José Luis Cabezas

A 25 años del asesinato de José Luis Cabezas, un crimen que conmocionó al país

Familia y compañeros de José Luis Cabezas luchan por mantener viva su memoria y deploran que los acusados por el crimen estén libres

Martes 25 de Enero de 2022

El fotógrafo José Luis Cabezas fue asesinado hace 25 años (el 25 de enero de 1997) en la localidad bonaerense de Pinamar, en un hecho perpetrado por una banda vinculada al empresario postal Alfredo Yabrán y que conmocionó a la opinión pública de una Argentina que, en el ocaso de los 90, comenzaba a hacer vaivén en la disputa política entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde.

En la actualidad, familia y compañeros del trabajador de prensa que se desempeñaba en la Revista Noticias (Editorial Perfil) luchan por mantener viva su memoria y deploran que todos los acusados por el crimen se encuentren en libertad. Hoy Argra convoca a un acto presencial para recordar a José Luis Cabezas. Será a las 11 en la sede de entidad en Buenos Aires. En el resto del país también habrá homenajes.

Un año antes de su asesinato, Cabezas había logrado fotografiar al enigmático empresario propietario de la empresa OCA durante la cobertura de verano que realizaba junto al periodista Gabriel Michi para Noticias.

“Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente. Ni los servicios de inteligencia tienen una foto mía”, era la frase que por entonces se le atribuía al dueño del emporio postal.

A 25 años del crimen, Michi no duda sobre el efecto que causó aquella captura de Cabezas. “Con su foto, José Luis logró ponerle rostro al personaje más oscuro y poderoso de los años 90. Con esa foto reveló muchos de los secretos que el poder no quería que salieran a la luz”, señaló a Télam. Y agrega: “Sin dudas, desde el punto de vista político, el crimen de Cabezas marcó un antes y un después. La reacción social que hubo fue el principio del final del menemismo, que protegió al autor intelectual del crimen, Yabrán, a quien no quiso soltarle la mano hasta último momento y trató de proteger de todas las maneras posibles”.

El homicidio fue cometido en tiempos en que Duhalde, en representación del Partido Justicialista, buscaba suceder a Menem, quien ejercía su segundo mandato como presidente y buscaba un tercero.

La disputa entre el presidente y el gobernador, quien dijo que con el asesinato de Cabezas le habían “tirado un muerto” para trabar su postulación a la presidencia, se profundizó con el avance de la investigación por el asesinato.

En 1996, el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, había denunciado que Yabrán “lideraba una mafia enquistada en el poder”, en una prolongada exposición ante la Cámara de Diputados. En tanto, Duhalde consideraba que Yabrán era “sospechoso” del crimen de Cabezas, Menem sostenía en cambio que se trataba de “sólo un empresario más”.

La emblemática foto de Yabrán caminando en la playa fue publicada en la tapa de la Revista Noticias en marzo de 1996. La investigación judicial posterior determinó que el empresario tomó la revelación de su imagen como una afrenta que no estaba dispuesto a perdonar.

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El fotógrafo José Luis Cabezas fue asesinado hace 25 años (el 25 de enero de 1997) en la localidad bonaerense de Pinamar, en un hecho perpetrado por una banda vinculada al empresario postal Alfredo Yabrán y que conmocionó a la opinión pública

El fotógrafo José Luis Cabezas fue asesinado hace 25 años (el 25 de enero de 1997) en la localidad bonaerense de Pinamar, en un hecho perpetrado por una banda vinculada al empresario postal Alfredo Yabrán y que conmocionó a la opinión pública

Después de la publicación, el fotógrafo y su pareja, Cristina Robledo, comenzaron a recibir amenazas telefónicas, y un año después un funcionario cercano a la gestión del entonces intendente de Pinamar, Blas Altieri, le confió a Cabezas que “gente de Yabrán” había indagado sobre la dirección donde se alojaría durante la cobertura de la temporada.

Un mes antes del crimen, el policía de la bonaerense Gustavo Prellezo, condenado como uno de los autores materiales del hecho, se reunió con Yabrán en Buenos Aires, en las oficinas que el empresario tenía en Carlos Pellegrini al 1100.

En esa reunión, Don Alfredo le confió que quería “pasar un verano tranquilo sin fotógrafos ni periodistas”, según lo que el oficial declaró luego ante la Justicia.

Michi asegura que el objetivo “de máxima” que tenían ese verano él y Cabezas era entrevistar a Yabrán

En ese marco, el 24 de enero de 1997 ambos concurrieron a una fiesta que ofreció en su casa de Pinamar el empresario Oscar Andreani, donde llegaron en un Ford Fiesta de color blanco.

A las 4 el periodista se retiró y el fotógrafo lo hizo una hora después, en el vehículo en el que se desplazaban.

A la mañana siguiente el cuerpo de Cabezas apareció adentro del Ford Fiesta quemado con alcohol metílico, en una cava de las afueras de Pinamar.

El cadáver tenía sus manos esposadas y dos proyectiles de un arma calibre 32 alojados en la cavidad craneana.

