La histórica feria de Salta y Nogoyá mantiene un pulso que atraviesa generaciones en Paraná. En ese rincón de la ciudad, donde cada jornada se cruzan vecinos, productores y artesanos, la actividad comercial convive con una tradición cultural que forma parte de la identidad paranaense.
La feria de Salta y Nogoyá: un espacio para la cultura popular de Paraná
La feria de Salta y Nogoyá es uno de los mercados populares más tradicionales de Paraná, un espacio para el comercio local, cultural y diversos oficios
Por Fernanda Rivero
FERNANDA RIVERO / UNO
referencia. UNO recorrió el mercado y conversó con quienes sostienen el espacio día a día
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Feria de Salta y Nogoyá
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“Buscale la vuelta”, un espacio de librería y artesanía.
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“Nipi Deco”, juguetería y pinturería decorativa.
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“Dulces Abu”, mermeladas artesanales.
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"Ficus”, puesto de yerbas, yuyos y cerámica.
La feria que forma parte de la identidad de Paraná
UNO recorrió el mercado y conversó con quienes sostienen el espacio día a día. La feria funciona desde 1940 y fue la tercera de la ciudad en aquel tiempo, junto con el Mercado Sud. Desde entonces, se convirtió en un punto de referencia para el comercio local, la economía familiar y el encuentro.
En sus primeros años, el paisaje era muy distinto al actual. Los puestos eran precarios y el piso de tierra. La memoria de aquellos tiempos todavía circula entre los feriantes. Con el paso de las décadas, el mercado fue creciendo y adaptándose a los cambios de la ciudad. El 20 de agosto de 1982 se llamó a licitación para la construcción de un nuevo edificio en un predio adquirido al Independiente Bochas Club, en calle El Plumerillo 722. La obra estuvo a cargo de Luis E. Stilman y Blas Pascual Stopello.
El nuevo espacio se inauguró el 9 de enero de 1987 y la construcción permitió instalar 46 locales fijos y 31 puestos movibles para la venta de distintos productos.
Oficios
Hoy la feria reúne una diversidad de propuestas que reflejan distintos oficios: costurería, bordado, cerámica, panificación, viveros, frutas y verduras, además de puestos gastronómicos y espacios de recreación. Muchos de esos trabajos nacen en talleres familiares o en pequeñas producciones caseras.
La feria es un espacio histórico e importante para la ciudad. Representa el sustento de muchas familias que cada mañana abren sus puestos con el objetivo de salir adelante. Como toda actividad comercial, requiere dedicación, constancia y un gran esfuerzo cotidiano. Por eso, también es necesario reconocer el trabajo de los feriantes, que con su labor diaria sostienen la feria y le dan vida a este tradicional punto de encuentro de Paraná.
“Cada uno trata de traer lo mejor que tiene para ofrecer. Hay productos que hacemos nosotros mismos y eso a la gente le gusta”, contaron. La feria también es un lugar donde la gente busca precios accesibles y productos frescos.
“Muchos vecinos vienen porque saben que acá encuentran precios cuidados. Eso ayuda mucho en estos tiempos”, señalaron.
Como tantos mercados populares del país, la feria atraviesa los cambios económicos y sociales. Sin embargo, los feriantes coinciden en que el espacio sigue siendo una referencia para muchos vecinos. Cada puesto refleja una historia de trabajo. Algunos llevan décadas en el lugar; otros llegaron hace pocos años buscando una oportunidad para vender sus productos. “Hay que ponerle ganas todos los días. Uno acomoda el puesto, charla con la gente y trata de seguir”, comentaron.
En los pasillos se repiten escenas conocidas: vecinos que recorren los puestos con tiempo, familias que se detienen a comer algo al paso y clientes habituales que conversan con los vendedores.
Además de la actividad comercial, la feria también funciona como un espacio donde circulan historias y vínculos construidos con el tiempo. Muchos clientes llegan cada semana, conocen a quienes atienden los puestos y mantienen conversaciones que forman parte de una rutina. En ese intercambio cotidiano se reconocen gestos de confianza y cercanía que caracterizan a los mercados populares. “Vengo casi todas las semanas. Me gusta recorrer, mirar los puestos y conversar un rato con la gente que vende. Siempre encuentro algo para llevar y además se mantiene ese trato que en otros lugares ya no se ve”, contó Carlos, vecino de la zona.
“Para nosotras es un paseo. A veces venimos a comprar verduras o pan, pero también a caminar y ver lo que hacen los artesanos. Es lindo que exista un lugar así en la ciudad”, expresó Sofía, vecina que visitaba la feria junto a su hija.
Con el paso de los años, la feria de Salta y Nogoyá se consolidó como un pequeño universo donde conviven tradiciones, oficios y formas de producción que siguen vigentes en la ciudad. Entre frutas frescas, pan casero y piezas artesanales, el mercado mantiene una dinámica de trabajo, identidad barrial y cultura, una postal que todavía hoy forma parte del paisaje cultural de Paraná.
El espacio funciona de lunes a sábados de 8 a 13 y de 17 a 21, y los domingos de 8 a 13.30.























