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Diálogo Abierto

Circo y arte en las alturas, una cuestión seria y científica

Entrevista con Francisco Games. Rambo y Schwarzenegger, los referentes. Circo o quiniela, ésa es la cuestión. Calistenia: el desarrollo físico más barato

Martes 11 de Enero de 2022

Todo indicaba que el camino sería el de los mandatos instituidos familiar y socialmente, pero las lecturas y la música lo fueron alejando de ese deber ser. Francisco Chango Games relata ese proceso que lo llevó a convertirse en un artista de circo constantemente ocupado por enriquecer su formación y difundir las posibilidades de un arte tan antiguo como igualmente adaptado a nuevas formas de expresión.

La tranquilidad y la atracción por el centro

—¿Dónde naciste?

—En Santa Fe, barrio Guadalupe, cuando era zona de quintas, ya que ahora está más conectado con la ciudad. Viví hasta los 21 años, en 2001, cuando salí a buscar trabajo el 28 de diciembre y comencé a trabajar en el comedor El Vesubio, donde inventé que sabía cocinar.

—¿Qué características tenía por entonces?

—Era muy tranquilo; estaba a cinco cuadras de la costanera y de los espigones. Se podía jugar en la calle a la pelota y a la escondida, en contacto con la Naturaleza. Incluso hoy es tranquilo aunque la gente no está tanto en la calle. Iba al mercado descalzo y sin remera. Tiene una zona residencial, cerca del río, y otra más barrial, de clase media. Mi casa tiene más de cien años y fue refaccionada.

—¿Otros lugares de referencia?

—La basílica de Guadalupe, a unas seis cuadras, donde los domingos, en la zona trasera, se hacía una feria de frutas y verduras. También hay muchas plazas y está la universidad católica.

—¿Cuál fue la mayor transformación urbanística?

—En colectivo demoraba media hora hasta el centro, pero con la creación de nuevos barrios las avenidas se hicieron más rápidas y transitables, especialmente la General Paz.

—¿Qué visión tenías del centro?

—Era como llegar desde el campo. Me gustaban las luces, el ruido, el cine Ocean y América, y la peatonal.

—¿A qué más jugabas?

—Desde los seis años hasta los 13 hice natación en el Club Banco Provincial, una sola clase de rugby, porque mis viejos no me dejaron ir, cuando fui más grande jugué al fútbol, en el Club Ateneo, y al ajedrez, en el Prado Español. Tenía la habilidad de correr rápido y era un entretenimiento.

Modelos físicos, economía y lecturas

—¿Sentías una vocación?

—Me crié en la época de las películas de los musculosos como Rambo, (Arnold) Schwarzenegger y (Jean Claude) Van Damme aunque me resultaba contradictorio porque yo era flaquito y chiquito, al contrario de mi hermano, quien se parecía a esos personajes. Mi ideal hasta los 14 años fue tener el cuerpo así pero no lo tuve hasta entrenar de verdad. Pero no había tantas actividades físicas como ahora, salvo el gimnasio o hacer un deporte.

—¿Lo asociabas con tu futuro?

—No, porque por el lado de mi viejo estaba la economía; le había preguntado por el trabajo en el campo y me dijo sobre la ingeniería agronómica. La expectativa era formar una familia, tener auto, casa y un título. En la adolescencia me encontré con algunos libros y experiencias personales, me incliné hacia lo humanístico y la música, especialmente a través de MTV, con el punk, el grunge y la contracultura, y estudié percusión.

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—¿Leías cuando niño?

—Sí, el primer libro fue Augusto, quien viajaba llevando encomiendas, y el segundo no lo recuerdo porque se lo regalé a un compañerito para su comunión. También leí Elige tu propia aventura, y gracias a la profesora de Literatura, Cortázar, Borges y Kafka, de quien me enamoré.

—¿Qué materias te gustaban?

—Era muy aplicado, me gustaba mucho Literatura, Ciencias Sociales, Química y Dibujo, pero no soy muy creativo. Cuando terminé la secundaria hice un año y medio de Psicología, tres años de Filosofía, y luego Comunicación Social, mientras trabajaba.

—¿Qué actividad profesional desarrollan tus padres?

—Mi madre, ama de casa, y mi viejo era contador, y estaban separados.

—¿Por qué viniste a Paraná?

