Diálogo Abierto

Ondina Motura: "En la medicina 2+2 nunca es igual a 4"

Entrevista con la doctora Ondina Motura. Posibilidades y límites de la medicina "oficial", la fitoterapia y la homeopatía. Estragos actuales del confinamiento

Martes 21 de Junio de 2022

En su patrimonio lleva un apellido, el de su padre, un gran pionero, investigador, escritor y difusor de la medicina natural y homeopática, quien ha trascendido las fronteras vernáculas hacia latitudes internacionales. Su madre también fue una gran profesional del arte de curar y de quien recibió valiosas enseñanzas. “Soy una neurótica obsesiva de los libros”, reconoce como parte de dicho legado Ondina Motura, farmacéutica, médica y docente de Uader.

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Música, estudio y una regresión

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, en esta casa (Villaguay, entre Alsina y Gobernador Sola).

—¿Cómo era el lugar en tu infancia?

—Siempre fue muy tranquilo, hasta hoy, comparado con Córdoba, donde viví desde los 18 hasta hace algunos años.

—¿A qué jugabas?

—Estudié música e inglés, piano, flauta dulce, violín y guitarra desde chica, fui al Coro Polifónico Mario Monti, y desde los 13 años me dediqué a la flauta traversa hasta que fui a estudiar a Córdoba, donde también me juntaba con gente a tocar. Soy una neurótica obsesiva de los libros y del estudio (risas). Mi hija estudia violín y le encanta.

—¿La música era tu juego?

—Sí, porque mi mamá, médica, también tocaba el piano y dio conciertos. Estábamos en el mismo ambiente. Estudió cuando era chica y volvió a tocar cuando yo estaba en el secundario.

—¿La actividad de tu papá (Giraldo Motura)?

—En su primer momento fue médico de campo y por eso conoció las medicinas alternativas, las plantas y lo que la Naturaleza le daba, porque era lo que había para paliar situaciones para las cuales no había acceso a tecnología y otros recursos. Se fue metiendo en la fitoterapia, la acupuntura y la homeopatía, luego incorporó las Flores de Bach y utilizó el irisdiagnóstico. Tuvo 22 consultorios e iba un día a cada uno durante el mes.

—¿Tu mamá?

—Lo acompañaba en todo. Los dos estudiaron en Córdoba.

—¿Cómo convivían medicina y arte en tu casa?

—Mi mamá se dedicaba a las dos cosas, estaba atendiendo, terminaba con un paciente, venía alguien a ensayar y tocaba el piano, porque lo tenía al lado (risas). Yo andaba por toda la ciudad tocando y ensayando con gente de la escuela de música.

—¿Leías mucho?

—No tanta literatura aunque sí de la escuela, que profundizaba. En mi familia fueron de leer mucha literatura, hay dos bibliotecas enormes porque tanto mi papá como mi mamá eran muy lectores y de una generación muy culta. Me hubiera gustado meterme más en la literatura.

—¿Un libro relevante?

El don de sanar, que leí los 15 años, al igual que leí mucho sobre la teoría de la reencarnación.

—¿Qué te llamó la atención de aquel libro considerando que tu familia se dedicaba a eso?

—Que traía los pasos para hacer una regresión, que hice, me cambió la vida y los valores, y con los años verifiqué que fue real. Lo encontré entre los libros de mi mamá, quien tenía muchos de Rudolf Steiner, a partir de lo cual me interesó el método (de la pedagogía) Waldorf. También me encanta el psicoanálisis y la psicoterapia porque el paciente necesita una respuesta; psiquiatría es una de mis grandes frustraciones aunque no me gusta la parte de los medicamentos, que es lo que más se hace. Hago terapia hace muchos años.

—¿Materias predilectas?

—Me obsesionaba con todo, aunque Historia no me gustaba tanto. Matemáticas, que pensé en seguir la carrera, me gustaba muchísimo al igual que Física y Química. Por eso primero hice Farmacia, que era difícil y un desafío. Cuando estaba en tercer año, por Anatomía y Fisiología, me di cuenta de que me gustaba Medicina, que comencé al terminar Farmacia, junto con mi hermana menor.

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Universidad, plantas y el no dañar

—¿En Farmacia algo te resultó irreconciliable respecto de la medicina naturista y homeopática?

