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Elecciones Legislativas 2021

Rogelio Frigerio se consolidó como líder natural de Juntos para 2023

Juntos por Entre Ríos con Rogelio Frigerio a la cabeza amplió la diferencia lograda en septiembre. El Frente de Todos sufrió la peor derrota desde 1983.

Lunes 15 de Noviembre de 2021

Rogelio Frigerio llevó a Juntos a una noche histórica: llegó al 54% de los votos, superó por más de 20 puntos al justicialismo y puso al Frente ante la oportunidad histórica de encontrar la senda que lo lleve a regir los destinos de la provincia después de dos décadas de mandatos peronistas.

Juan A. Bracco (Especial para UNO)

La provincia quedó pintada de amarillo casi en su totalidad. El frente opositor se impuso en todos los departamentos salvo Feliciano. No se registraba un fenómeno similar desde 2011, cuando el justicialismo logró quedarse con las 17 bancas del Senado provincial. Pero eso no es todo: goleó al Frente de Todos en su bastión, Concordia, por casi 20.000 votos incrementando la ventaja que había logrado hace 60 días en las primarias. Además, en Paraná (ciudad + campaña) Juntos duplicó los votos del FdT.

Frigerio está obteniendo casi la misma cantidad de sufragios que el actual gobernador Gustavo Bordet en 2019 al ser reelecto (436.000) y quedó a un escalón del resultado que logró Mauricio Macri en la provincia al momento del balotaje con Daniel Scioli en 2015 (453.000).

Estos guarismos no solo lo consolidan en Entre Ríos sino también a nivel país: es el candidato de Juntos que se impuso por un margen más amplio de todos los que participaron en la elección nacional.

Por ahora la distribución de bancas es la única buena noticia que recibirá el oficialismo. Pese a la catástrofe mantendrá los dos lugares que ponía en juego: saldrá Mayda Cresto y la relevará su hermano Enrique, y Carolina Gaillard logró ser reelecta. Mientras, en Juntos a Frigerio lo acompañarán los radicales Marcela Antola y Pedro Galimberti. Ellos tres reemplazarán a Jorge Lacoste a Alicia Fregonese y Atilio Benedetti.

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Un largo camino

Frigerio comenzó a construir su camino al sillón de Urquiza el 11 de diciembre de 2015. Ese día participó en los actos de asunción del justicialista Gustavo Bordet como gobernador y del radical Sergio Varisco (con quien terminaría distanciado) como intendente de la capital provincial. Llegó en su rol de ministro del Interior del flamante gobierno de Cambiemos que había pisado por primera vez la Casa Rosada unas horas antes.

Desde el minuto cero comenzó a mostrarse como un dirigente moderado, de diálogo y capacitado, datos que saltan ahora en las encuestas al medirse la opinión social sobre su figura. Con el objetivo trazado, colocó operadores claves que cimentaron sus aspiraciones en cargos nacionales localizados en Entre Ríos y en puestos relevantes de la Legislatura provincial.

Luego aguardó su momento. No fue en 2019: las cenizas de la experiencia macrista aún volaban por el aire y Bordet conjugaba una gobernación prolija con el rechazo a la experiencia de Cambiemos. Esperó dos años y jugó su primera carta en estas legislativas. Ganó. Y con comodidad. Aventó dudas sobre si su alto nivel conocimiento público podía traducirse en votos. Y logró contener tras las primarias a todo el arco radical sosteniendo la tentación siempre presente en los boina blanca de desatar una interna que se sabe cómo comienza pero no cuándo ni de qué manera concluye.

Ahora ese sendero a 2023 le ha quedado asfaltado. Algunos de sus más estrechos colaboradores se entusiasman incluso con una bifurcación que lo ubicaría como compañero de fórmula de Horacio Rodríguez Larreta en la carrera presidencial, habida cuenta de la estrecha confianza que le tiene el jefe de Gobierno porteño y a que Frigerio logra consensos dentro de Juntos que, por ahora, le son esquivos a Larreta. Pero quienes lo conocen mejor niegan ese escenario: Frigerio es un tiempista nato y hace gala de la prudencia.

Por eso quiere ser gobernador, aprovechando su propia estrella y las flaquezas que muestra el peronismo tras el desgaste de 20 años de gestión.

Condiciones

Con el primer objetivo alcanzado vienen las tareas inmediatas. Luego de un breve recreo que se dará y otorgará a los propios, comenzará a diagramar cómo se dará la nueva relación con el gobierno provincial. Frigerio pretende ganar tiempo e iniciar con Bordet una agenda conjunta de temas institucionales de relevancia que se han venido postergando por varias razones desde hace años.

Entiende que la próxima gestión debe comenzar con algunos temas resueltos. O al menos encaminados. El mecanismo contempla que la voz de la oposición, que pretende llegar a la Casa Gris en dos años, sea tenida en cuenta para concreción de reformas políticas integrales. Pero que no se genere una suerte de cogobierno. El ahora electo diputado nacional quiere participar, pero no cargar con los costos que, hasta que Bordet cumpla su segundo mandato, se deben anotar en el “debe” de la actual administración.

