Cada 16 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Alimentación, con el objetivo de apostar por una sociedad que tenga acceso a la comida y a la información sobre alimentación saludable, que cubra las necesidades del organismo.
Alimentación saludable: no sólo es ingerir comida
En Argentina 6 de cada 10 adultos presentan exceso de peso. Por otro lado, 30% de los niños y niñas en edad escolar tienen sobrepeso y 6% obesidad. Esto aumenta el riesgo de tener más de 200 problemas de salud, entre ellos diabetes, hipertensión arterial, enfermedades respiratorias crónicas, algunos tipos de cáncer, entre otras.
El ritmo de vida vertiginoso requiere, muchas veces, de decisiones poco pensadas en torno a la alimentación. Por este motivo, muchos hogares desplazaron la alimentación casera, reemplazándola por comida rápida, sustituyendo elementos como frutas y vegetales. Esta realidad, sumada al sedentarismo que cuentan muchas actividades diarias -como el estudio y el trabajo de oficina- trae como consecuencia estos problemas de salud.
La alimentación resulta un motor que permite al ser humano el funcionamiento en la vida cotidiana, no sólo para las actividades obligatorias y responsabilidades, sino para disfrutar de los momentos de ocio. Para alimentarse, conocer qué entra en el cuerpo es fundamental. Por este motivo, se sancionó e inició con la reglamentación gradual de la Ley de Etiquetado Frontal, para cuidar los entornos escolares y también informar a la población sobre los alimentos que elige al momento de comprar.
Por otro lado, la consulta profesional con nutricionistas y profesionales de la salud son útiles para saber las necesidades del organismo y qué alimentos son los mejores para una vida sana y plena, mucho más cuando se padecen afecciones como la celiaquía o la diabetes, o cuando se toman decisiones éticas como el vegetarianismo, veganismo o similares.
Conducta alimentaria: más que "solo comer"
Otra arista fundamental que conlleva la buena alimentación es la relación con la comida: evitar vínculos disfuncionales con la alimentación es un elemento clave para llevar una vida sana. De lo contrario, se pueden desarrollar los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), entendidos como alteraciones en las formas de comer. Esto puede darse en todos los casos: obesidad, bulimia y anorexia. Según datos de la asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA) entre un 10 y 15% de la población argentina tiene un trastorno en la alimentación y esta problemática se extiende a niños y niñas.
LEER MÁS: Los trastornos alimentarios se agravaron en pandemia
Es importante comprender que la alimentación no sólo es ingerir comida, sino que conllevan muchos otros aspectos emocionales, psíquicos y desde luego físicos que trabajan en conjunto. Las alteraciones en la conducta alimentaria, en un mundo donde predomina la vertiginosidad, el deseo y presión por un cierto tipo de cuerpo e incluso las famosas "dietas milagrosas" ante la llegada del verano, pueden provocar distorsiones en la imagen, miedo a engordar, dietas extremas, atracones, entre otras peligrosas decisiones para los seres humanos.
Alimentarse, para personas que atraviesan un TCA, no se resuelve con solo comer: el factor emocional interviene constantemente y, muchas veces, es un camino rocoso. Por este motivo en el país existe la Ley 26.396 de Trastornos Alimentarios. Se trata de una legislación que busca garantizar la cobertura de las obras sociales en el tratamiento integral para la recuperación y evitar la discriminación en espacios laborales, escolares, de salud o públicos.
Comer y alimentarse no es lo mismo. La alimentación es una arista fundamental en la existencia y a lo largo de la vida, por eso es necesario no sólo estar consciente de aquello que ingresa al cuerpo, sino reflexionar los efectos y cómo puede afectarnos elegir ingerir (o no ingerir) alumentos.

















