Diálogo Abierto

"En Paraná el teatro ha sido de algunos pocos del centro"

Entrevista con la profesora Daiana Lezcano. Telas, dibujo, Art Attack y una carrera desconocida. Sergio Obaid y el trabajo con el cuerpo. Teatro para todos.

Lunes 26 de Julio de 2021

Daiana Lezcano es la primera egresada del profesorado de Teatro que a partir de 2015 se dicta en Paraná en el ámbito de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales, y que funciona en la Escuela de Música, Danza y Teatro Profesor Constancio Carminio. La flamante docente relata detalles de esa vivencia y analiza posibilidades pedagógicas y terapéuticas de esta herramienta expresiva, a la par que destaca la necesidad de creación en espacios ajenos al circuito formal y en el sistema educativo.

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Lejos del centro

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, en barrio Scapellato, a unas cuadras de Circunvalación.

—¿Cómo era la zona en tu infancia?

—Con calles de tierra, mucha agua cuando llovía, pocas casas, campo y árboles, tranquilo…

—¿Lugares de referencia?

—Mi escuela, la Escuela Hogar, donde hice la primaria y lo pasaba lindo.

—¿Qué visión tenías del centro?

—¡Uh, nunca iba, y cuando las pocas veces que lo hacía era un paseo!

—¿A qué jugabas?

—A la cachada y en verano con las bombuchas; mi papá, carpintero, nos habías hecho un carrito de madera con el cual nos largábamos por una bajada.

—¿Era su oficio?

—Sí, desde que nací trabajó en casa, y viajaba a Bariloche para hacer cabañas, pisos o techos.

—¿Y tu mamá?

—Modista.

—¿Sentías una vocación?

—Quería ser veterinaria porque me gustan los animales, pero nunca pensé en hacer teatro. Me gustaba la gimnasia artística, hacer piruetas, colgarme y subir a los árboles. Dibujaba; comía sandía y con las cáscaras hacíamos máscaras; poníamos ceritas de colores sobre pedazos de madera, a los rayos del Sol, se derretían y al otro día se había creado “arte”… increíble. En la escuela me iba muy bien con los deportes.

—¿Aprendiste carpintería?

—Iba al taller y hacíamos cosas con aserrín, como si fuera una plastilina. Con mi hermana aprendimos a clavar maderas, pero como juego, al igual que coser pantalones y cierres.

—¿Cuándo descartaste la veterinaria?

—Siendo chica; no sabía si se podía estudiar, era imposible y ni siquiera lo pensaba.

—¿Leías?

—Lo indispensable para la escuela; miraba muchas películas, dibujitos y videos de música. Ahora tengo Netflix (risas).

Art Attack y Artes Visuales

—¿Qué materias de la secundaria te gustaban?

—Física y Química, porque siempre me la llevaba (risas), y la estudié con mi tía, quien tenía mucha pasión por enseñar y “la saqué de taquito”. Hice unos meses de la carrera de Física y Química, trabajé en una farmacia donde la pasé muy mal, cobré facturas y finalmente en una fotocopiadora, hasta que en 2015 me decidí a estudiar y pensé en Artes Visuales.

—¿Por qué?

—En la infancia hacía cosas en mi casa con telas, cajas, diarios y maderas, esculturas, pero como juego, y miraba Art Attack. En la secundaria me gustaba Plástica, ya que hacíamos dibujo y pintura, y la profesora tenía muy buena onda y una locura importante. Cuando le gustaba una obra, la colgaba en el aula.

—¿Iniciaste la carrera?

—No, porque cuando me fui a inscribir ya estaba cerrada, no sabía qué hacer, me comentaron sobre el profesorado de Teatro, que se iniciaba ese año, y me inscribí sin tener idea de qué era. Tenía la idea de, luego, pasarme a Artes Visuales, pero me quedé.

Lo corporal, de otra manera

—¿Habías hecho teatro?

—Nunca, los únicos acercamientos fueron ver una obra en la primaria, otra vez que no recuerdo e ir con mi mamá a ver la obra Aladino, en la cual hizo el vestuario y la invitaron. Nunca pensé en estudiar.

—¿Una cátedra o formador que te motivó para continuar?

