Rosario

Rosario: en lo que va del año asesinaron a 19 adolescentes

Rosario superó la cantidad de menores de edad asesinados en 2021. De 19 casos, en 15 se barajan hipótesis relacionadas al narcotráfico

Sábado 06 de Agosto de 2022

La primera semana de agosto de 2022 fueron asesinados a balazos dos menores de edad, en Rosario: un chico de 13 años y una chica de 15. En lo que va del año ya son 19 las víctimas fatales que tenían menos de 18 años, lo que supera a la cifra total alcanzada en todo 2021, que fue de 14. Todos estos niños y adolescentes vivían en barrios periféricos signados por distintos tipos de violencias, desde la vinculada a disputas entre bandas hasta la más estructural que implica la vulneración de sus derechos básicos o la limitación de sus posibilidades, indica informe de La Capital.

La noche del lunes Lucas Vega, de 13 años, estaba con su hermano y dos amigos, los tres de 15 años, en la esquina de Génova y González del Solar, a metros de sus casas. Juntarse en ese punto era un hábito para ellos, tanto que sobre la pared de ladrillos vistos de esa ochava habían pintado a pincel un nombre que los identifica: "Los pibitos de Génova". Eran las 22.30 cuando se acercó un auto y desde su interior dispararon más de veinte veces. Los chicos apenas alcanzaron a correr o refugiarse detrás de árboles o postes de luz. Lucas no pudo: recibió varios balazos y murió de camino al hospital. Los otros tres también resultaron heridos, pero lograron sobrevivir.

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Al día siguiente, un vecino de la zona deslizó un posible contexto en torno a este hecho: en ese sector del barrio Emaús hay una banda que controla el narcomenudeo y el ataque pudo ser una represalia ante el rumor de que un joven de otro barrio había empezado a vender en una de esas esquinas. Pero Lucas y sus amigos, aseguraron los vecinos, no estaban metidos en ningún problema. El chico asesinado había jugado en las divisiones infantiles de Rosario Central, el club emitió un comunicado al conocerse el hecho y entonces el caso tomó mayor relevancia pública.

En ese contexto también trascendió que en lo que iba de 2022 ya eran 18 los menores de edad asesinados a balazos en distintos barrios rosarinos. Pero el paso de las horas dejó en claro que la violencia callejera en Rosario es muy dinámica, que los números son efímeros. La noche del miércoles fue asesinada Zoe Romero, de 15 años. Pasadas las 21 alguien tocó el timbre del almacén que la chica atendía en su casa de Garzón al 3800, barrio Hipotecario, y cuando ella abrió la puerta recibió dos de los varios balazos que según testigos partieron desde un auto. La principal hipótesis también se centró en un conflicto por el narcomenudeo.

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Así las cosas, hasta el cierre de esta edición los menores de edad asesinados en el departamento Rosario en lo que va de 2022 son 19. En siete meses y una semana de este año ya se superó al número alcanzado en 2021, que fue de 14. En relación con años anteriores, la cifra a la que se llegó en estos meses es la más alta desde 2015, cuando se registraron 24 hechos. En 2014 habían sido 22 y en 2013, año del récord histórico de asesinatos, fueron 35. Desde aquel año, en el que se comenzó a tomar a las estadísticas de homicidios dolosos como un indicador de la violencia callejera, son 192 los niños y adolescentes asesinados, de los cuales 138 fueron a balazos.

Más que números

Detrás de la frialdad de los números están las historias, y en las historias se encuentran los contextos de esas vidas y de toda una ciudad. En los 19 hechos de este año, al menos en 15 de los ellos las primeras hipótesis de investigación giran en torno a algún conflicto vinculado a la venta de drogas. Lo complejo es que esa especie de categoría se subdivide en otras: están las víctimas por error, quienes quedaron en medio de ataques que eran para otros, quienes se convirtieron en blanco de las balas por ser familiar de alguien metido en problemas, o bien quienes de alguna manera formaban parte de un circuito delictivo.

Por ejemplo, de esos 15 hechos en los que aparece de fondo un conflicto narco hubo dos bebés asesinados. La primera fue Elena Giménez, de 1 año, víctima del triple crimen de Ybarlucea el 29 de enero, baleada a la salida de un casamiento junto a su madre Erica Romero y su padre Iván Giménez, involucrado en la venta de drogas. Lo mismo pasó con Ciro Caminos, también de 1 año, asesinado el 23 de abril junto a su padre Marcos, con antecedentes por infracción a la ley de drogas. En ese ataque también fue herida la madre de la criatura, quien en su casa -allanada luego del crimen- tenía más de 6 kilos de marihuana y unos gramos de cocaína fraccionada, armas de fuego y dinero.