El asesinato del fotógrafo develó vínculos entre el gobierno, políticos y empresarios, y cinco meses después del crimen debió renunciar el entonces ministro de Justicia, Elías Hassan: el funcionario había mantenido más de 100 contactos telefónicos con Yabrán, a quien le había otorgado el reparto de la correspondencia de la cartera a su cargo.

La cobertura del caso fue tema excluyente para todos los medios del país y la foto del reportero gráfico acompañada con la leyenda “No se olviden de Cabezas” se convirtió en un símbolo de la denuncia contra la impunidad que unió en un mismo reclamo a organizaciones gremiales y organismos de derechos humanos.

Tras varios meses de instrucción, el juez federal de Dolores, José Luis Macchi, procesó y dictó prisión preventiva en mayo de 1989 para Yabrán como instigador del crimen.

Tras permanecer algunos días en condición de prófugo, el empresario postal se suicidó en un campo de su propiedad ubicado en Entre Ríos, donde permanecía oculto.

Prellezo, quien estaba al servicio de Yabrán, y un grupo de delincuentes conocidos como Los Horneros, fue quien encabezó la autoría material del crimen.

El expolicía bonaerense fue condenado a reclusión perpetua en febrero de 2002, pero sólo pasó tras las rejas 13 años pese a que la sentencia fue ratificada en las máximas instancias judiciales de la provincia y del país.

Actualmente permanece en libertad condicional desde diciembre de 2017 y desde 2010 en su vivienda bajo el régimen de prisión domiciliaria. Se recibió en la cárcel de abogado y escribano e intentó obtener una matrícula, pero ante una denuncia presentada por la familia Cabezas, el Tribunal de Disciplina del Colegio Público de Abogados la Capital Federal resolvió excluirlo en noviembre de 2020.

“Seguimos peleando para que a Prellezo le saquen definitivamente la matrícula de abogado. Tiene una condena hasta 2022, sin embargo sigue trabajando como abogado”, señaló a Télam Gladys Cabezas, hermana de José Luis.

A 25 años del crimen, Gladys considera que “no se hizo justicia” por el asesinato de su hermano, y como prueba de ello remarca que “están todos los responsables libres”.

“Sí se descubrió quién lo mató, pero ninguno cumplió la condena que tenía que cumplir. La prisión perpetua no existe, porque es toda la vida, y acá nadie está preso toda la vida. Los acusados se portaron bien, y por buena conducta o por el criterio del 2x1 salieron en libertad”, apuntó..

Los otros condenados por el asesinato fueron el expolicía Aníbal Luna (condenado a prisión perpetua y en libertad condicional desde 2017); el exjefe de Seguridad de Yabrán, Gregorio Ríos (condenado a perpetua como instigador del hecho y en libertad condicional desde 2008); y el comisario Mario La Liebre Gómez (condenado por liberar la zona en la que ocurrió el crimen, recuperó la libertad en 2006 tras una decisión de la Cámara de Casación bonaerense).

Además fue sentenciado el policía Sergio Cammaratta, quien murió en el penal de Dolores en 2015, sindicado por la Justicia como responsable de haberle hecho “un seguimiento” a Cabezas cuando trabajaba en Pinamar en el verano de 1997.

De la banda Los Horneros, reclutados por Prellezo, fueron desvinculados de la causa José Luis Auge (que recibió condena en el juicio que se hizo en 2004 pero quedó en libertad cuatro años más tarde); y Sergio Gustavo González (sentenciado a prisión perpetua recibió una reducción de la condena y salió de la cárcel en 2006, aunque tiene una causa por drogas radicada en los Tribunales de CABA).

Por su parte, también de la banda de Los Horneros, fue desvinculado de la causa Horacio Braga (quedó en libertad condicional 10 años después del crimen, y a mediados de 2018 cumplió su condena con la Justicia), mientras que Miguel Retana, sentenciado a prisión perpetua en 2000, murió por una afección originada por el sida en la cárcel un año después.

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La misteriosa ruta del dinero de Yabrán

Ricardo Ragendorfer/Télam

Alfredo Yabrán tenía algunas fobias. Las más notorias: ser fotografiado y que le esposaran las muñecas. La primera lo condujo a la acusación de instigar el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas, y la segunda, al suicidio. En definitiva, ese sujeto obsesionado con ocultar su rostro se lo terminó borrando con un escopetazo. Eso ocurrió el 20 de mayo de 1998 en el baño del casco de la estancia San Ignacio, cercana a la ciudad de Gualeguaychú, ya rodeado por policías con una orden de arresto en su contra.

De inmediato, aquella noticia atrajo allí a la prensa nacional y extranjera como el dulce de leche a las moscas.

A la noche, una multitud de movileros y curiosos rodeaba, en esa urbe, el local de la funeraria Previsora. Adentro, en una salita aledaña a la cochera, dos empleados y el dueño preparaban al difunto para su último adiós.

En eso, irrumpió su hermano, Oscar Negrín Yabrán, al grito de:

— ¡Si veo a un periodista lo mato!

Aquella frase estremeció al periodista del diario Perfil, Hernán Brienza, escondido detrás de unos ataúdes apilados.

