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Los dos papas: Qué es real y qué ficción en la película

El film de Meirelles gira en torno a una conversación ficticia entre el cardenal y el obispo de Roma antes de la renuncia de 2013.

Sábado 28 de Diciembre de 2019

A través de los siglos, el secretismo ha marcado el funcionamiento de una de las instituciones más antiguas del mundo: la Iglesia católica. Ahora, una nueva película de Netflix trata de resolver desde la ficción uno de los mayores misterios que han marcado la historia del Vaticano en los últimos 600 años: la renuncia del papa Benedicto XVI y el inesperado ascenso de un cardenal argentino, Jorge Mario Bergoglio, al Trono de San Pedro.

“Los dos papas” (The Two Popes), estrenada en noviembre en cines y que llegó a Netflix a finales diciembre, ha sido nominada a cuatro Globos de Oro, entre ellos a mejor actor y mejor película.

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El filme, dirigido por Fernando Meirelles (“Ciudad de Dios”) y con guión de Anthony McCarten (Bohemian Rhapsody) gira en torno a una conversación ficticia entre el cardenal de Buenos Aires y el obispo de Roma poco antes de la renuncia de este último en febrero de 2013.

La historia, interpretada por Anthony Hopkins y Jonathan Pryce, recurre al patrón de dos personajes encontrados en su diferente visión del mundo.

A medida que la trama avanza, no solo empatizarán, sino que lograrán cambiar la visión del otro y mostrar una concepción nueva del mundo.

“Los dos papas” presenta dos visiones contrapuestas del dogma, de la vida y de la fe que se cruzan de forma casi arquetípica en la aspiración de un mejor futuro para la crisis de la Iglesia católica.

Pero quizás uno de los elementos que más confusión ha traído es el hecho de que se trate de una obra de ficción “inspirada en hechos reales”: ¿qué es ficción y qué realidad en la cinta de Meirelles? BBC Mundo hizo un análisis de la aclamada película.

El pasado de Francisco

Pese a llamarse “Los dos papas”, la película se centra en Bergoglio, su vida y los momentos que marcaron su ascenso al gobierno de la Santa Sede.

Sin embargo, en esa recreación, realidad y ficción se mezclan otra vez sin que quede muy claro qué es cierto y que no en lo que se cuenta en tono casi hagiográfico sobre el obispo de Roma.

Como describe la película, durante su juventud y antes de entrar como seminarista en la orden de los jesuitas, Bergoglio trabajó como técnico en los laboratorios de Hickethier Bachman, en Buenos Aires, donde tenía una buena relación con su jefa.

No obstante, no hay constancia de que hubiera regalado un anillo o se hubiese comprometido con mujer alguna.

En realidad, según contó el propio papa argentino, fue cuando tenía 12 años que escribió una carta de amor a una joven, Amalia Damonte, en la que le decía que si no se casaba con él, se haría cura.

Más complejo es el tema de la supuesta relación de Bergoglio con el gobierno militar de Argentina (1976-1983).

En la película, Meirelles presenta la cercanía del entonces jefe de los jesuitas con el régimen de Videla como un “esfuerzo para proteger a sus sacerdotes”.

El accionar de Bergoglio entonces sigue siendo una de las páginas más controvertidas de su pasado.

Entre otras cosas, se le cuestiona por supuestamente haber quitado protección a dos curas de su congregación jesuita que luego fueron detenidos y permanecieron en cautiverio durante cinco meses en la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) hasta que fueron liberados.

Los señalamientos contra Bergoglio, por su relación con el gobierno de facto encabezado inicialmente por el general Videla, tomaron fuerza cuando el diario argentino Página 12 publicó en 2010 un informe en el que se le acusaba de haber colaborado con las autoridades de la época.

En su libro autobiográfico “El Jesuita”, publicado en 2010, Bergoglio rechazó las acusaciones, afirmando: “Hice lo que pude con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba, para abogar por personas secuestradas”.

El papa “bueno” y el papa “malo”

Una de las críticas más recurrentes que ha recibido la película -incluso por la propia Iglesia católica- es la dicotomía que presenta entre sus dos personajes principales:

Un papa “bueno”: Francisco, presentado como un “revolucionario”, humilde, abogado de las causas justas, amigo de los pobres y los oprimidos, conocedor de yerbas aromáticas y de los sufrimientos y las penas del más común de los mortales.

Un papa “malo” o al menos, menos popular: Benedicto, retratado como esquemático, conservador, alejado del mundo, vanidoso, amante del lujo y la pose, intelectual, responsable de la debacle que vive la Iglesia.

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