Dentro de las temáticas que el líder opositor quiere poner sobre la mesa están el déficit de la Caja de Jubilaciones y, en un segundo lugar, el rojo de la Uader. También los tres lugares que el actual mandatario tendrá que cubrir con mujeres en el Superior Tribunal de Justicia cuando se concreten las salidas de Bernardo Salduna y Juan Ramón Smaldone, que se sumarán al vacío que generó la renuncia de Emilio Aroldo Castrillón.

Con la ley de emergencia solidaria de 2020 (dictada para atender la situación generada por la pandemia de Covid-19 en su punto más alto), la actual gestión mostró cuál podría ser su posición para tapar el agujero negro de la Caja, que golpea con fuerza en el presupuesto provincial. De las tres variables posibles para corregir el desfasaje (incrementar los aportes, reducir el 82% móvil o incrementar la edad de retiro) se inclinó circunstancialmente por la primera. La mesa que pretendía debatir el tema con los gremios fracasó antes de comenzar y el tema quedó en la carpeta “pendientes”.

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Sombras

Pero no todo es brillo en Juntos por Entre Ríos. Así como la derrota es huérfana, la victoria tiene muchos padres. Y el intendente radical de Chajarí, Pedro Galimberti, pretende que se valore su aporte. El hombre de las alpargatas rosadas quedó un paso adelante de Darío Scheneider, el cocreador del grupo Construir que pisó fuerte en la interna de la UCR. Ambos pretendían encarnar una candidatura radical a la Gobernación.

Galimberti es el que ahora mejor está para eso. De igual modo, en su entorno anticipan que en los próximos días habrá un encuentro de Construir para evaluar el proceso electoral de este año. Pero sin dudas la intención es usar 2021 como un escalón para 2023. Del lado de Frigerio ven con recelo a Galimberti. Pero más a ciertos referentes de su entorno acostumbrados a las intrigas de comité, a las chicanas y a los comentarios mordaces que se alejan de las formas necesarias para la construcción de una alianza electoral primero y de gobierno después.

Sin embargo, destacan que pese a las suspicacias iniciales pudieron trabajar bien en la campaña. Y entienden que en la recorrida provincial Galimberti pudo contemplar con sus propios ojos el “fenómeno Frigerio” y que eso podría servir para aplacar la curva de su entusiasmo y derivarla hacia una candidatura legislativa.

Por otro lado suman que le será difícil al intendente de Chajarí mantener la efervescencia que generó en el voto radical más duro (que acumuló gran parte de los 127.000 sufragios que alcanzó para llegar a integrar la lista) ya que fue lograda a base de dardos lanzados hacia Frigerio (llamándolo “porteño” o cuestionándolo por vivir en un hotel, por caso).

Ahora que hicieron campaña en conjunto y que llegó al Congreso de la Nación por esa vía en una boleta común, el grupo del exministro entiende que esas críticas que servían para hacer revolear boinas blancas al aire quedaron definitivamente en el arcón del yer.

Votos y recién llegados

Un segundo y tercer desafío que enfrentará Frigerio con los números de las elecciones generales puestos es cómo sostiene la tensión durante 24 meses para no perder votos y de qué manera canalizará la diáspora que se podría dar en el justicialismo tras el golpe de las primarias y de ayer domingo.

En el primer caso tiene dos antecedentes negativos a la vista. En 2009, las elecciones posconflicto rural por las retenciones móviles a la soja llevaron al radicalismo a un ajustado triunfo sobre el conglomerado peronista que, bajo la consigna “unidad en la diversidad”, aglutinaba a dos figuras hoy irreconciliables: Sergio Urribarri y Jorge Busti. Pero dos años después, y pese al salto de Busti a la oposición, Urribarri fue reelecto con una votación histórica: alcanzaba el 56 % de los votos y sacaba más de 30 puntos al radical Atilio Benedetti, protagonista del logro de 2009.

El segundo caso se dio en las legislativas 2017. Cambiemos triunfó sobre el Frente justicialista por amplio margen y le arrebató un diputado nacional. Pero un par de años más tarde, Bordet lograba su reelección en otro resultado histórico para el peronismo: el 57,4% de los sufragios, más de 22 por encima de Benedetti, que había encabezado la lista en 2017.

La moraleja es que un batacazo en las legislativas nacionales no necesariamente se corresponde con un triunfo garantizado en los comicios provinciales posteriores.

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¿Qué debe hacer Juntos, y en particular Frigerio para no repetir estas experiencias? Consolidar el voto. Esta acción se expresa en tres palabras pero se necesita mucho más que su enunciación para lograrla. Frigerio quedó parado sobre una red de votantes constituida por:

- Sectores de la clase media que votan en función de su situación económica y que no tienen una identidad partidaria o política férreamente determinada más allá de alguna inclinación heredada. Una gran parte de este voto volcó las urnas en 2011 a favor de Urribarri y en 017 hacia Bordet. Pero ayer eligió otra cosa. Y en 2023 podría ocurrir lo mismo.