Entonces cruzó su mirada con la del enviado de América TV, Facundo Pastor. Manuel Lazo, del diario El Día de Entre Ríos, permanecía cerca de ellos con los párpados súbitamente crispados.

Los tres se habían colado al ingresar la ambulancia que transportaba el cadáver del magnate.

Finalmente el asunto no pasó a mayores. Mientras tanto, en San Ignacio, la Policía hallaba dos cartas póstumas de Yabrán, dirigidas a la familia y su secretaria.

Ambas, entre otras consideraciones, tenían en común tres palabras y las iniciales de un nombre: “Mi heredero es HC”.

Se refería a un tal Héctor Colella.

En el plano financiero, Colella fue el gran beneficiario de esa tragedia. Pero a cambio de ser el “ángel guardián” de la familia del suicida, compuesta por la viuda, María Cristina Pérez, y sus tres hijos, Pablo, de 25 años en aquel entonces, Mariano, de 24, y Melina, de 19. De modo que el testaferro pasó a fungir de albacea con poderes plenipotenciarios. Y enlazado al lábil CEO del Exxel Group Juan Navarro en una red de sociedades anónimas con traza laberíntica.

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El misterioso tesoro escondido

A casi 24 años del suicidio del Cartero –así se lo llamaba a Yabrán–, qué quedó de su imperio financiero continúa siendo la pregunta del millón (o de los 3.000 millones de dólares que le adjudicaban al momento de morir). Algunos medios señalaron recientemente que, ya concluidos los trámites sucesorios, la familia habría obtenido entre 400 millones y 2.000. Semejante oscilación (solo comparable a estimar que la estatura de alguien fluctúa entre los 90 centímetros y los dos metros) indica que en realidad aún no se sabe absolutamente nada. Pero en algún lugar ese tesoro existe.

Sin embargo, tanto María Cristina como su hija Melina carecen de toda actividad financiera. Pablo se dedica a un quehacer relacionado al negocio del entretenimiento. De modo que Mariano es el único empresario de la familia, pero sin la perversa genialidad de su progenitor.

La viuda habita en solitario una inmensa casona en el exclusivo barrio montevideano Manantiales de Carrasco (valuada en 2 millones de dólares) y disfruta de largas temporadas en Punta del Este bajo el techo de una fortaleza paradisíaca (de casi 3 millones), vigilada por un ejército de custodios. Así transcurren sus días del presente.

Melina, la más jovencita de los Yabrán, a los 43 años se reparte entre su casa del barrio cerrado Jardines de Carrasco, en Montevideo (valuada en 1 millón y medio), y sus estadías bonaerenses en un chalet de Nordelta (valuado en casi 1 millón), sin que se le conozca ocupación alguna.

Por su parte, Pablo, ya de 49 años, abdicó a su vocación aeronáutica (supo ser piloto de Lanolec, posteriormente rebautizada Royal Air), para pasar música en fiestas electrónicas con el pseudónimo de DJ Pilot. No obstante, acredita tener a su nombre en el Banco Central de Uruguay todas las acciones de MPT Mangament Corp, dedicada al asesoramiento de inversores.

Mariano, a los 48 años y con un diploma de abogado, gestiona desde sus oficinas del World Trade Center, el más moderno complejo empresarial de Montevideo, varios asuntos binacionales: es el CEO de Sendit, una compañía postal uruguaya desde la cual se empeña en emular la especialidad del papá, y desarrolla proyectos inmobiliarios en toda la Banda Oriental con la compañía Greenpol SA. En la otra orilla del charco administra lo que quedó de Yabito.

Lo cierto es que en la familia del Cartero no hay muchos elementos que conduzcan hacia el imperio que él dejó, salvo la solvencia de sus integrantes.

En este punto es necesario reparar en el bueno de Navarro. Quien fuera el lobo de las finanzas en el mercado financiero nacional, había comenzado su debacle durante el primer lustro del nuevo siglo debido a una constelación de factores. Así, el Exxel Group fue desarmando su conglomerado con la venta forzada de casi todas sus empresas, conservando en 2006 solo una docena.

Justo entonces Navarro tuvo un problemita penal con el grupo Carrefour por un fraude en la venta de supermercados Norte por 120 millones de dólares. Fue memorable. La compañía francesa lo acusaba de haber incurrido en lo que se llama “contabilidad creativa”. En otros términos, el tipo infló los balances de Norte para obtener un precio mayor en la transacción.

En mayo de 2021 tuvo otro problemita en Uruguay, cuando se le abrió una causa por la venta de la sociedad licenciataria de la marca Lacoste para el Cono Sur, sin repartir los dividendos con sus socios de la firma Caporal. Pero en lo que hace al asunto Yabrán, hay que retroceder a fines de los 90, cuando una comisión del Congreso pudo determinar que, en la compra de sus empresas por parte del Exxel, muchos presuntos inversores en realidad no participaron de la operación, mientras otros sí lo hicieron pero sin figurar en las actas presentadas por Navarro. No obstante, la muerte de Cartero paralizó el trabajo de la comisión.

Ello obliga a retomar la figura de Héctor Colella.

Una pista de esta trama se encuentra en los Pandora Papers, como se denomina un archivo documental en poder del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés).

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