Otro caso con un niño asesinado fue el triple crimen del 6 de mayo en Garibaldi al 100, en el que Ámbar Morera, de 6 años, murió baleada junto a su padre Rodrigo y su madre Gabriela. El avance de la investigación inclinó la hipótesis principal a un triple crimen con sello narco, pero por error, y a su vez fue imputada una pareja por falso testimonio. Para la fiscal eran el blanco del ataque y luego del hecho ocultaron datos de relevancia.

Otro crimen por error, pero con características distintas, fue el de Brian Sperling, de 16 años, acribillado el 5 de abril en una casa de Génova al 2600, barrio Empalme Graneros. Los homicidas llamaron a la puerta gritando por "Pipi", el joven que vivía en esa casa y sería la cara visible de la venta de drogas administrada por una persona que está presa. Pero quien atendió fue Brian y recibió varios disparos. En ese mismo contexto, pero un mes antes, había sido asesinado Joel Toloza, de 16 años y familiar de "Pipi", baleado en la puerta de su casa de Juan B. Justo al 2800, en el mismo barrio.

El circuito de la venta de drogas, en algunos casos muy vinculado al consumo problemático, alcanzó también a la vida de Víctor Emanuel González Benítez, asesinado a los 16 años en Biedma al 100 bis el 23 de enero. El chico vendía drogas para una banda que controla el narcomenudeo en la zona, pero también se relacionaba con espacios de militancia social. En ese marco fue que tiempo atrás, cuando tenía 12 años, le había dicho a una trabajadora social: "Seño, no llego a los 20, hace un par de días que lo vengo pensando, me matan antes".

El resto de las víctimas menores de edad en lo que va del año transitan esas características. Alexis Usandivaras, de 17 años; William Agustín Rillos, de 17 ; Mijail Jesús Enrique, de 15; Franco Gabriel De Marco, de 16; Facundo Alejandro Aguirre, de 17; Milton Nahuel Gordillo, de 17; Nicolás Ezequiel Lugones, de 17; Alan Toloza, de 15; Geraldine Gómez, de 1; Marlén Villalba, de 15 y Brandon Segovia, de 16. Otro punto en común en estos casos, y que es un aspecto en sí de la problemática, es que todos vivían o fueron asesinados en barrios populares y periféricos: Stella Maris, Ludueña, Tablada, Godoy, De La Carne, Las Flores, Tío Rolo, Larrea, Emaús, Cabín 9 y Empalme Graneros.

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Esto es Rosario

De estas historias, además de desenlaces trágicos, aparecen aspectos que dan cuenta de que la violencia callejera vinculada al narcotráfico se desarrolla en la misma ciudad en la que sus protagonistas generan lazos que van más allá de ese circuito. Las personas involucradas en la cara más violenta del entramado narco también se casan y festejan, tienen hijos y andan con ellos por la calle. Sus hijos crecen, van a la escuela, tienen amigos que van a sus casas y juntos conviven en ese contexto que de alguna manera influirá en el desarrollo de sus vidas.

Que en el transcurso de 2022 en el departamento Rosario ya sean 19 los menores de edad asesinados, 15 de ellos en diversos contextos de violencia vinculada a la venta de drogas, es un indicador de que el problema atraviesa a todas las edades. Los casos en los que murieron bebés acribillados dan cuenta de que se llegó a puntos de violencia extrema e inexplicable, con ataques en los que el objetivo es generar daño como sea. Los hechos en los que las víctimas son adolescentes que, como en el caso de Lucas Vega esta semana, apenas estaba parado en un punto conflictivo del barrio, dan cuenta de que el peligro está latente por el solo hecho de ser pibe y estar en una esquina.

Y aquellos casos en los que las víctimas sí estaban involucradas de alguna manera en la venta de drogas son los que complejizan todavía más la situación. El hecho de que se trate de menores de edad y que existan leyes provinciales, nacionales y convenciones internacionales que comprometen a los Estados a garantizar los derechos de las niñas, niños y adolescentes, obliga a una lectura que supere la dicotomía que supone una distinción entre víctimas inocentes de otras que no lo serían.

"Son categorías que no sirven, acomodan la discusión, pero la cosa es mucho más compleja. Los que están de alguna manera involucrados son pibes que también son víctimas de la situación en la que viven", deslizó un funcionario de la Justicia de Menores consultado por La Capital. Sin dejar de lado "la autonomía y la posibilidad de elegir" de los adolescentes, destacó que dicha posibilidad "es limitada". "Por mandato familiar o pertenencia a un grupo del barrio, o por su contacto inicial con el consumo, es poco el margen que tienen para elegir hace una cosa distinta", analizó.

"Si a la conducta de esos chicos les sacamos el nombre de delito y lo ponemos como síntoma de la sociedad en la que viven, un delito pasa a ser una muestra de pulsión de vida", opinó este funcionario. "Con esa circunstancia de vida podría estar tirado en la cama sin hacer nada, juntar cartones, consumir. Así no nos enteraríamos porque no nos molesta, salvo cuando andan por el centro", agregó.

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