- El voto radical tradicional que desde la crisis de 2001-2003 y la posterior muerte de Sergio Montiel está en busca de una figura capaz de pelear de igual a igual con el peronismo.

- Cierto voto peronista desencantado, en particular con esta tercera presidencia kirchnerista que dista mucho de la épica y la fuerza que tuvieron las dos anteriores.

Hasta ahora estos fragmentos se plegaron para constituir un mosaico, una figura donde distintas partes configuran un todo sin perder su identidad ni sus propios límites. El líder emergente de estas elecciones, si quiere construirse como gran elector, deberá fundir todas estas particularidades en un crisol de donde emerja una amalgama con identidad nueva, que no sólo consolide su figura sino que dé sustento a un proyecto político de largo aliento.

Por otro lado, tendrá que generar una estrategia que permita cumplir su objetivo de ampliar la alianza sumando peronismo. En el entorno de Frigerio observan que hay mucha dirigencia local y sindical con ganas de dar el salto. Como en el Tetris, la misión será que esas piezas nuevas encajen en las que ya están para que sumen y no resten, para evitar tensiones entre los que estaban y los que llegan.

Del otro lado

Tras la inesperada magnitud de la derrota en septiembre, el gobernador Gustavo Bordet mantuvo firme el timón de su gobierno y del PJ entrerriano para evitar entrar en el mar picado que se vivía en Buenos Aires, donde las tensiones entre Alberto Fernández y la vice Cristina Fernández de Kirchner quedaron expuestas y resultaron ya indisimulables.

Con el escenario montado tras las primarias, el PJ Entre Ríos se debatió entre seguir la estrategia nacional y poner la otra mejilla o buscar la provincialización y que los referentes locales jueguen también sus cartas. Luego de haber tocado el piso histórico de votos, peor no se podía estar.

La oposición necesita consolidar el voto propio, amalgamar sus identidades detrás de un proyecto político.

A pesar de que en esta nueva táctica (que sumaba al “Sí” que llevó al Presidente el consultor catalán Antoni Gutiérrez – Rubí el “Vamos a salir adelante”) tuvo un rol preponderante el jefe de campaña Edgardo Kueider, en el bordetismo no estaban muy convencidos de la idea de provincializar, que atribuyeron al crestismo, pudiese cambiar la ecuación. Los resultados ahora están sobre la mesa.

El PJ quedó seriamente dañado. Pese a que Bordet llamó a no dramatizar el resultado, la fuerza se enfrentará ahora a un escenario de ebullición semejante al que se dio tras la derrota de 1983, de la que salió con la renovación de cuadros dirigenciales, aggiornando el mensaje a la sociedad y transparentando sus decisiones internas.

Más allá del impacto de la pandemia en los oficialismos, deberá dejar de lado la agenda esnob calcada de las consignas de la tribus urbanas de las grandes ciudades y volver a sus fuentes históricas si pretende volver a ser lo que fue.

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¿Qué viene ahora?

El gobernador adelantó que habrá recambios en el gabinete. Pero fiel a su estilo se guardó el detalle de nombres y carteras. El antecedente marca que en 2017 el mal resultado electoral eyectó del Ministerio de Gobierno a Mauro Urribarri. ¿Seguirá Rosario Romero ese mismo camino? Sólo Bordet lo sabe. Lo cierto es que la funcionaria tiene un perfil más ligado a las relaciones institucionales que a la construcción política, atributo que el mandatario se reserva para sí. Es más: desde la salida de Kueider del gabinete para ocupar la senaduría nacional, el gobernador no tiene quién haga las veces de alfil político en territorio.

Uno de los rumores más extendidos en los últimos meses es que Mayda Cresto, hermana de Enrique, sería la nueva ministra de Desarrollo Social a partir de diciembre, cuando termine su mandato como diputada nacional. Mayda se reunió con la actual titular de la cartera, Marisa Paira, el 15 de octubre. Y para alentar las versiones aprovechó para entrar a varias oficinas del 5º piso del edificio de Educación (donde está la sede del Ministerio) y saludar uno por uno a empleados y empleadas de las dependencias.

Tras las vacaciones comenzarán los armados para 2023. Hay tres preinscripciones para suceder a Bordet: una es de su vice, Laura Stratta, que tiene en su mano la carta de la continuidad de la gestión; la otra la completó Cresto, que intentará capitalizar su nivel de conocimiento logrado en esta campaña y sus vínculos con la Casa Rosada, y la tercera es del intendente de Paraná, Adán Bahl, respaldado por su administración de la capital provincial y por las ganas del PJ capitalino de colocar a un referente propio en Gregorio de la Puente 220 después de tres décadas.

Juan A. Bracco (Especial para UNO) - jbracco@hotmail.com

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