La profesora Enriqueta Torné abordó el problema de las deficiencias en torno a la lectura y comprensión, y la falta de cultura general, tanto de alumnos, docentes y profesionales. “Se habla sobre la falta de comprensión lectora de los chicos en la secundaria pero también es la de los estudiantes de Literatura”, remarcó la especialista en oratoria.
Enriqueta Torné: "Las pantallas anulan cogniciones que la lectura en papel desarrolla"
Entrevista con la licenciada Enriqueta Torné. Un hábito nocturno. Formadores: leer o leer. ¿Por qué los jóvenes no entienden lo que leen?
Por Julio Vallana
Enriqueta Torné: "Las pantallas anulan cogniciones que la lectura en papel desarrolla".
Los cuentos de la noche
—¿Dónde nació?
—En Paraná, en el Palacio Bergoglio, y a los dos o tres años se trasladaron a los monoblocks de Illia y Carbó, un barrio hermoso, donde nos criamos las tres hermanas. Cuando yo tenía nueve años murió mi padre, y mi madre con sus hermanas, mi abuela y primos, nos fuimos a vivir a calle San Juan 266, durante dos años, lo cual fue maravilloso; y en la adolescencia, a San Martín y Cervantes. San Martín no era peatonal, sólo una callecita, y cortaban el tránsito los fines de semana.
—¿Qué actividad laboral desarrollaron sus padres?
—Mi papá, un gran jugador de rugby en “La Primera Porteña”, de Estudiantes, era empleado de Bromatología de la Provincia, y mi mamá, modista.
—¿”Quemó” alguna etapa por la pérdida temprana de su papá?
—No recuerdo haber sufrido tanto, ni que fuera tan traumático, aunque es terrible perderlo en la niñez, pero nuestra madre, quien sufrió mucho, lo suplió, junto a la compañía de toda la familia, entre la cual se hablaba al igual que con los amigos.
—¿Se acuerda algo del palacio?
—Las galerías y los vecinos, y cómo entraba el sol.
—¿A qué jugaba?
—En el fondo de la parroquia Sagrado Corazón los chicos jugaban al fútbol y en el jardín de los monoblocks, a la mancha y la escondida, y en el Club Salta, al metegol y hacíamos travesuras.
—¿Leía?
—Sí, bastante en la adolescencia y en la niñez me leían.
—¿Algún libro influyente de los primeros?
—Mi padre tenía biblioteca, nos compraban libros infantiles, como Caperucita, y nos leía a la noche. Mi mamá nos contaba cuentos que inventaba, al igual que nos hacía rezar.
—¿Y en la adolescencia?
—De Leo Buscaglia, regalo de una tía, y Mujercitas.
—¿Otras aficiones?
—Desde los doce años jugué al hockey con las compañeras del colegio y me gustaba cantar, en los coros del colegio, e hice un poco teatro.
—¿Pensó hacer carrera con el deporte?
—No, porque era muy fiaca, aunque jugaba bien en defensa y tuvimos de profesor a Juan Alberto Bertonín, quien fue el iniciador, y nos llevaba a jugar a la Boca del Tigre y al Parque Berduc, porque no teníamos cancha. Dejé muchos años y retomé con las mamis.
Sin tantas estrategias
—¿Sentía una vocación?
—No recuerdo pero comencé a decir que sería docente. Mis tías son maestras normales, algunas de quienes fueron a trabajar al campo. La tía que más nos influía en la lectura era asistente social y fundaron la Escuela de Servicio Social. Con dos muy buenas profesoras como a “Suncho” Grippo y la señora Villagra me di cuenta de que me gustaba la docencia, aunque también pensé en ser maestra jardinera, porque me gustaban los niños, y me gustaba Psicología, aunque no había medios para estudiar en Rosario.
—¿Cómo se promocionaba la lectura por entonces?
—No había tantas estrategias como hoy se pretende en las bibliotecas y escuelas sino que simplemente se regalaban libros, al igual que entre amigos para los cumpleaños, como los de la Colección Robin Hood y Billiken.
—¿Materias predilectas?
—Lengua y Literatura, y Matemáticas no entendía nada. En el (colegio del) Huerto tuve francés y me resultaba fácil, porque fui a la Alianza Francesa, Latín y Gramática Histórica, por eso la carrera de Letras me resultó fácil, aunque Griego era difícil.
—¿Tuvo buenos formadores?
—Muy buenos. En ese momento la promoción de la lectura era en la casa o en la escuela, donde había buenos profesores y bibliotecas. La profesora Graciela Ghiggi, quien nos daba Lengua y Literatura, te hacía llevar y leer un libro, novela o cuento, por semana, hacer una síntesis y esquema de contenido, y luego preguntaba a cualquiera.
—¿Qué entendimiento le dio el francés, comparado con el español?
—Al ser una lengua romance proveniente del latín se vincula con la etimología y evolución de las palabras, como también sucede con el griego. También fui a la Cultural Inglesa cuando niña.
