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Diálogo Abierto: entrevista con Alejandra Grasmuck

"Deseo representar a la Argentina como árbitra de básquet"

Una oportunidad laboral que se transformó en carrera ser árbitra de básquet y representar a la Argentina. Los innombrables que nunca faltan.

Domingo 04 de Abril de 2021

Alejandra Grasmuck analizó al avance logrado personalmente y el de las mujeres en el ámbito del arbitraje en la Argentina y el básquet femenino, y reveló particularidades que conlleva imponer las reglas del juego a los hombres. “Dejé de jugar porque me sentía más cómoda como árbitro”, manifestó la ex jugadora de Palermo, Quique y Estudiantes, y ahora integrante de la comisión directiva del Colegio de Árbitros de Paraná.

Barrio, madre y polideportivo

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, en barrio Paraná V, donde vivo, aunque entre 2016 y 2018 estuve en Buenos Aires.

—¿Cómo era en tu infancia?

—Parecido a una zona céntrica, por la cantidad de negocios, pero muy barrial.

—¿Lugares de referencia?

—El polideportivo, con cancha de fútbol y básquet, y el hipódromo.

—¿De qué origen es el apellido?

—Alemán.

—¿Tradiciones que mantienen?

—Los pirok que hace mi mamá (risas).

—¿A qué jugabas?

—A la cachada, la escondida y la rayuela, con un grupo lindo de chicos.

—¿Qué actividad laboral desarrollan tus padres?

—Mi mamá empleada doméstica y ama de casa, por jubilarse, y mi papá maquinista de retroexcavadora, ya jubilado.

—¿Tuviste alguna afición durante un tiempo considerable?

—Básquet, desde los siete años: en el Club Quique un año, luego en Palermo, se disolvió el plantel, volvimos a Quique y a los 14 años seguí en Estudiantes. Hice un año de tango, por mi abuelo, quien fue un gran bailarín, y luego bailé en un gimnasio.

—¿Qué materias te gustaban de la secundaria?

—Educación Física (risas) y Biología.

—¿Leías?

—No mucho.

—¿Por qué elegiste ese deporte?

—Porque mi mamá juega en Quique e íbamos a alentarla.

—¿Qué referentes tenías como jugadora?

—(Emanuel) Ginóbili. Nunca tuve un nivel alto, aunque me gusta jugar.

Una oportunidad laboral

—¿Imaginabas hacer una carrera?

—Terminé la secundaria en 2013 y en 2014 tuve la oportunidad de hacer el curso de árbitro, cuando en ese momento jugaba y trabajaba en la mesa de control de maxi femenino, al igual que mi hermana, y cuando quedó embarazada la reemplacé.

—¿Lo primero que aprendiste?

—La planilla, lo más importante, porque es el registro completo del partido.

—¿Algún error grave?

—No que recuerde… fue buena mi maestra de planilla.

—¿Te entusiasmaban por igual los dos roles?

—Disfrutaba el deporte y además lo tomaba como un ingreso económico. Luego tuve que decidir, volví a jugar pero lo dejé porque me sentía más cómoda como árbitro. Además, ya tenía otra visión del juego, no me resultaba fácil jugar, aunque me gusta ir a entrenar, sin competir, y tenía miedo de lesionarme. Mi camiseta ahora es la del colegio de árbitros y es un proyecto para el cual me sigo capacitando. Tengo mucho apoyo e incluso me permitieron venir a las clases con mi nene cuando no tenía con quién dejarlo.

—¿Pensaste en asumirlo profesionalmente?

—Me animé, aunque había pocas mujeres, y a la vez seguí disfrutando el deporte. Tuve mis miedos pero me apoyaron y seguí evolucionado, al punto que ese mismo año, junto con Anita Herrera y Florencia Pérez, dirigimos una final de U 13 masculino. Fue muy gratificante.

—¿Qué modificaste de la visión del juego tras dejar de jugar?

—Cuando jugaba no estaba tan pendiente de las faltas pero al ir formándome entraba a la cancha y se las señalaba a mis propias compañeras, aunque luego reflexionaba que yo también estaba jugando (risas). Fue algo incómodo y también me llevó a dejar de jugar. Como jugador, uno no se enfoca en las reglas, y además seguís la pelota, lo cual no hay que hacer como árbitro, salvo que esté en tu zona de responsabilidad. Es lo que más cuesta aprender.

