Conociendo Entre Ríos

Jujeños y panzaverdes unidos celebrando a la Pachamama

Cómo realizar un homenaje a la Pachamama, con detalles de las ofrendas. Dar a dos manos, de a pares, y entregar lo mejor para compartir una fiesta.

Lunes 22 de Agosto de 2022

Alimentar a la Pachamama que nos alimenta, agradecerle la vida, pedirle por lo que vendrá. La madre tierra en armonía, y las comunidades humanas que de ella dependen, se dan un mes especial para afianzar los vínculos, y ese mes es agosto, cuando la tierra descansa y se prepara para el ciclo que viene.

La profesora Ana Delia Scetti, directora de la escuela El Estibador, de Villa Urquiza, viaja asiduamente a la provincia de Jujuy, o es visitada por familias jujeñas en su casa de Sauce Montrull. De esta relación cultivada durante tres lustros surgió una profunda vocación por las tradiciones del noroeste, los rituales en homenaje a la Pachamama que año a año esta docente replica aquí, con familiares, amigos, compañeros, en el Parque San Martín, a metros de La Picada, o en casas de la vecindad.

Con motivo del Día de la Pachamama, el 1ro. de Agosto, y de las ofrendas que se extienden por todo este mes, Ana Delia Scetti realizó un aporte a la interpretación de esta tradición en base a sus estudios y a los testimonios que recabó en mujeres y hombres como Celsa Tolaba (76), Américo Tolaba (62), de Humahuaca, y Fanny Torres (75), de San Salvador de Jujuy.

El trabajo titulado “Pachamama, expresión popular de agradecimiento y compromiso de defensa del ambiente”, publicado completo en un blog del centro de estudios Junta Abya yala por los Pueblos Libres, que la autora integra, ofrece explicaciones sobre la tradición y detalles de la ceremonia, la llamada corpachada, donde la mujer y el hombre se inclinan ante la Madre Tierra, le agradecen y le piden por la estación que se avecina, sea por alimentos, salud, comunidad.

Los vínculos del noroeste y el litoral, abonados por estas relaciones de amistad, son aceitados por costumbres comunes, que emparentan a los distintos pueblos ancestrales. De hecho, en nuestra zona es ya común la caña con ruda para el primero de agosto, también en relación con la madre tierra, desde la fuerte influencia guaraní en coexistencia con aportes europeos. Y no hablaremos aquí de otros lazos de hermandad en luchas por la independencia y contra los despotismos.

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Tradiciones. Scetti con Fanny Torres y en el medio una artesana que guarda tradiciones como tesoros

Tradiciones. Scetti con Fanny Torres y en el medio una artesana que guarda tradiciones como tesoros

Uno con la naturaleza

“Desde la lejanía de los tiempos y la profundidad de los pueblos, en todas las culturas del planeta perviven rituales de reverencia, respeto, rogativas y agradecimiento, de los cuales, la veneración a la Pachamama es el principal”, dice al comienzo la pieza de Scetti. “Es posible pensar que en la actualidad muchos rituales ancestrales, que tienen que ver con rogativas y agradecimiento a la naturaleza en su conjunto, han perdido vigencia. Sean estos rituales por los elementos como aire-tierra-agua-fuego, o los ciclos relacionados con la siembra, con los tiempos de caza y de cría de animales domésticos, tanto como los ciclos mismos de la fertilidad y la salud humana. También podría tener sentido considerar que la vigencia de la celebración de la Pachamama, hoy por hoy, reúna y represente a todos aquellos rituales ancestrales. Que en definitiva confluyen en una cosmovisión compartida por los pueblos tribales, respecto a que el ser humano es uno con la naturaleza, pertenece a ella integrado”.

Scetti hace referencia al “profundo sentimiento de admiración, respeto, alegría y agradecimiento” en la ceremonia, como le dijo Fanny Torres, en la que se actualiza el compromiso -agregó- con “el cuidado del lugar que se habita y se transita cada día. La Madre Tierra es productora de la materia prima para nuestro progreso”.

“Para muchos -terció Américo Tolaba-, la ceremonia a la madre tierra no sólo es una costumbre sino que manifiesta un profundo respeto. Es mucho más profundo de lo que se cree. Ver la calidad, cantidad y variedad de comidas que se preparan, de los frutos de la tierra, las bebidas, nos da idea de lo que es esta gran celebración”.