—¿Leyó literatura francesa?
—Sí, La Chanson de Roland, otros textos primitivos y algo de Víctor Hugo, como Los miserables, con el gran profesor Marquitos Rosenberg, en el Profesorado de Lengua, Literatura y Latín. Nos leía y nos hacía leer en francés. Ahora quiero retomar y nunca me anoto, aunque si escucho algo, entiendo. Además lo tuve cuatro años al profesor Miguel Andreetto, a María Reviriego y Graciela Lavigna. Luego hice la Licenciatura en Lengua.
—¿Le atraía algo particular de ese campo de estudio?
—La lectura, la gramática y la sintaxis.
—¿La lectura la incentivaba para desarrollar otras habilidades?
—Para escribir bien, de los temas que nos daban en la escuela y la relacionaba con la música y el cine.
—¿Hubo transformaciones mientras cursó en el instituto?
—No hubo grandes cambios. Estábamos en el viejo instituto, con la profesora Matteoda, donde había que ir vestido de determinada manera y nada que ver con lo que es hoy la Uader. Se estudiaba Gramática Estructural, luego tuvo otro nombre y cuando nos recibimos ya hubo cambios. En los 90 y 2000 aparecieron nuevas semánticas y planes, aunque no cambió la esencia de cómo se enseña la lengua.
Profesores mal formados
—¿Por qué se llegó a la actual tragedia educativa?
—No sé… Comencé en escuelas humildes y sencillas pero el nivel del docente, bien formado, y la respuesta del alumno siempre fueron excelentes, y había buenos proyectos de lectura. Tal vez comenzó cuando me estaba jubilando. Los últimos diez años, entre 2000 y 2010, trabajé en la escuela del CAE y también era excelente, aunque noté que ya no había profesores de Lengua, eran estudiantes y tenían muy poca formación.
—¿En qué se evidenciaba esto último?
—En la falta de cultura general y lectura. No estaban preparados para estudiar el Profesorado de Lengua, porque tenían errores de grafía, construcción y redacción, al igual que deficiencias en la oralidad. Lo noté porque también hice formación docente. En mi época iba gente que ya tenía formación en literatura y lengua, mientras que más actualmente lo hacían porque no tenían otra carrera o como salida laboral. Se habla sobre la falta de comprensión lectora de los chicos en la secundaria pero también es la de los estudiantes de Literatura, lo cual luego lo veía en las aulas del CAE.
—¿El del CAE es un modelo exitoso?
—Se busca un docente y educación de excelencia en los aspectos materiales y humanos, pero así y todo lo difícil es encontrar buenos profesores.
Teléfono: ¿sí o no?
—¿En qué momento la tomó la irrupción de la dominancia de las pantallas?
—Por suerte ya casi me estaba yendo (risas), porque no sé qué hubiera hecho, aunque en el CAE usaba el laboratorio de Computación y hacíamos algunas cosas, como por ejemplo los blogs. Sin embargo yo prefería leer y leer, oralidad y trabajos escritos. En cuanto a la computación, los chicos me enseñaban a mí, y tuve que aprender nuevas cosas, como el Power Point.
—¿Cómo gestiona el teléfono celular en sus clases?
—Lo mínimo necesario. Cuando dejé el ejercicio de la docencia secundaria no se permitía en el aula, solamente para algunos trabajos. En los talleres lo incorporamos como una herramienta, aunque no fundamental.
—¿Y en la facultad?
—Damos todo oral y con el Power Point, y pasamos material por Whatsapp.
—¿Lo utiliza en el aula?
—No.
—¿Es una norma general de la UCA?
—Se puede usar si el docente lo autoriza, por ejemplo para tomar una foto de un esquema o grabar. Pero escucho a colegas, por ejemplo de la Facultad de Derecho, en cuanto a que es un problema, porque lo usan para otra cosa.
Cultura y expresión pobres
—¿Cuándo comenzó a empobrecerse el uso de la lengua y lo comunicacional?
—No sé cuándo ni cómo; tal vez por la imposición de los medios (ver recuadro). Analizo el periodismo televisivo y radial de Buenos Aires, y no puedo creer que se pasaron estudiando una carrera seis años y hablan tan vulgarmente frente a un micrófono. Hablan la jerga y con la vulgaridad de la calle o de la cotidianeidad, con muletillas. No lo entiendo. Así debe ser el nivel en las aulas.
—¿Qué acontece en el ámbito pedagógico con el trato de la lengua?
—Soy profesora de Oratoria en la UCA, en el propedéutico, y en forma particular trabajo con una fonoaudióloga. Tengo ex alumnos del CAE que han ido a mis cursos de Oratoria, ya siendo estudiantes de carreras universitarias o profesionales, porque tienen deficiencias expresivas, como el uso de muletillas, y de variedad lingüística, además de con los contenidos y para argumentar. Antes había una cultura general, además de lo que uno se especializaba.
—¿Cuál es la facultad cognitiva menos desarrollada en los jóvenes?
