Suplemento Aniversario 2022

Genealogía: nuestra historia en el rastro de los apellidos

Rastreando nombres y apellidos, el Centro de Genealogía estudia los orígenes de familias que hicieron historia en Entre Ríos, de siglos atrás hasta el presente.

Sábado 12 de Noviembre de 2022

“Hay gente que dice: ‘soy yo y listo’. No se pregunta más. Vive la vida así. Yo no. Yo necesito saber, conocer las raíces. ¿Cómo vinimos? ¿Cómo fuimos a parar acá? ¿Quién estuvo antes que yo y de dónde vino?”. Así responde Gustavo Artucio, miembro correspondiente de Entre Ríos ante el Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas e integrante del Centro de Genealogía de Entre Ríos. La pregunta es: ¿por qué hacés genealogía?

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Para decirlo corto y rápido, el Centro construye árboles genealógicos de personajes destacados de Entre Ríos. Indagan el devenir de los apellidos en la provincia. Pero el trabajo es mucho más de lo que parece.

Artucio resume que investigan a las familias de personalidades que “se hayan destacado por algo: políticos, empresarios, comerciantes, artistas”. En su presentación, el Centro afirma que se trata de “un reconocimiento a quienes contribuyeron al engrandecimiento de la provincia desde diversos campos de actuación”.

Desde 2002, cada año publican un libro con seis o siete artículos dedicados a estas personalidades, sus antepasados (“si se puede, hasta el primero”, señala Artucio) y sus descendientes, incluso hasta el presente. Cada texto incluye información general sobre el lugar de origen de esa ascendencia (casi todos son pueblos y ciudades europeas), una reseña histórica de la localidad de Entre Ríos donde nació el personaje y el significado del apellido .

Algunos estudios publicados en estos 18 años: “Laurencena”; “Los Bernaldo de Quirós en Gualeguay”; “Alejo Peyret”; “Genealogía del general Galarza”; “Linaje del general Francisco Ramírez”; Carbó; Donovan; Rocamora; López Jordán; “Familias Italianas: Piaggio, Daneri, Scelzi”; General José Miguel Galán; Cettour; MacDougall, Casiano Calderón; “Los Orué en la conquista de América”; “Juan Bautista Ambrosetti, científico entrerriano”; “Los Magnasco - Familia del Dr. Osvaldo Magnasco”.

Los últimos números incluyen también una sección con colecciones de fotos recuperadas de archivos o que aportan las propias familias.

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Un trabajo de hormiga”

Además de genealogista, Gustavo Artucio es director de la Biblioteca de la Legislatura provincial y profesor de italiano. Requerido de una definición breve, sintetiza que la genealogía es una rama auxiliar de la historia que investiga los orígenes y descendencias de las familias. “Tratamos de llegar lo más lejos que podamos, para ver de dónde proviene una familia, cómo se formó, y seguir las ascendencias y descendencias. No decimos sólo ‘nació y murió’, sino que complementamos qué hizo y si se involucró o destacó en algo”, explica.

El Centro de Genealogía suma hoy unos 30 integrantes. Tiene Comisión Directiva; miembros fundadores, de número (que colaboran con artículos para una o varias ediciones) y “correspondientes”, que reportan desde más de 10 departamentos de Entre Ríos, otras ocho provincias e incluso el exterior, en países como España, Australia y Chile.

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Artucio historiza: “Antes no existían los apellidos. Las personas se llamaban ‘Juan, hijo de Pedro’. Después hubo que agregarles más datos filiares, como ‘Juan, hijo de Pedro el Carpintero’, de su procedencia, como ‘el que viene de Toledo’, u otras características, como ‘el que vive abajo del Puente’”.

Según admite el genealogista, rastrear sus antepasados o los de personajes ilustres es una labor que puede tornar inabordable, aunque los integrantes del Centro –que trabajan de manera voluntaria– pueden ser incansables cuando van a la caza de algún dato.

