Altas temperaturas, consumo de alcohol y estrés social conforman un escenario que favorece reacciones impulsivas y hechos de violencia en espacios públicos durante el verano. Más allá de las clases sociales, las causas pasan por la falta de regulación emocional.
Verano, alcohol y conflictos: ¿El calor los pone violentos?
Desde la psicología y las fuerzas de seguridad coinciden en que el verano modifica rutinas y multiplica los episodios de violencia en la vía pública.
Por Aldana Martínez
Verano, alcohol y conflictos: ¿El calor los pone violentos?
Verano, alcohol y conflictos: ¿El calor los pone violentos?
Conflictos
El jefe de Operaciones de la Departamental Paraná, Jorge Pérez, explicó a UNO que durante la temporada estival se registra una mayor afluencia de personas en la vía pública. En este contexto, los operativos policiales se incrementan y se distribuyen en distintos puntos de la ciudad con el objetivo de cubrir la mayor cantidad de zonas posibles, teniendo en cuenta tanto a los ciudadanos como a los turistas. En ese sentido, señaló: "Las mismas cuestiones climáticas y la gran cantidad de espacios públicos facilitan muchas veces los episodios de violencia que se han detectado en distintos balnearios, como en el Thompson, en la Toma Vieja y en la Playa Municipal".
Pérez explicó que, al tratarse de espacios abiertos y públicos, en algunos casos se combinan factores como el calor, el consumo excesivo de alcohol y otras sustancias, lo que puede potenciar situaciones conflictivas. No obstante, destacó que gracias a la presencia policial y al rápido accionar de los efectivos no se ha llegado a escenarios más complejos o de mayor gravedad.
Asimismo, indicó que el movimiento que se genera en estos espacios a raíz de las altas temperaturas propicia encuentros entre personas de distintos barrios, lo que en ocasiones reactiva "conflictos de vieja data". En relación con los conflictos intrafamiliares y domésticos, aclaró que no presentan un aumento estacional, aunque sí se mantiene un elevado número de intervenciones diarias a lo largo de todo el año.
En conjunto, factores como el calor, el estrés social, los excesos y la falta de regulación emocional configuran un escenario propicio para que los conflictos escalen rápidamente en el espacio público.
Una explicación desde la Psicología Social
En diálogo con UNO, la psicóloga Yanina Michel (M.P. 2548) entiende a la violencia como un fenómeno multicausal: "Diversos estudios muestran que el calor intenso aumenta la irritabilidad y reduce la tolerancia a la frustración, lo que incrementa las respuestas agresivas, como sustenta la hipótesis del calor de Craig Anderson (*). A esto se suman el consumo de alcohol y otras sustancias, que disminuyen el autocontrol y facilitan reacciones impulsivas como postula Bandura (**)".
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La conducta del ser humano, por lo general, no sigue una lógica lineal. Y, sobre todo, el verano genera cambios en la conducta porque desestructuran un estilo de vida que se respeta durante el resto del año. "Personas que no se autogestionan, que quizás no tienen que cumplir horario laboral, tienen días más largos y eventualmente generan menos control de los impulsos. Allí es donde se ven estos los resultados", precisó la licenciada.
La teoría de la frustración–agresión de Dollard y Miller, de 1939 (***) sostiene que, cuando las personas sienten que no pueden canalizar tensiones cotidianas (estrés económico, cansancio, sobreexigencia), la agresión aparece como una descarga emocional. En contextos urbanos, además, el anonimato y la despersonalización favorecen conductas violentas que difícilmente se expresarían en otros ámbitos (Zimbardo). "Las ausencias, los problemas a nivel social, generan malestares mentales que (en el caso de una persona que tiene problemas para autogestionarse) pasan al acto", indicó.
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Referencias
(*) La Hipótesis del Calor de Craig Anderson postula que las altas temperaturas incrementan la agresión y los comportamientos violentos al aumentar directamente los sentimientos de hostilidad y los pensamientos agresivos, afectando negativamente el estado de ánimo y la activación fisiológica, y se ha demostrado que esto se correlaciona con mayores tasas de crímenes violentos y conflictos interpersonales, incluso controlando otras variables, lo que tiene implicaciones para el cambio climático.
(**) Para Bandura, las reacciones impulsivas no son solo innatas, sino que se aprenden socialmente, imitando modelos (reales o simbólicos) y se regulan por factores cognitivos como la autoeficacia, la atención, la retención y la motivación, donde observamos las consecuencias de otros para decidir si repetir una conducta, incluso si es impulsiva.
(***) La teoría de la frustración-agresión de Dollard y Miller (1939) postula que la frustración, causada por el bloqueo de una meta, inevitablemente genera agresión, la cual busca aliviar la tensión; si la agresión no puede dirigirse a la fuente original (por ser peligrosa o abstracta), se produce un desplazamiento hacia un chivo expiatorio o se canaliza de forma sublimada (ej. deportes) para liberar la energía agresiva, un proceso que, según la teoría, produce catarsis.

