—Primero, la capacidad de comprender profunda y conscientemente, y la de argumentar, desarrollar y conectar ideas, por el efecto que señalas los estudios en cuanto a que las pantallas y el celular anulan ciertas cogniciones, que la lectura en papel desarrolla, como la de ir y venir con la mente y con las hojas, la capacidad de concentración y profundización. Con la lectura, el cerebro no está tan receptor sino más activo, pensando y reelaborando, mientras que con la imagen es más pasivo, no tiene que elaborar tanto y se anula la neurogénesis. Hoy es todo lectura rápida, sin hacerlo bien y no sé cuánto queda de ello.
—¿Un caso?
—¡Son tantos; casos insólitos! Cuando hacía comprobación de lectura presentaban una fotocopia de una compañera que había hecho un resumen, con los mismos errores del original y palabras sobre las cuales no tenían ni idea. Mienten, vienen los padres y también mienten.
—¿Sus estrategias eficaces?
—No hacía grandes estrategias. En Lengua no se puede copiar, porque en comprensión lectora no pregunto algo teórico.
—¿Por qué no entienden?
—Porque no sé si no lo hacen o no practican comprensión lectora y el decir con las propias palabras, que debe ser desde tercero o cuarto grado, además de leer de corrido, así que llegan a primero o segundo año de la secundaria o a la universidad con graves deficiencias. Los maestros tienen que saber enseñar aquello en el aula, no sé por qué no lo hacen porque hay muy buenos libros de enseñanza y es fácil.
—¿Qué es la palabra en este contexto saturado de imágenes?
—Es fundamental y eficaz, porque es la acción viva de los sentimientos y contenidos. No se las lleva el viento, sino que son que quedan, son auténticas y hacen a las personas, porque hablan sobre sus vivencias, historias y pensamientos. En las palabras se dice todo.
—¿Qué pueden hacer quienes se alejaron de ellas?
—Las redes y las imágenes están bien, pero cuando uno quiere un momento de refugio, silencio e introspección, ella, el libro y la lectura, la que le guste, son el lugar de detenimiento y de no estrés, además de proporcionar concentración, quitar el estrés y el ruido. Una vez que se lo descubre, se da cuenta de lo mágico que es, aunque sea un rato por día.
“En los medios no se domina el idioma y falta formación”
La especialista en oratoria criticó la falta de dominio de la lengua en los medios de comunicación y otros ámbitos profesionales, y enumeró los libros con los cuales viajaría a una isla sin Internet.
—¿Qué libros en papel llevaría a una isla sin conectividad?
—Los que estoy leyendo ahora y no he terminado (risas): Hamnet (novela) y Una casa sola, de Selva Almada, además de uno de Borges, de Martín Kohen y de Beatriz Sarlo.
—¿Algún diccionario?
—Uno viejito que tengo o uno de dificultades y dudas.
—¿Recomendación para quien no se anima con Borges?
—Si no se animan a los cuentos, que son fáciles y lindos, como El hacedor, o Ficciones, por supuesto, puede ser poesía, Fervor de Buenos Aires, su primer libro. La gente le tiene idea pero se entiende.
—¿Cómo administra en su cotidianeidad la conectividad y lo informático?
—No soy del e-book ni nada de eso, aunque leía bastante en la compu y ahora en el celular, pero para páginas literarias o pedagógicas que me interesan. En mis clases de Oratoria incorporo, limitadamente, la tecnología.
—¿Autores que le ayudan para comprender y orientarse en este clima de época?
—Martín Kohan y (Santiago) Kovadloff, y la leía a Beatriz Sarlo, porque siempre están buscando la palabra viva, aunque reconocen la utilidad de la tecnología. Y, por supuesto, todo lo nuevo en oratoria moderna.
—¿Cuál es el mayor maltrato de la lengua en los medios?
—Falta la habilidad, al igual que en la gente, de ubicarse. Se pueden hablar todas las variedades lingüísticas, hasta una puteada entre amigos, pero en su debido contexto, porque si no es incoherente. En un barrio humilde no voy a hablar con términos científicos, sino con una jerga familiar o coloquial. No se domina el idioma en todas sus gamas y matices, siendo que es tan amplio, lo cual hace a la educación y formación. Además hay errores graves de gramática y lingüísticos, en profesionales y gente que estudió. Los abogados, por ejemplo, usan mal las locuciones latinas, tienen mala redacción y puntuación.
—¿Cuándo se dictan las formaciones en oratoria?
—Son cada mes y medio, seis encuentros de dos horas semanales, reducidos para diez o doce personas, con mucho entrenamiento, grupal y personal, en dicción, respiración, perder el temor oratorio y empatizar con el público, técnicas de influencia, organización del discurso y argumentación. También los damos donde nos llaman.
—¿Publican contenidos?
—Sí, Oratoria Paraná, en Facebook, y oratoriaparanaok, en Instagram.
Julio Vallana para UNO Entre Ríos

















