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Woody Allen

La crítica se ensaña con las memorias de Woody Allen

La autobiografía del genial cineasta recibió malas críticas en EE.UU. y Gran Bretaña. La tachan de "vengativa", "sexista" y "autocomplaciente".

Miércoles 08 de Abril de 2020

Como era de esperar, las controvertidas memorias de Woody Allen, A propósito de nada, no han dejado indiferente a ningún crítico literario de la prensa anglosajona. Pero, para sorpresa de muchos, el libro publicado recientemente por sorpresa, recibió amargas críticas tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido.

“Si se ha quedado sin papel higiénico, recuerde que las memorias de Woody Allen son de papel”. Así tituló su reseña para el diario The Washington Post la escritora y columnista Monica Hesse, sin duda la más dura con el libro del cineasta. Sin entrar a valorar la inocencia o culpabilidad de Allen por las acusaciones de abuso de su hijastra, Dylan Farrow, Hesse deja claro que “tanto las personas culpables como las inocentes pueden ser aburridas, vengativas y autocomplacientes”.

En el diario británico The Guardian, la periodista Catherine Bennett es bastante más taxativa, al afirmar que el libro es, hasta ahora, “la acusación más condenatoria”, porque las propias palabras de Allen “revelan que es un intrigante, un sexista y un aventurero espeluznante”.

En la misma línea, pero algo más suave, se muestra Dwight Garner, encargado de criticar las memorias para el New York Times. El periodista asegura que la autobiografía es “a veces divertida”, pero su tono general es “sordo y banal”. Garner aclaró que su artículo “no es un veredicto acerca de la moralidad de Allen”. Pero más adelante afirma: “Creo que la relación sexual de Allen con Soon-Yi Previn, la hija adoptiva de su pareja durante muchos años, Mia Farrow, que empezó cuando Soon-Yi tenía 21 años, fue, evidentemente, el acto de un pervertido cuyas neuronas están peligrosamente desequilibradas”.

En todos los casos, la crítica es la misma: en sus memorias, el actor y director aparece como un tipo egocéntrico y neurótico, y, sobre todo, incapaz de mirar a una mujer joven y atractiva sin desnudarla mentalmente. Según Garner, Allen “es un hombre del siglo XX en el siglo XXI”, un artista que se refiere a las mujeres como objetos y las llama “rubia cañón”, “aperitivo delicioso”, “grácil modelo de lencería” o “chica de póster central de revista”. De una de sus exesposas dice: “Nunca encontró un colchón que no le gustara”.

El crítico del New York Times revela que el cineasta escribe que Scarlett Johanson es “sexualmente radioactiva”; Christina Ricci, “completamente deseable”; y Penélope Cruz es “una actriz buena y complicada” pero, sobre todo, “uno de los seres más sexies sobre la faz de la Tierra y, emparejarla con Scarlett eleva la valencia erótica de cada una al cubo”.

Otras críticas señalaron que el libro de Allen es sorprendentemente lineal para alguien de su talento narrativo. “Es como si se hubiera quedado sin ideas”, apuntó Los Angeles Times.

Las memorias del director se editarán en castellano el próximo 21 de mayo de la mano de Alianza Editorial. Su publicación en Estados Unidos se complicó desde un principio, porque la editorial Hachette dio marcha atrás y canceló la publicación por presión de Dylan Farrow, la hijastra de Allen que lo sigue acusando de abuso sexual, más allá de que el cineasta fue absuelto por la Justicia tras dos investigaciones.

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