El 1° de junio es el Día Mundial de la Leche y es una buena oportunidad para hablar sobre uno de los alimentos más presentes en la mesa. Pasa muchos procesos desde el campo hasta la mesa. Argentina produce unos 12.000 millones de litros por año, de los cuales el 80% se consume y el 20% se exporta.
Desde el campo a la mesa: el proceso de envasado de la leche
Cada 1 de junio se celebra el Día Mundial de la Leche. Argentina es un país lechero históricamente ya que se produce más de 12.000 millones de litros por año.
Desde el campo a la mesa: todos los beneficios de la leche
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La leche forma parte de la vida desde la infancia. Pero, aunque se consume todos los días, muy pocos argentinos conocen su recorrido: desde los tambos hasta el desayuno, pasando por controles de calidad, tratamientos térmicos y tecnologías de envasado que permiten que llegue en óptimas condiciones, incluso sin refrigeración.
Argentina es un país históricamente lechero: produce unos 12.000 millones de litros por año, de los cuales el 80% se consume en el mercado interno y el 20% se exporta. El consumo per cápita ronda los 152,7 litros, según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina, aunque solo el 25% de la población conoce la porción recomendada: tres porciones de lácteos por día, según las guías de salud oficiales. Además, cerca del 35% de la leche se transforma en quesos, uno de los productos más valorados, junto con manteca, yogures y otros derivados.
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¿Cómo llega la leche a la mesa?
Todo empieza con la vaca, y sigue con rigurosos controles. El ordeñe se realiza bajo estrictas normas de higiene, y la leche se enfría rápidamente a 4 °C antes de ser transportada en tanques refrigerados a la planta de procesamiento, datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). Allí se somete a múltiples análisis: se evalúan niveles de grasa, proteínas, acidez y otros parámetros para asegurar su calidad antes de su procesamiento. Existen distintos tipos de tratamiento térmico. Uno de ellos es la ultrapasteurización (UHT), que calienta la leche a unos 135 °C durante apenas unos segundos, y luego se enfría. Este proceso elimina los microorganismos que podrían alterarla y permite que se conserve por más tiempo sin necesidad de refrigeración, siempre que el envase esté cerrado. Gracias a tecnologías de envasado aséptico, la leche entra en contacto únicamente con materiales esterilizados, lo que evita la contaminación. De esta manera, conserva sus propiedades nutricionales sin necesidad de conservantes. El envasado aséptico permite distribuir leche en zonas rurales, escuelas o comunidades sin acceso continuo a refrigeración, lo cual es clave para programas de nutrición infantil y asistencia alimentaria.


















