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Este viernes: una joven Cecilia entregada al verso y el tango

Cecilia Tonina juega con texturas, colores, formas, y aunque se reconozca "un poco ermitaña" le resulta natural cruzar los límites a lo Piazzolla

Miércoles 30 de Octubre de 2019

El primer libro de poemas de la joven paranaense Cecilia Tonina será presentado mañana a las 19.30 en la Biblioteca Popular. Lecturas, música, amistad, para recibir entonces la obra Ecología poética: poesía de estación, de Ana Editorial.

Cecilia estará acompañada por el Dúo Enarmonía de Guido Tonina y Haydée Chaparro (sus padres), el editor Pablo Felizia, Luciano Pasquetto en el violín, Marisa Grassi y Mauro Leyes (pareja de baile) y Silvina Suárez leerá algunas de sus piezas. Le preguntamos a Cecilia por los temas que más le tocan y la inspiran.

“Los temas referidos a la mujer –contesta–, más allá de que siempre intenté acompañar a las personas cercanas que han sufrido algún tipo de acoso o abuso, lamentablemente el año pasado lo viví en carne propia dentro de una institución. También la discriminación y el hambre me tocan profundamente, señalar con el dedo para burla me parece un acto bajísimo. Y sobre la naturaleza, creo que no hay tema que me sea ajeno. Una amiga estudia una carrera referida al medio ambiente (Saneamiento Ambiental) por lo que me mantiene informada y me ayuda a ver qué está a mi alcance para ayudar a combatir el daño que se le hace al planeta”.

La joven poeta estudia bandoneón de manera particular con Cristian Gustafsson, en Cañada de Gómez, y participa del Ensamble de tango del ISM a cargo de Danilo Cernotto, Gabriel De Pedro y Rafael Gómez. Es recibida de la Tecnicatura en música con especialidad en guitarra y de la Tecnicatura en Danzas Tradicionales Argentinas. Hemos leído sus poemas y escuchado sus interpretaciones en el bandoneón, en el Teatro 3 de febrero, todo en tonos delicados.

—¿Por qué la literatura, la música, el bandoneón?

–Creo que las tres cosas se responden a través de mis padres. Nos enseñaron, a mis hermanos y a mí, que la lectura es algo bueno y entretenido, como también que puede ser un puente para hacer llegar mensajes a la sociedad. Yo me he abocado a la poesía porque es el género que me resulta más fácil, natural. Estoy en constante aprendizaje, pero nunca me sentí exigida al escribir, en cambio prosa no sé hacer, valoro mucho a quien puede explayarse allí.

Aunque fue papá quien estudió danzas folclóricas, a la que siempre hemos visto bailar en casa es a mamá. Nadie se ha escapado de que, cruzando el comedor, ella te enlazara para bailar lo que fuera que sonara. También creo que de ella viene mi amor al tango. Y el porqué del bandoneón no estoy segura, pero tengo en la memoria la sensación de escuchar siempre la historia de un bandoneón blanco, y luego guardar muy adentro el sonido de ese instrumento doblemente particular. Además de Piazzolla rompiendo con todo lo que uno puede entender de música cuando apenas la conoce.

—¿Qué escritores y poetas frecuentás?

—Benedetti es… mi guía. Juana de Ibarbourou creo que es la poeta que ha explicado los sentimientos de la manera más clara posible. Jaime Sabines llevaba la poesía en cada paso que daba. Pablo Neruda me abrió las puertas a este mundo. Eduardo Galeano me expuso el mundo como es. Abel Schaller no sólo con su poesía me ha enseñado, sino que también se ha tomado el tiempo de leerme y hacer devoluciones sobre lo que escribo. Rafael Amor, lo mismo, pero con la particularidad de que ya es parte de la familia. Estoy muy agradecida a ellos y es un honor tener esas posibilidades. Tal vez esté olvidando otros escritores, pero ante cualquier duda, es a ellos a quienes voy. Estoy abierta a cualquier poeta.

—¿Se lee poesía? ¿Estás en grupos de intercambio de poesías?

—Se lee, no es lo que la mayoría elige, y creo que si no hay un acercamiento desde temprano toma cada vez más tiempo habituarse a su lectura. Lo que no quiere decir que a los 50 años no se pueda empezar a conocerla, pero hay que tenerle paciencia. No estoy en ningún grupo, soy un poco ermitaña para esas cuestiones. Pero por suerte nunca me falta quien me acerca un libro o me recomienda un autor.

Los colores

—¿Por qué las estaciones, los colores?

—He notado en mi escritura una referencia a las estaciones del año. En particular el otoño. Y a la hora de elegir los poemas me sentía en un clima distinto, sea por el momento del año que la escribí, o por lo acostumbrados que estamos a referenciar la lluvia al invierno y las flores al calor. Los colores en su inicio fueron rojo para el verano, por el fuego, el calor. Las olas en esa estación hacen referencia al acercamiento que solemos hacer al agua en esa época como calma de lo que hemos vivido o como referencia a lo que no hemos podido controlar. El verde de la primavera es la viva imagen de nuestro entorno entonces, así como las flores que nos ayudan a entender los ciclos…

—¿La vida artística de la familia inspira? ¿Y cómo hace el artista para desatarse de las expectativas de la familia?

—Sí, es un poco una meta, de todos modos tengo en claro que tengo que ser yo misma, un poco un empujón en los malos momentos. Me dio herramientas para entender más fácilmente cómo manejarme en ciertos ámbitos. Todavía estoy aprendiendo a desatarme de las expectativas. Más por una exigencia mía que otra cosa. Siempre me han acompañado y nunca me impidieron algo. Cuando me metí a estudiar Historia no me dijeron nada, cuando dejé recién me enteré de que me veían más dedicándome al arte. Cuando decidí no seguir profesionalmente con la guitarra y buscar un bandoneón lo entendieron porque sabían que siempre quise eso, pero hubo una preocupación al comenzar un instrumento “de grande”. Algo que el estudio formal nos ha metido como idea en la cabeza, si no comenzás a los 8 años no vas a llegar a nada. Como si fuera ese el objetivo… y qué es “nada”, ¿no?

Cecilia Tonina se explaya. Hemos tomado algunos fragmentos de la conversación, y en verdad ella quisiera dejar la mayor parte de este espacio para los agradecimientos, pero los dejamos para escucharlos mañana en la Biblioteca de la calle Buenos Aires, con música y algo más.

¿Qué?

Junto estos versos

de la ventana.

Saltaron hacia mí

en esta noche de tormenta.

¿Qué duende apagó la luz?

¿Qué pequeño demonio

la volvió a encender?

Duerme la calle

y mi cuarto le canta.

Mi espalda es cálida

como aguardando un abrazo,

como queriendo un abrazo.

Mi rostro fresco

espera un beso,

quiere, tal vez, un beso.

Este viento cesará

y yo pido un minuto más,

una sonrisa más.

C.T.

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