Teatro
Lunes 09 de Abril de 2018

Una intersección entre la comedia teatral y el thriller cinematográfico

Llega a la ciudad de Paraná la obra multipremiada, "Volver a Madryn". La puesta fue escrita y dirigida por el salteño Rodrigo Cuesta y fue premiada como mejor obra en la Fiesta del Teatro de Córdoba.

Volver a Madryn, el trhiller/comedia negra de Rodrigo Cuesta, regresa a Paraná para presentarse el miércoles 11, a las 21, en el Teatro Municipal 3 de Febrero.

Con las actuaciones de Ale Orlando, Ignacio Tamagno y Hernán Sevilla, el espectáculo proveniente de Córdoba cuenta la vida de tres muchachos durante unas jornadas de invierno en una localidad costera en el sur argentino.

En el invierno, un pueblo de la costa donde nunca pasa nada es escenario de un hecho extraordinario: un golpe de suerte, tal vez el único destinado a ese lugar. Tres personajes parecen señalados para evocar, jugar, reconstruir una y otra vez ese suceso que representa un cambio en sus vidas y las de otros.

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Sus historias se entrecruzan con las de otros personajes, aunque son ellos, sus voces, la única fuente con que cuenta el espectador para conocer los sucesos en torno a los cuales gira ahora la vida de esos tres que emprenden un retorno sin alternativa a Madryn.

El texto, escrito y dirigido por Cuesta, se basó en una obra del irlandés Conor McPherson, This Lime Tree Bower. Pero se alejó tanto de la dramaturgia original que adquirió entidad propia. Cuesta es licenciado en Teatro por la Universidad Nacional de Córdoba y socio fundador de El Cuenco Teatro, sala de teatro Independiente que se inaugura en 1996, cuyo principal objetivo es el de generar un ámbito que garantice la expresión de todos los que practican, investigan, estudian y realizan la producción teatral, que a la fecha cumple 22 años en el medio teatral cordobés.

Lleva en su trayectoria más de 100 puestas en escena tanto como dramaturgo, actor, director, asistente y técnico. Escenario dialogó con él.

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—¿Cómo se originó la idea de hacer "Volver a Madryn"?
—Alejandro Orlando y Hernán Sevilla, que laburan mucho juntos desde hace muchos años, me convocan para dirigir una obra que les interesaba a ellos, un texto de un irlandés que requería tres actores. Para esto convocamos a un tercer actor, Ignacio Tamagno, que hace muchos años que trabaja conmigo, así que fue la confluencia de dos equipos. Empezamos a trabajar el texto y ya en los primeros ensayos me aburrí bastante, así que decidí empezar a transformarla y hacer una versión propia sobre algunas cuestiones principales del texto original, y terminó siendo una versión tan distinta que es ya otro texto. El original eran 10 monólogos larguísimos, así que hice toda una nueva dramaturgia del espectáculo. Acepté hacerlo porque quería trabajar con ese grupo.

—¿Cómo fue el proceso de reescritura? ¿Para qué lado decidiste llevar la historia?
—La historia la llevé para el lado de la comedia negra, tiene muchísimo humor. Y el proceso de escritura, adaptación y ensayo fue muy rápido. Estuvimos como tres meses trabajando muchísimo; ya el último mes ensayábamos cinco veces por semana, porque la obra es muy precisa y lo requiere. La iluminación y el sonido son el cuarto personaje de esta obra, así que también tuvimos que trabajar mucho eso en los ensayos.

—Ya que mencionás los recursos de lumínicos y sonoros, en una entrevista dijiste que la estética de la obra y la dinámica se entrecruzan con el cine.
—Sí, en realidad yo hago teatro porque no puedo hacer cine, a mí lo que me gusta es el cine, así que lo que busco hacer en mis producciones es llevar elementos del cine al teatro. Eso marca un camino y una poética propios que desde hace muchos años vengo intentando conseguir, y me parece que en Madryn se redondea un montón esto, porque la obra es realmente oscura, los rostros se iluminan para generar primeros planos, la narrativa también es propia del género cinematográfico. Me parece que lo que encontré en mi búsqueda por la unión entre el cine y el teatro terminó siendo lo que más me gusta hacer.

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—La obra fue multipremiada y llena salas por donde pasa ¿considerás que es un punto de inflexión en tu carrera?
—Sí, yo creo que sí. Madryn cerró un montón de canales que yo había abierto en otros espectáculos y terminó de definir mi poética en el teatro, mi forma de hacerlo. Porque tiene una cuestión que tiene que ver con el humor, pero también están muy presentes los vínculos familiares. Más allá de que sea una historia divertida, habla de los vínculos familiares, de la amistad y de qué puede pasar si la familia está en peligro.
Es una historia de venganza y de justicia por mano propia, una cuestión que tienen que saldar dos hermanos con su padre. Así que sí, creo que significó un quiebre para mí, es la primera obra con la que llevo 150 funciones en todo el país a pesar de que se estrenó hace menos de dos años. Y esos números son un montón para el teatro independiente. Lo más importante es que como grupo tiramos para un mismo lado, tratamos de sacarla de gira y que la vea todo el mundo.

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