—No, porque tanto en Córdoba como en la Universidad de Buenos Aires, con el doctor (Jorge) Alonso, hay mucha investigación sobre plantas, y una cátedra que se llama Farmacognosia, que es su estudio químico. En el ambiente académico no se nota tanto la cuestión comercial y de los laboratorios, y se estudia mucho a las plantas. La cuestión de la industria es cuando salís de la carrera. Noté que había muchas discordancias pero con el tiempo te das cuenta de que todo lo que dijo (Christian) Hahnemann (inventor de la homeopatía, 1755-1843), la medicina oficial hoy lo acepta. Había cosas que decía mi papá y que la medicina oficial no aceptaba, y con los años se aceptaron. Son caminos que se unen. En la homeopatía hay cuestiones que todavía no tienen explicación, que a veces son de creer o reventar, y más adelanté se descubrirán. Si tuviera que entender cómo funciona mi cabeza no podría levantarme cada mañana, porque hay muchas cosas que desconozco, pero funcionan y las disfruto.

—¿Cuáles son los límites de ambos enfoques?

—Ambos se pueden utilizar hasta cierto límite y son buenos. Hay casos en que no queda otra que utilizar la oficial pero hay muchos otros en que se puede aplicar la alternativa y se logra prevenir llegar a la oficial. Si hay una infección no queda otra que dar antibióticos porque se puede hacer una asepsis y morir. Hay que hacer lo que le conviene al paciente en ese momento y todas son herramientas, más allá de que la homeopatía es una filosofía que orienta el tratamiento muy diferente a lo oficial. La fitomedicina utiliza plantas en forma completa, lo cual previene efectos adversos de la droga que fue extraída de la planta, y en definitiva la Medicina oficial nació de eso. Lo descubierto hace pocos años y revolucionario es que la homeopatía funciona perfectamente aunque se esté con un tratamiento convencional, cuando antes se decía que no, pero siempre lo hice. La homeopatía hace que el paciente no caiga de nuevo en la misma situación. Hay situaciones sin respuestas de la medicina oficial y las alternativas las tienen.

—¿Lidiaste con cuestionamientos como los recibidos originariamente por tu padre?

—Me moví siempre en ambientes que hablan el mismo idioma y es una movida enorme, como el caso de la homeopatía en Córdoba, con dos grandes escuelas. Nunca tuve problemas.

—¿Formadores importantes?

—Muchos. La doctora Beatriz Iturbe, gran docente; Ana Brane, una farmacéutica que me ayudó cuando inicié la farmacia, y el doctor Humberto Avesani, ex director de la Sociedad Homeopática Argentina en Córdoba.

—¿Grandes enseñanzas médicas de tus padres?

—La de enfocarse en curar sin dañar, como decía Hipócrates, es lo más importante y lo tengo clarísimo. Aunque no sea el mismo efecto de un medicamento de la medicina oficial, si se logra aliviar, bienvenido. A veces hay que reducir la dosis de lo que está tomando de la medicina oficial, y es lo que se está haciendo mucho ahora, o sea preparados magistrales que tienen una mínima dosis del medicamento de la medicina oficial y plantas. Siempre lo hicimos, ahora está de moda en Buenos Aires y es bueno porque reduce mucho los efectos adversos, más allá de que lo ideal, por ejemplo, sea bajar el colesterol con un tratamiento alternativo, por lo tóxico de los medicamentos. O cuando se toman calmantes.

—¿Qué conversabas con ellos tras recibirte?

—Mamá tenía muy buena memoria y cuando dejó de atender muchos pacientes vinieron conmigo, entonces me relataba sus historias clínicas, recordadas al detalle sin haberlas anotado. En homeopatía hay que saber todo el entorno y la vida de la persona. Mi papá es más de la corriente pluralista y receta complejos, y yo de la homeopatía unicista, o sea buscar lo que constituye al paciente en la parte psicológica y orgánica, por eso también me gusta el psicoanálisis. Son modelos.

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Plantas que sorprenden

—¿Qué descubrimientos ha hecho la homeopatía en los últimos años?

—Aparecieron muchos medicamentos pequeños que no plantean la integralidad del individuo, más allá de los policrestos, los medicamentos clásicos, más estudiados y que responden según las personalidades orgánicas y psicológicas.

—¿Alguna planta te sorprende por nuevas propiedades halladas?

—La Graviola, porque veo que cada día funciona mejor en casos de cáncer y es como una quimio natural. También el Hipérico o Hierba de San Juan, un antidepresivo natural, que tomo hace años. Se lo suele menospreciar pero ayuda a mucha gente, aunque hay que ver los casos con hipertensión.

—¿Una que te llame la atención por su funcionamiento?

—Siempre me sorprenden, se siguen estudiando y se suman más a la lista las adaptógenas, la más conocidas el Ginseng, el Ginseng siberiano, la Withania somnífera y el Astrágalo, que hacen que la persona se adapte a las circunstancias de la vida, porque generan corticoides naturales y evitan las enfermedades relacionadas con el estrés. También se utilizan en casos de cáncer. Yo las tomo.