A la madre, lo mejor

Entonces Scetti, invitada especialmente a ceremonias de agosto en Jujuy que en principio son reservadas a la comunidad cercana, apunta que el agradecimiento “se puede dimensionar de alguna manera en la generosidad de sus ofrendas. Lo mejor. Todo tipo de frutos, semillas, hortalizas; se cocinan las mejores comidas, en abundancia; las bebidas se obtienen de frutos de la tierra, bebidas blancas, vinos. Se evitan las bebidas industrializadas porque consideran que no son obtenidas por materias primas ni procesos naturales. En la boca que se abre en la tierra -insiste la profesora- solo se depositan productos de la naturaleza. Si bien se agradece por los bienes materiales, el progreso personal y comunitario, el trabajo y lo que se produce con él, no se depositan metales ni plásticos aunque sean objetos producto del trabajo manual del hombre”.

Luego Ana Delia describe la ceremonia, como ha conocido principalmente en Jujuy. Con la aclaración de que los detalles suelen cambiar de un lugar a otro, según costumbres comunitarias o personales, a veces con mayor o menor grado de combinación entre distintas culturas.

“En un lugar de la propiedad especialmente destinado a realizar ‘la boca de la Pacha’ se cava un pozo de unos 60 centímetros de diámetro y una profundidad aproximada de unos 80 o 90 cm. Se adorna generalmente con la Wipala; suele estar acompañada por la Bandera Argentina, también la provincial si se desea. Alrededor se cuelgan serpentinas, papel picado”, apunta.

“Previamente se elaboran comidas típicas que luego serán compartidas con los presentes, pero un plato abundante se reserva para ofrecer a la Pacha. Alrededor del hoyo (la boca) se colocan de todo tipo de frutas, verduras, hojas de coca, cereales, como arroz, harina de maíz, choclos, yerba, azúcar…etc. Y las botellas que se traen también se van dejando cerca. No pueden faltar caña con ruda, chicha, vino, cerveza, ginebra, etc. En una fuente se ponen cigarrillos, también tabaco y hojas para armar cigarro. Se hacen brasas para el sahumador al que se le agrega sahumerios varios en polvo, serpentina, azúcar, yerba, hojas de coca, incienso, etc.”.

Ritual y fiesta

“La persona mayor del grupo o los dueños de casa son los primeros que se arrodillan ante la boca de la Pacha y en voz alta inician el ritual agradeciendo a la Pachamama. Se dirigen a ella en segunda persona y, mientras, van agradeciendo y pidiendo por la bonanza en el nuevo año/ciclo. Inician sahumando la boca del pozo siguiendo el sahumado a cada participante a quien se lo rodea mientras se pide por su vida, su salud, su progreso, continuando con el sahumado de toda la propiedad y vehículos propios y de los invitados”.

“De regreso ante la boca de la Pacha -continúa Scetti-, van tomando un puñado de cada cosa que hay alrededor, que dejan caer en el hoyo con las dos manos; en forma similar hacen con cucharadas de las comidas, luego de igual manera toman las botellas y riegan en centro y luego hacen un círculo en sentido de las agujas del reloj derramando en los bordes las bebidas. Finalmente encienden un cigarrillo sin pitarlo y lo clavan en el borde para que se vaya consumiendo; a este gesto se le llama dar de fumar a la Pacha. Generalmente hay alguien colaborando en alcanzar los elementos a ofrecer”.

“Terminado el rito, va a ir haciendo lo mismo cada uno de los presentes. Si hay parejas/matrimonios suelen hacerlo juntos, incluso con sus hijos pequeños. Van pasando primero los familiares y luego el resto de los invitados. Una vez que todos procedieron se deja abierta la boca mientras se sirve lo que cada uno ha traído para compartir en la mesa, momento en el que se celebra con música y bailes”.

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Símbolos. Celsa Tolaba se prepara para iniciar el ritual de agradecimiento en la boca de la Pachamama.

Símbolos. Celsa Tolaba se prepara para iniciar el ritual de agradecimiento en la boca de la Pachamama.

Un compromiso

“Durante el transcurrir se suele acercar alguien a la boca y brinda con la Pacha derramando un poquito de la bebida que se acaba de abrir, o algo de lo que se está comiendo, o se enciende otro cigarrillo; si alguien va a fumar enciende uno para sí y otro coloca a la boca”.