—En primer año lo tuvimos a Topo (Sergio) Obaid, en Técnica corporal, y la de Actuación I, por el trabajo de improvisación, que desconocía totalmente. Ahí decidí continuar porque me encantó. Oscar Lesa compartía cátedra con Topo, en Actuación I.

—¿Una vivencia o descubrimiento particular?

—Con el tiempo logré tener conciencia sobre la presencia escénica, que en realidad se da en todos lados donde uno está. Trabajamos la técnica corporal según (Eugenio) Barba, André Bara, Alexander, e hicimos un final grupal, que fue un lindo trabajo.

—¿Relacionaste algo de esta primera etapa con las Artes Visuales?

—Después me fui dando cuenta, ya que el teatro es un arte visual que no se traslada a un objeto sino que queda en un mismo.

—¿Cuándo lo entendiste?

—Hace poco (risas), en segundo o tercer año; todo era muy nuevo para mí. Por ahora me motiva lo que el teatro puede lograr en lo grupal, y que es muy favorecedor para las personas.

—¿Un autor con quien te identificaste?

— (Konstantín) Stanislavski. Me costó porque yo consideraba lo corporal desde lo coreográfico, cuando es algo más interno, orgánico y experimental.

—¿Qué “candados” corporales te encontraste?

—Permanentemente lo hago. Tal vez la mirada, a lo cual ahora le presto más atención y es muy importante.

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Los procesos y lo comunitario

—¿Otras cátedras que te resultaron reveladoras?

—La de la psicóloga social Ana Quercia, quien nos dio Dinámicas y técnicas grupales, que todavía curso y acompaño en esos procesos porque se aprende constantemente, ya que cada grupo es un mundo. Su enfoque es desde el Teatro y la Pedagogía del oprimido, de (Pablo) Freire y (Augusto) Boal, y también (Enrique) Pichon-Rivière. Con la cátedra de Políticas culturales y proyectos de intervención comunitaria hicimos prácticas en el Hospital de Día, las cuales continúo, y fue fantástico, porque me di cuenta de que el teatro no es solo para algunos pocos.

—¿Qué características tienen esas intervenciones?

—Hace tres años que está activo y todos los años se presenta un proyecto de extensión de teatro, que durante la pandemia se sostuvo en forma virtual. Es una forma de teatro desde lo emergente y un permitirse nadar en “aguas turbias”, con el objetivo de restablecer lazos sociales y restituir derechos, o sea, habilitar al otro.

—¿Cuál es el alcance del potencial terapéutico?

—¡Uh, sí, por lo que veo! Ha pasado que luego del taller de teatro las psicólogas y psiquiatras tuvieron material para trabajar con los usuarios, porque en estos espacios y situaciones el juego permite la liberación de lo emocional. Y debe haber mucho más en otros contextos, porque modifica para mejor.

—¿Por qué te enfocaste en este campo y no en lo actoral en términos clásicos?

—En el teatro clásico, verticalista en sus relaciones, pensado y ordenado, hay muchos divos y divas, lo cual no está ni mal ni bien. Trabajar en espacios comunitarios modifica la forma de hacer teatro y yo lo tomo; lo social te llama a trabajar de otra manera.

La carrera, en gestación

—¿Cómo fueron, en términos institucionales, los primeros tiempos de la carrera?

—En 2015 se inició la carrera en Paraná, había cátedras que no estaban abiertas entonces hubo compañeras que colgaron carteles pidiendo profesores. Era muy difícil conseguir docentes “en regla”, por los requisitos y porque, académicamente, al teatro no se le ha dado importancia. Así se fueron completando las cátedras y todos los años visibilizábamos ese problema.

—¿Cuándo se consolidó?

—¡Uh; creo que mientras cursé quinto año!, aunque todavía falta cubrir el taller de Vestuario y caracterización, que es optativo.

—¿En algún momento pensaste en abandonar?

—No, no… desde lo individual muchas veces me hubiera ido pero éramos muy poquitos y con muchos vínculos.

—¿Cuántos alumnos iniciaron la carrera?

—32, en el segundo cuatrimestre éramos 13, y cuando terminé la última materia solo quedaba yo y Felipe Sato; en total somos cinco recibidos.