—¿Cuál es tu mayor deseo?

—Representar a Argentina. Tendría que dirigir un entrerriano y luego un argentino. Estoy participando en la federación entrerriana y en 2019 dirigí unos cuadrangulares.

Debut con miedo y silbato mudo

—¿Cómo fue el primer partido arbitrado?

—En el Club Ciclista, dirigí con un compañero, también de U 13 de Ciclista y Olimpia. No me sonaba el silbato porque estaba muerta de miedo (risas) y mi compañero se cargó el partido al hombro, hasta que en el segundo partido me aflojé un poco.

—¿Y el debut de a tres árbitros?

—Salió muy bien y me apoyaron.

—¿Qué importancia tiene que los jugadores conozcan minuciosamente el reglamento?

—Ayuda a ir con otra mentalidad y a no estar negado cuando se cobra una falta. El rol del árbitro, en ciertas categorías, también es explicar, pero cuando son mayores las explicaciones se dan depende de cómo y cuándo te las piden.

—¿Qué te aporta haber sido jugadora?

—Tengo una comodidad en la cancha que no tuve como jugadora y me gusta más ver el juego.

—¿Puede haber árbitros que no hayan jugado?

—Sí, no es ningún impedimento; hay compañeros que no lo han hecho.

—¿Qué alcances tiene la formación?

—Capacitación teórica en reglamentos, ubicación, señalización, formación en cuanto a cómo plantarte en la cancha y afrontar un partido, prácticas en cancha, y ahora las disposiciones especiales por la pandemia. En febrero se reinició el nivel inicial de capacitación y hay siete chicas nuevas, que se sumarían a las doce que ya somos.

—¿La duración?

—Son seis meses y luego continuás capacitándote, según la categoría que pretendés dirigir.

—¿Cuáles son las principales modificaciones del reglamento en los últimos años?

—Hubo un cambio con los 24 segundos. Antes, un equipo tenía ese tiempo para encestar, pero si la pelota tocaba el aro volvía a contabilizarse ese tiempo, mientras que ahora vuelven a contarse solo 14 segundos. También, en los dos últimos minutos de cada partido, quien pide minuto tiene la posibilidad de sacar en zona defensiva, con 24 segundos, o en zona de ataque, con 14 segundos. Ha cambiado la estética y el registro en las planillas; la cantidad de ingresos y cambio de jugadores, los tiempos que pueden pedirse, según el periodo, entre otros.

—¿El objetivo es agilizar el juego?

—Exactamente, para que haya más juego.

—¿Hay reglas internacionales todavía no instrumentadas en nuestro medio?

—Todos los años llega información y el reglamento actualizado, y enseguida se adoptan las modificaciones. Constantemente se trabaja a la par.

Videos y el VAR que se viene

—¿Y los soportes de video para consultar?

—En torneos argentinos se filma y cuando se pide un minuto, o hay una situación dudosa, se puede ver, rever y tomar la decisión correcta, como sucede en el fútbol. La idea es que se extienda a otras competencias y es positivo porque ayuda a corregir errores. Igualmente, la mayoría de los partidos se filman para que se puedan ver por las redes sociales.

—¿Qué te sucede al verte?

—(Risas) A veces digo ¡uh, qué hice! Me costó mucho aceptar las cámaras, porque me ponía muy nerviosa y tensa. Ahora ya está naturalizado y pienso más en las cuestiones relacionadas por el protocolo de la pandemia. Las modificaciones tienen que ver con el público que asiste a las canchas y la adopción de ese protocolo.

—¿No hay polémica, como en el caso del fútbol, con la incorporación del videoarbitraje (VAR)?

—Mejora el juego, porque somos seres humanos, podemos tener errores y hay que saber levantar la mano y pedir disculpas por ello. Me ha pasado, hay que saber asimilar el error y soy autocrítica, lo cual es beneficioso para el juego.

—¿La incorporación tecnológica en las asociaciones depende de los recursos económicos?

—Sí, y de personal capacitado, porque quien te “vigila” o controla tiene que estar capacitado. Por ahora creo que solo está incorporado en los campeonatos argentinos.

