La noche del sábado dejó postales difíciles de olvidar en la Estación Belgrano de Santa Fe. Miles de personas llegaron desde distintos puntos de la región para acompañar a Ciro y Los Persas en un recital que se extendió durante tres horas y mantuvo una intensidad constante, tanto arriba como abajo del escenario.
El ritual volvió a sentirse fuerte en Santa Fe junto a Ciro y Los Persas
La noche del sábado dejó postales difíciles de olvidar en la Estación Belgrano de Santa Fe
Por Fernanda Rivero
Gentileza Alejandra Raselli
Gentileza Alejandra Raselli
Tres horas de clásicos, emoción y pogo junto a Ciro en Santa Fe
Desde temprano comenzaron a verse banderas, grupos de amigos, familias y fanáticos que viajaron desde Entre Ríos, Santa Fe y otras provincias para reencontrarse con canciones que forman parte de sus historias personales. Adentro, el público respondió desde el primer tema con una entrega que no bajó en toda la noche.
El show recorrió clásicos de Los Piojos, canciones emblemáticas de Ciro y Los Persas. Hubo pogo, abrazos, saltos y una multitud que cantó cada canción de memoria.
Andrés Ciro Martínez sostuvo durante toda la noche un vínculo cercano con quienes estaban frente al escenario. Bajó a saludar, caminó entre el público, cantó rodeado de fanáticos y se tomó momentos para hablar con la gente.
Cercanía con el público
También nombró ciudades de Entre Ríos y Santa Fe, un gesto que despertó una ovación inmediata entre quienes habían viajado para verlo. Lejos de una puesta distante, el recital tuvo un tono cálido y directo. El cantante se mostró cómodo, sonriente y atento a lo que sucedía en cada rincón del predio.
Esa cercanía terminó de construir una noche atravesada por la emoción y la memoria. Uno de los aspectos más destacados de la noche fue la respuesta permanente del público. Durante las tres horas de recital, la energía no decayó. Cada canción fue acompañada por miles de voces, con un entusiasmo que atravesó generaciones.
Había quienes crecieron escuchando a Los Piojos y también jóvenes que heredaron esas canciones como parte de una tradición familiar o afectiva.
En distintos momentos del recital, la emoción ganó lugar entre la intensidad del pogo y el movimiento constante frente al escenario. Muchos fanáticos se abrazaron durante canciones emblemáticas, otros levantaron banderas o celulares para registrar instantes que esperaron durante años. El repertorio despertó recuerdos personales y convirtió al recital en una experiencia atravesada por la memoria.
Música y recuerdos
La banda mantuvo un sonido potente y profesional, de primera calidad, durante toda la presentación. Cada integrante encontró su espacio dentro de un show dinámico, que alternó momentos de explosión con otros más íntimos y sentidos. Al finalizar el recital, muchas de las personas que dejaban la Estación Belgrano coincidían en algo: la felicidad de haber podido escuchar en vivo canciones que marcaron distintas etapas de sus vidas. Algunos salían con lágrimas en los ojos, otros abrazados, todavía cantando fragmentos de los temas.
El recital se transformó así en mucho más que una sucesión de canciones: fue un espacio compartido entre generaciones unidas por la música y los recuerdos. “La voz de Ciro me acompañó toda la vida, ¿cómo no voy a estar acá? ¿Cómo no voy a traer a mi hijo? ¿Cómo no me voy a emocionar? Es uno de los pilares del rock nacional, un maestro. Y traje a mi hijo porque quiero inculcarle estos valores, la música, el encuentro, la sensación de pertenecer y disfrutar de un maestro musical”, dijo Mauro, quien viajó desde Chajarí para ver el show.




