Herramientas y elecciones

—¿Qué pensaste en hacer al recibirte?

—Fue en setiembre del año pasado y coincidió con la pandemia, entonces… terminé tranquila la última materia, Historia del teatro latinoamericano II, con Julieta Alegre y en forma virtual. No tenía mucha necesidad económica y de trabajar, así que preferí cuidarme y hacerlo con mis allegados. Este año me presenté a escuelas, estoy trabajando en una que es NINA, o sea que por la mañana tienen las asignaturas y por la tarde hay extensión de tiempo escolar, con talleres y acompañamiento de estudio. Además de taller de teatro, hay de circo y cuentos, como formas de aprendizaje integral.

—¿Tenés vocación docente?

—No sé… por ahora me está gustando. También estoy en una escuela de Cerrito en un taller de Lenguajes artísticos, para un profesorado de educación primaria. Me atrae y me encanta, porque se comparten saberes y te abre la cabeza.

—¿Por qué le recomendarías a un actor formarse académicamente?

—Son herramientas que te permiten hacer lo que quieras. Son básicas para la escena o para guiar procesos.

—¿Qué es el teatro?

—¡Oh, es vida, pasión, vínculo, compartir… lucha!

—¿Tenés un espacio en Internet donde publiqués contenidos vinculados a la temática?

—En Instagram, muy poco, pero le pondré más pila a partir de ahora.

“En el circuito siempre se ve a las mismas personas”

La profesora Lezcano analiza el ambiente y público teatral de la capital provincial, y destaca el valor terapéutico y pedagógico del arte dramático. “Hay que habitar los márgenes”, enfatiza al momento de referirse a la necesidad de experimentación y producción en otros ambientes por fuera de las salas y espacios clásicos.

—¿Has tenido experiencia en el circuito “formal”?

—En 2015 fue la primera. Un compañero con mucha experiencia nos convocó a La Cacerola para una obra de teatro para OSDE. De ahí salió Planeta huerta, una obra para infancias que trató sobre la alimentación sana y se presentó en el 3 de Febrero.

—¿Tu idea sobre el panorama teatral de Paraná?

—Hay poco… hay teatro pero se podría valorar más por parte de la comunidad, ya que para muchos es desconocido y les podría aportar muchas cosas positivas. No obstante, me parece que comparado con cuando era chica, ahora hay más apertura en espacios abiertos y movimiento. Por ejemplo, me convocaron para hacer una intervención para infancias en el Puente de los Suspiros. La creación del profesorado ha favorecido a la apertura en las escuelas tanto primarias como secundarias, aunque falta mucho. El teatro es muy favorable en la educación.

—Mi pregunta se relaciona con que hay un gran desfase entre cantidad de espacios, salas, grupos y posibilidades de formación, y producción y puestas en escena.

—Aún no se puede vivir del teatro.

Lejos del centro II

—Precisamente, porque está descuidado el aspecto de la producción y hay una limitación a determinado circuito.

—También pasa con la música, que yo lo criticaba y me di cuenta de que con el teatro sucede lo mismo. Siempre se ven a las mismas personas dentro del circuito. Las personas nuevas, con capacidades, debieran animarse a salir de esos espacios cerrados, céntricos, y comenzar a producir en otros, en los márgenes. Hay que habitar los márgenes.

—¿Cuál es la dificultad para cruzar esa barrera?

—No sabría decirte, porque a mí no me ha pasado, ya que estoy en otros lados. Todo depende de los lugares que quieras habitar. Falta gente que quiera habitar esos espacios. En el profesorado te dan herramientas para habitar distintos espacio, luego viene lo que uno trae como propio, las necesidades económicas y deseos, que te hace querer estar en un lugar y no en otro. Los espacios más céntricos te dan más poder adquisitivo y poder, en todos los aspectos, ya que en Paraná el teatro solo fue de algunos. Uno decide dónde habita. Igualmente sucede con el público que cuando viene gente de Buenos Aires o Rosario, por ese solo hecho, llenan las salas, pero se hacen diferencias con la gente de acá, que es muy buena y con mucha trayectoria. Es terrible y siempre miramos hacia afuera.

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