—¿Qué se siente arbitrar sin la presencia masiva de público?

—Es mucho más tranquilo.

—¿Cuáles son los principales “piropos”?

—El “andá a lavar los platos” es típico o “nena, lee el reglamento” (risas).

—¿Has dirigido cuando jugó tu mamá?

—Cuando dan las asignaciones me encargo de saber cuándo juega ella, para no dirigirla. A veces voy a partidos anteriores al de ella y están pendientes de si lo voy a hacer (risas).

“Las caritas”, una ventaja femenina

—¿Qué varía al arbitrar de a tres?

—La ubicación y las responsabilidades de cada uno, aunque se trabaje en conjunto.

—¿No puede haber diferencias de criterio?

—No, es mejor porque tenés más “encajonado” el juego y cada uno se enfoca en su zona.

—¿Te resulta más cómodo arbitrar con un compañero o compañera?

—No hay diferencia porque cada uno tiene su personalidad y hace su aporte para lograr la armonía del juego. Cuando lo hacés con compañeros con mayor experiencia sentís más confianza, pero también es lindo cuando te dan confianza, para fortalecerla.

—¿Qué notás al ver arbitrar a una mujer?

—No hay diferencias, aunque tenemos ciertas ventajas porque con una carita o haciendo sonar el silbato podemos cambiar una situación.

—¿Y en cuanto a la interpretación de ciertos matices del juego y las reglas?

—Obviamente, el femenino es distinto al masculino en cuanto a intensidad del juego. Con la mujer hay contactos que no podés permitir y son faltas, en cambio en los hombres hay contactos que los podés dejar pasar.

—¿Qué preferís arbitrar?

—Masculino, porque hay muy buenos equipos y es un desafío.

—¿Tenés colegas referentes?

—A Romina Morales y Virginia Peruchini, ambas árbitros FIBA (Federación Internacional de Baloncesto) y de Santa Fe, siempre me gusta observarlas por su presencia y por cómo toman decisiones.

—¿Cómo ha evolucionado localmente el básquet femenino desde que estás en dicho ámbito?

—Antes no tenía mucho apoyo, ahora lo hay, al igual que está más organizado; hay nuevos equipos, categorías y agrupaciones. Cuando jugaba en Palermo, se disolvió, y las competencias eran aburridas porque eran siempre los mismos equipos. Ahora hay en Rowing, Olimpia, nuevamente en Palermo, Quique, que siempre tuvo maxi, pero ahora tiene escuelita. Está evolucionando pero a veces no se le da apoyo.

—¿Quién ha trabajado más regularmente?

—Talleres, Estudiantes, Echagüe y San Agustín.

“A veces te ven como débil, por eso es necesaria la actitud”

“Siempre hay personas que descargan su agresividad en la cancha”, cuestiona Grasmuck al manifestar su indignación por la actitud de determinados padres de jugadoras de divisiones inferiores, al igual que opina sobre la mirada que suelen tener para con ella los jugadores de divisiones mayores.

—¿La primera situación tensa o conflictiva?

—Fue en un torneo libre, una situación “machista”, agresiva, en la cual tuve que informar. Le apliqué una falta técnica y expulsé a un jugador que estaba muy exaltado, actuaba de manera prepotente e insultó a mi compañero. Tenían que retirarse del estadio pero me buscó, se acercó, me gritaba “explicame” y me quiso tocar. Lo miré, me alejé, le dije que de esa manera no hablaría y se enojó más. Lo tuvieron que sacar los del otro equipo y sus compañeros me pidieron disculpas. Lo suspendieron por 30 fechas y no lo volví a ver en una cancha.

—¿Cómo es la actitud, en general, de los jugadores mayores?

—Es difícil, a veces te ven como débil y por eso es importante la personalidad y cómo afrontás el partido.

—¿Y los hinchas?

—Hay padres y padres… porque algunos favorecen al equipo y al juego, y otros no, lo cual es un problema. He tenido que sacar padres del estadio, dirigiendo inferiores de femenino. Es horrible verlos diciendo barbaridades al otro equipo y una nena llorando… Siempre hay una o dos personas de este tipo, que descargan su bronca acumulada en la cancha.

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