación de sangre dentro del tejido óseo.
Un descubrimiento que aporta información sobre la sangre
La principal novedad de la investigación no radica únicamente en la identificación de estructuras celulares, ya que estudios anteriores habían documentado posibles restos similares en otros fósiles de dinosaurios.
Lo extraordinario es que los investigadores lograron detectar señales químicas compatibles con compuestos derivados de la hemoglobina, lo que aporta evidencia molecular para interpretar la naturaleza de esas estructuras.
La profesora Kliti Grice, autora principal del trabajo y especialista en geoquímica orgánica de la Universidad de Curtin, destacó la importancia de identificar estos componentes después de tantos millones de años.
“Detectar moléculas intactas derivadas del hemo en glóbulos rojos de 115 millones de años de antigüedad es asombroso”, expresó la investigadora.
Además, explicó que el descubrimiento amplía los conocimientos sobre la preservación de componentes sanguíneos en el registro fósil y ofrece nuevas herramientas para estudiar la fisiología de especies desaparecidas.
El análisis de estos rastros moleculares podría contribuir a comprender mejor determinados procesos biológicos de los dinosaurios y las condiciones que permitieron la conservación de sus tejidos.
Por qué se conservaron durante 115 millones de años
Uno de los interrogantes centrales del estudio fue determinar cómo pudieron sobrevivir señales químicas reconocibles después de un período tan prolongado.
Los investigadores consideran que la respuesta está relacionada con las condiciones ambientales que rodearon al animal después de su muerte.
Según la hipótesis científica, el dinosaurio habría quedado enterrado rápidamente en un ambiente con escasa presencia de oxígeno, circunstancia que limitó algunos procesos de descomposición de los tejidos.
También habría desempeñado un papel importante la hausmannita, un mineral que pudo contribuir a proteger las estructuras biológicas y favorecer la preservación de determinados componentes químicos.
La combinación de estas condiciones habría generado un entorno excepcional para conservar señales moleculares que normalmente desaparecen durante los procesos de fosilización.
Grice reconoció que la supervivencia de estos rastros bioquímicos constituye uno de los aspectos más sorprendentes del descubrimiento.
El hallazgo no significa que se pueda clonar un dinosaurio
Aunque la identificación de componentes relacionados con la sangre de un dinosaurio puede recordar las historias de ciencia ficción sobre la recuperación de animales prehistóricos, los especialistas remarcaron que el descubrimiento no implica la existencia de material genético recuperable.
El hemo es una molécula vinculada con el transporte de oxígeno y no contiene la información genética necesaria para reconstruir un organismo.
Por lo tanto, la presencia de sus derivados en un fósil no significa que los investigadores hayan encontrado ADN ni que sea posible utilizar esos restos para reproducir un dinosaurio mediante técnicas de clonación.
La investigación tiene una importancia diferente: demuestra que determinadas señales químicas de origen biológico pueden permanecer reconocibles durante millones de años cuando se combinan condiciones excepcionales de preservación.
En ese sentido, el estudio abre nuevas posibilidades para la paleontología molecular, una disciplina que busca reconstruir aspectos de la biología de organismos extintos mediante el análisis de compuestos químicos conservados en sus fósiles.
El descubrimiento realizado en Brasil aporta así una nueva perspectiva sobre la vida de los dinosaurios y demuestra que los huesos fosilizados pueden conservar información que va mucho más allá de su forma y estructura.


