“Es un trabajo de hormiga. Pero es nuestro hobby. Todos los días dedico algunas horas para esto”, confiesa Artucio

Recuerda que las pesquisas eran mucho más arduas tiempo atrás: “No estaba todo tan digitalizado. Por ejemplo, tenías que ir al Archivo de la Catedral”. En su caso ha llegado a pedir días de licencia en el trabajo para sumergirse en los documentos eclesiásticos. La abnegación se entiende por la alta rigurosidad que exige la genealogía. “Tratamos de no ir a los libros de historia, sino a los documentos, que son lo válido, lo oficial. Hay muchos diccionarios biográficos con errores. Muchas veces falta información o la documentación está incompleta. Estamos hablando de archivos de los años 1700 o 1800”, dice Artucio.

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Gustavo Artucio, correspondiente de Entre Ríos ante el Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas

Gustavo Artucio, correspondiente de Entre Ríos ante el Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas

Entre las fuentes que utiliza el Centro están los archivos del Arzobispado, diócesis y parroquias y otras iglesias, el Archivo General de la Provincia, el Registro Civil, bibliotecas, museos, direcciones de Notariado, de Catastro, el “Centro de Historia Familiar Mormones”, centros de estudios históricos, registros de la propiedad, sociedades de colectividades, cementerios y centros culturales.

En ocasiones, verificar un vínculo de parentesco puede llevar meses de búsqueda diaria, entre montañas de papeles, cantidades de gigabytes o decenas de testimonios. “A veces, pensás que no vas a encontrarlo más. Llego a estar sentado buscando un dato, hoja por hoja, hasta cinco horas por día durante meses. Cuando no encontrás más información, te da frustración”, reconoce Artucio.

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La pregunta originaria

El ejercicio de la genealogía, a los ojos de alguien ajeno a esta disciplina, parece ser una tarea demasiado difícil y quizás con poco sentido. Pero al consultarle al entrevistado qué le gusta de esta tarea se descubre la motivación. “Siempre investigué las cosas de mi familia. Desde chico. Averiguaba quiénes eran y de dónde venían. Sabía cosas de mi abuelo que no sabía mi mamá”, ilustra Artucio. Para reocnstruir su árbol llegó a mandar cartas al otro lado del mundo. “Un cura de Italia sacó fotocopias y me mandó un sobre con los registros de la familia en los libros de su iglesia desde 1810 en adelante”, celebra. La pesquisa puede llevar a sorpresas. “Descubrí que tengo una rama mestiza, que se hunde en lo profundo de la historia de Entre Ríos. Hay gente que no sabe que tiene antepasados negros, quizás algún esclavo liberto. Las familias criollas más antiguas de Entre Ríos eran mestizas”, advierte el estudioso.

Y resume la pulsión que mueve a los genealogistas: “saber cómo llegamos hasta acá es parte de nuestra identidad. Yo estoy acá porque hubo alguien antes. Es parte de nuestra historia, de cómo se fue haciendo nuestra sociedad, cómo se fueron formando nuestra ciudad y nuestra provincia”, destaca.

Consultado si se requiere algún título o estudio previo para participar del Centro de Genealogía, asegura que no y sugiere que se puede empezar con un trabajo particular, sea de la propia familia o de otra. La institución da la posibilidad de publicarlo, aunque el texto será revisado primero por sus miembros, que orientarán a la persona interesada para lograr un estudio más exhaustivo, preciso y acorde a normas de publicación basadas en recomendaciones internacionales.

Un mapa de apellidos

Respecto del predominio de algunos apellidos ligados a colectividades en distintas zonas de Entre Ríos, Artucio aclara que es difícil especificarlo, porque “se ha mezclado mucho y ha habido mucha migración interna”. Sí confirma que en la provincia dominan por completo los apellidos españoles e italianos. También hay muchos alemanes –tanto de Alemania como los llamados “del Volga”, que en rigor son provenientes de Rusia–, escoceses, suizos, franceses, ingleses, portugueses y árabes.

Hechas las aclaraciones, el estudioso de la genealogía esboza: “En Colón hay muchos suizos, franceses y piamonteses. En la zona de Federación y Chajarí muchos italianos y alemanes, como en Concordia. La zona más criolla es Villaguay, Federal, Feliciano, donde llegaron menos inmigrantes, al estar más lejos de los puertos. En Victoria hay un montón de apellidos italianos, estaba lleno de genoveses. En cambio, en Diamante hay mucha mezcla de árabes, italianos, alemanes del Volga, es muy cosmopolita. Y acá también había muchas colonias judías, que primero se concentraron en la zona centro y después se fueron a las ciudades portuarias”.

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