Scetti cuenta cómo va terminando la jornada. “Los invitados suelen traer tierra de un terreno propio, por ejemplo, pidiendo a la Pacha el éxito y progreso en la construcción que allí se desea erigir. Al finalizar el día, antes de que caiga el sol en el horizonte, se acercan nuevamente todos los que quieren para despedirse con expresiones de agradecimiento y deseos de porvenir mientras el que inició el ritual deposita todo lo que ha quedado sin ofrecer aún de alimentos y bebidas. Para luego cerrar con ambas manos el pozo sobre el cual se clavan las botellas de vidrio alrededor, a modo de apacheta que indicará que en esa propiedad, allí se encuentra ‘la boca de la Pachamama’”.

Fanny Torres, la amiga de San Salvador de Jujuy que ha visitado Paraná y sus alrededores varias veces, explica el sentido del acto: “Es un momento de mucha espiritualidad y existe la convicción de que la madre tierra te abraza y te responde durante todo el año, el que se inicia con el ciclo de la siembra/cosecha. No solo se trata de pedir y agradecer por los alimentos, sino que se adquiere el compromiso de mejorar la calidad de vida sana, con mucha solidaridad hacia aquellos que menos tienen. No ser muy pretenciosos de acaparar bienes, en un beneficio muy individualista, sino más bien compartiendo todo lo que se recibe”.

Dice Celsa Tolaba desde Humahuaca: “agosto es el comienzo de la espera de un nuevo ciclo de vida reproductivo. Se pide que se pueda realizar una buena siembra y termine con una buena cosecha”. Y completa Américo Tolaba: “es tiempo de pedirle a la tierra que nos regale sus frutos. Aunque asechan algunas enfermedades y el viento norte-que para algunas personas es algo peligroso-, es un mes que renueva la gratitud y el gesto de brindar. Es el mes para dar de comer a la tierra, esto implica la entrega misma, entregar lo mejor de lo que nos da”.

En virtud de sus experiencias y conversaciones durante 15 años con comunidades que realizan estas ofrendas desde tiempos inmemoriales, Ana Delia Scetti sostiene que las celebraciones de agosto, con las corpachadas y la caña con ruda, generan “espacios de análisis sobre las problemáticas diversas de expoliación que se está realizando sobre la naturaleza. En el compromiso que se asume surge el propósito de la defensa y conquista de los derechos de la naturaleza -agrega la entrerriana-, que exigen al hombre un accionar responsable en frenar al ataque y desequilibrio al ambiente, proteger, preservar, legislar lo que sea necesario para su recuperación. De alguna manera, se trataría de recuperar la vida armoniosa en que coincide la cosmovisión de los pueblos originarios y milenarios de todo el planeta, y que el hombre moderno ha despreciado, vapuleado en nombre de la modernidad, el progreso…en fin, un ideario capitalista contra natura en esencia”, concluye.

Migraciones

“La difusión que va alcanzando esta ceremonia, tal como se concibe y realiza en las comunidades andinas, se debe a que el movimiento migratorio hacia otras provincias argentinas permite que migren también prácticas culturales fuertemente arraigadas como lo es la celebración de la Pachamama”, apunta Scetti. Y se apoya en una frase de su amiga Fanny Torres: “Llevan consigo esta actitud de fe hacia la madre tierra. Así van promoviendo y dando a conocer su realización al resto del país y en el extranjero. Porque la tierra es una, la casa de los habitantes planetarios es una”. Celsa Tolaba agrega una preocupación: “Es necesario que sea mucho más difundido por todo el territorio nacional porque no estamos valorando nuestra madre tierra, que es nuestra casa, su naturaleza en general. Somos indiferentes”. Américo, también de Humahuaca, señala que en muchos lugares no se valora a la Pachamama como merece, cuando “nos da todo”, y lo atribuye al desconocimiento.

Con ascendencia en pueblos criollos, indígenas o gringos, las familias de Jujuy y Entre Ríos cultivan lazos entre las montañas, los valles, las barrancas, los montes, los ríos, entre historias compartidas en la resistencia a tantos atropellos. Y en sus viajes y sus visitas mutuas recuperan fibras tradicionales que dan respuestas antiguas a problemáticas actuales. De paso, devuelven el sentido de pertenencia de las comunidades a la madre tierra, la Pachamama, que nada tiene que ver con los modelos modernos atados a cantidades y utilidades.

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