—¿Un punto de inflexión con algún caso?

—Todos los días uno piensa una cosa y el paciente responde de otra, porque la medicina nunca es dos más dos igual a cuatro, por eso tengo a todos mis pacientes en Whatsapp para que me cuenten cómo les va, y según eso continúo la consulta y modifico lo que haya que cambiar. Me ha sucedido con pronósticos, sobre todo oncológicos, que daban poca vida a gente que terminó enterrando a los médicos.

—¿Por ejemplo?

—Dos chicas que están vivas y andan bien. Una de ellas monja de clausura, con un cáncer de ovario avanzado. Y la otra con mieloma múltiple, en el cual yo no tenía fe, la mandaba a que se viera con el hematólogo pero no me daba bolilla y siguió con el tratamiento alternativo.

—¿Qué le decís a quien opina que la homeopatía es una falacia?

—Hay un premio Nobel que explicó lo de la memoria del solvente, que es cómo funciona la homeopatía. Cuando estudié me hizo ruido lo de diluir y diluir, porque se llega a un punto en que no hay materia sino solvente solo, lo cual he hecho en la farmacia. Pero aquel nobel explica que en el solvente hubo una sustancia que cambia su constitución a nivel atómico y molecular. También se hicieron pruebas con amebas y otros seres muy involucionados, en los cuales se ven las reacciones. Es creer o reventar, lo he visto desde chiquita y observo los pacientes cómo responden, también en los chicos, aunque no atiendo niños.

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“Lo del virus de la Covid-19 fue algo intencional”

La doctora Motura negó que el SARS-CoV-2 haya sido fruto de una mutación al azar sino que correspondió a una decisión intencional de guerra biológica. “Siempre hay que matar gente para reducir la población mundial”, expresó la docente de la Facultad de Ciencias de la Vida y la Salud.

—¿Qué reflexionaste tras los primeros tiempos de la supuesta pandemia?

—Por datos que me llegaron de gente de las altas esferas de la ciencia, fue una guerra biológica, no que al azar algo mutó. Lo del virus fue algo intencional como parte de otras medidas para reducir la población mundial y como no fue suficiente ahora se creó una guerra en Ucrania. Siempre hay que matar gente. Además hay una generación, los millennials, que no quieren tener hijos.

—¿Y desde lo médico específico?

—Todo fue muy raro, desde el método de diagnóstico utilizado. ¿Cómo podía haber alguien con Covid positivo y la familia no, si era tan contagioso.

—¿Cómo trataste a tus pacientes con supuesto Covid?

—Usé Equinácea, Uña de Gato, Lapacho, nebulizaciones con Eucalipto y otras plantas que anduvieron bien con el H1 N1 (gripe porcina) y se ocultaron. Al doctor Alonso, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Fitomedicina, le bloquearon la cuenta en Facebook por publicar sobre el uso de Equinácea, Sauco y otras plantas. Mis pacientes eran gente que no se quería hacer el isopado porque no compartían lo planteado. Nunca supe realmente si fue Covid, aunque tenían los síntomas y, algunos, pérdida de olfato. La pasaron sin ningún problema y no estuve en contacto con nadie que haya muerto por Covid, al igual que no vi a nadie con secuelas respiratorias. En mi caso, fueron los dos únicos años en mi vida en que no me engripé y estuve en contacto con mucha gente que supuestamente lo tenía. Tampoco le di mucha importancia aunque tenía miedo por mi mamá, porque era grupo de riesgo. Hay mucha gente que detonó desde lo psicológico y hasta hoy veo el agravamiento de las neurosis.

—¿Otras consecuencias del confinamiento?

—Mucha gente que no se hizo controles y por eso tuvo infartos, o falleció por miedo a internarse. Una chica muy joven murió por una pancreatitis, por miedo a hacerse ver en el hospital.

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—¿Vacunarse o no vacunarse?

—La decisión es de cada uno, para que el paciente esté más tranquilo.

—¿Qué opinás de las que utilizan el sistema ARN?

—No sé qué decir… porque son tecnologías nuevas y no se sabe bien cómo actúan. Les tendría más respeto que a las que utilizan virus muertos o un antígeno.

—¿Recomendaciones para el invierno?

—Para prevenir gripes y resfríos, consumir ciertas plantas como la Equinácea durante tres semanas y descansar una, durante dos o tres meses. Y Propóleo, que actúa antes de que el virus ingrese a la célula.

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