—Por trabajo. El comercio donde trabajaba una ex novia se expandió, querían abrir una sucursal acá y me lo ofrecieron.

Un taller, la música y la calle

—¿Cuándo descubriste el circo?

—En 2010 unos compañeros comenzaron a entrenar y me invitaron a un taller recreativo de Gustavo Anduiza, del circo La Arena, dos veces por semana, tras nueve años sin hacer actividad física. Al año comencé a conectarme con gente del ambiente, un chico que hacía funciones de teatro combinadas con circo me llamó para hacer funciones callejeras, y también hacía música, ya que el artista de circo tiene que desarrollarse en varias disciplinas.

—¿Te gustaba el circo cuando niño?

—Lo que más me atraía era la música. Hasta que me compraron una batería, tocaba con tachos y baldes, y los vecinos me odiaban. En la casa de mi madre había un tocadiscos en el cual ponía un LP de Queen, con Una pequeña cosa llamada amor, que repetía 20 veces mientras tocaba e imitaba a un baterista. También me gustaban las películas de Chaplin y mis viejos también me hacían ver películas de Felini y vi a los acróbatas chinos.

—¿Qué fundamentos asimilaste en ese primer taller?

—Lo más técnico vino después cuando la Municipalidad de Santa Fe junto con el circo La Arena crearon el Centro de Artes Circenses y Urbanas, con una formación durante tres años cada quince días, con profesores que venían de Buenos Aires. Era acrobacia de piso y aérea, trapecio, danza rítmica y flow, clown, mimo, vestuario…

—O sea que te formaste con el concepto del nuevo circo…

—Sí, inclusive Gerardo Hochman, quien dirige el circo La Arena, es un exponente latinoamericano del circo contemporáneo, que se despega un poco del tradicional. Se formó un equipo de 40 personas aunque quedamos quince y vi que era una posibilidad de desarrollo.

—¿Qué te confirmó que era el camino?

—El placer de desarrollarme. Tenía mi propio trabajo, una agencia de quiniela de mi viejo, en Santa Fe, aunque vivía acá. A la vez, una escuela de danzas me llamó para dar clases, hasta que llegó un momento en que tuve decidirme por el comercio o el circo, lo hablé con mi viejo y vendimos las tómbolas.

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Paraná y el público de circo

—¿Qué visualizabas profesionalmente?

—Lo pensás año por año, aunque no una gran perspectiva, más allá de que estaba el deseo de formar una gran compañía, viajar por el país, ser todos amigos y que nos aplaudan… Tuvimos un grupo de siete personas que se llamó El globo rojo pero luego los intereses se cruzan y el ideal se transforma. La primera perspectiva es que si te dedicás a esto, tenés que dar clases, la segunda, seguir formándote, porque no podés enseñar siempre lo mismo y necesitás más recursos, y también un espacio donde ser el artista de todo eso, con lo cual renace aquel primer deseo.

—¿Por qué te quedaste en Paraná para hacer este desarrollo?

—Siempre me resultó muy amable por la tranquilidad porque es una ciudad-pueblo. Al principio el paranaense es cerrado, pero cuando te conoce, te cuida, y eso fue un impacto humano muy grande. Le debo mucho a la ciudad y estoy tratando de devolverlo. Santa Fe quiere vivir muy rápido, al modo de Rosario y Buenos Aires.

—¿Cómo es el paranaense como consumidor de espectáculos circenses?

—Son varios escenarios posibles: en su momento desarrollé mucho el arte callejero en el Patito Sirirí y se institucionalizaron los festivales en las plazas, con un público más infantil y familiar.

—¿Está el estereotipo de que es algo destinado a los chicos?

—Quizás sí, pero cuando comenzás a mostrar otras destrezas, como la acrobacia en tela o el acro dúo, acapara al público adolescente y mayor, y luego quieren aprender.

—¿Por qué te especializaste en la acrobacia en tela, considerando que es un elemento mayormente trabajado por mujeres?

—Las telas es más femenino porque tienen más elasticidad y posibilidad de movimientos dentro de ellas. En cambio el trapecio es más duro, con demostración de fuerza y si no tenés elongación igualmente podés hacer algunos trucos. En el primer video que vi del Cirque do Soleil era indistinto y en el ámbito mundial comenzó a sacarse el género de los elementos. Es un prejuicio social. Cada elemento te desafía la capacidad física y coordinativa, y a su vez tenés que afrontar el miedo a caerte o el vértigo. También doy clases de verticales y el equilibrio sobre las manos también es un desafío para quedarte parado sobre ellas.

—¿Cómo funciona Aero fusion?

—Se ofrecen clases de disciplinas aéreas tales como telas, trapecio y aro. Somos dos profesores y nos dividimos en grupos de no más de seis personas para que cada uno tenga su propio elemento. Son clases de una hora, con entrada en calor, trabajo en el elemento y elongación. También hay clases de flexibilidad y he dado clases de verticales, que ahora serán seminarios cada quince días. Por ahora contamos con dos salones pero queremos crecer y tener un galpón de nueve metros para desarrollar actividades simultáneas y traer las clases de calistenia acá. También tenemos pensado de que funcione como centro cultural para hacer varietés circenses, espectáculos de circo y música, e intervenciones teatrales.

—¿Tienen espacios en las redes?

—En Instagram y Facebook estamos como aero_fusion.

La calistenia o cómo entrenar eficaz y económicamente

En los últimos años resulta más frecuente observar, especialmente en parques y plazas, entrenamientos que consisten en elevar el cuerpo entre barras mientras se hacen piruetas y figuras. Más allá de la moda de esta disciplina, la calistenia (del griego kallos, belleza, y sthenos, fortaleza (*)) reconoce su origen en el siglo IV a.C. y en los monjes Shaolin, y un gran desarrollo y sistematización en Francia a partir del siglo XIX. Games se refiere a su descubrimiento y la propia práctica.

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—¿La calistenia la incorporaste como complemento para mejorar las disciplinas circenses o como entrenamiento independiente?

—Cuando comencé a estudiar circo y profesionalizarme como docente y artista no me podía quedar solo con los talleres que hacía. Entonces me puse a estudiar personal trainer para entender cómo es el movimiento, de dónde se saca la fuerza y cómo preparar un entrenamiento óptimo para que quien viene a tomar clases tenga una base científica. Así encontré e investigué otras disciplinas. La calistenia tiene origen griego y tiene una cuestión romántica en ese sentido, y como método me parece mucho más eficiente que cualquier otro entrenamiento.

—¿Por qué siendo tan versátil tiene poco desarrollo en nuestro medio?

—Por la competencia de los pequeños y grandes centros de entrenamiento y gimnasios que quieren seguir teniendo su público para los aparatos, entrenamiento funcional, crossfit, etc. Yo doy clases de calistenia en un espacio libre y público, en el Parque Berduc, y quienes practican generalmente son adolescentes. También hay un centro de calistenia en el cual hacen piruetas, lo cual es más atractivo para los más chicos y lo pueden encarar deportivamente. La contrapartida que tiene este método es que desarrolla mucho más el tren superior y poco las piernas, lo cual trato de evitar, para que sea integral: tener fuerza de brazos, abdomen y piernas, y resistencia.

—¿Encontraste alguna relación con la actividad circense y claves de tipo biomecánico o técnica que desconocías?

—La calistenia está muy cruzada con la disciplina circense. Lo que me sorprende mucho es que, en tiempos que son acelerados, trabajar más lento es más eficaz. Desarrollar un ejercicio más lentamente implica más concentración y focalización, y no necesitás hacer 200 repeticiones en 15 segundos, aunque sí hay trabajos puntuales que demandan velocidad. Técnicamente, siempre hay que desarrollar primero lo coordinativo y técnico, para cuando se trabaje la fuerza ya esté incorporado, y esa fuerza servirá porque el ejercicio está bien ejecutado. No se trata de hacer fuerza por que sí. Y en cuanto a la resistencia, es una sumatoria de técnica y fuerza bien aplicada.

—¿El circo te modificó el modelo de desarrollo físico que tenías desde niño?

—El primer año que hice circo en la escuela de Santa Fe fue un cambio absoluto de mentalidad. No era un gran fumador pero enseguida dejé, generé nuevos hábitos y comencé a desarrollar el físico desde otro lugar, desde el compartir, la diversión y la generación de un hecho artístico para subir a un escenario.

(*) Sistema de ejercicios basado en el peso del propio cuerpo y que trabaja grandes grupos musculares para alcanzar la belleza del cuerpo en movimiento.

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