La Alta Sacerdotisa de la Diosa, Nadia Freyre, explicó el origen ancestral de las ofrendas a la Pachamama. En diálogo con Radio La Red Paraná (88.7) aseguró que los rituales invitan a agradecer, protegerse y recuperar el vínculo con los ciclos naturales.
El significado espiritual de los rituales de agosto por la Pachamama
Miles de personas en distintos puntos de América del Sur mantienen viva una tradición que combina diversas ofrendas a la Pachamama.
Por Aldana Martínez
El significado espiritual de los rituales de agosto por la Pachamama
Cada 1° de agosto, miles de personas en distintos puntos del país mantienen viva una tradición que combina la toma de caña con ruda y las ofrendas a la Pachamama. Para Nadia Freyre, Alta Sacerdotisa de la Diosa, estas prácticas trascienden la superstición y representan un modo ancestral de conectar con la naturaleza, agradecer a la tierra y prepararse para la etapa final del invierno.
LEER MÁS: Caña con Ruda, el clásico para celebrar a la Pachamama
"La Tierra no se rige por el calendario que inventamos nosotros. Lo que marca este momento son los ciclos naturales", explicó. Según indicó, esta época corresponde al período posterior a la parte más cruda del invierno, cuando antiguamente las comunidades celebraban haber logrado atravesar la estación más difícil.
En ese contexto se inscribe la tradicional caña con ruda. Freyre señaló que la bebida reúne las propiedades del alcohol y de la planta, a la que históricamente se le atribuyen cualidades protectoras y depurativas.
"La ruda tiene propiedades para limpiar y alejar lo negativo. No solamente se habla de parásitos físicos, sino también de lo espiritual. Es una manera de calentar el cuerpo, hacer una limpieza y pedir salud para atravesar lo que resta del invierno", explicó.
La especialista sostuvo que esta costumbre es propia del sur de Sudamérica y nació cuando las personas dependían completamente de los ritmos de la naturaleza para sobrevivir.
"Nuestros ancestros vivían de las cosechas. No existía un supermercado donde encontrar alimentos todo el año. La vida estaba completamente adaptada a los ciclos de la Tierra", señaló.
El descanso de la Tierra y el agradecimiento
Freyre explicó que agosto también es el momento destinado a honrar a la Pachamama, entendida como la Madre Tierra que alimenta, sostiene y da vida. "La Tierra nos da permanentemente. Nos da el suelo, el alimento, el pasto para los animales y todo lo que necesitamos. Si solamente recibimos y nunca damos, ese equilibrio se rompe", afirmó la sacerdotisa.
Por ese motivo, una de las prácticas más difundidas consiste en realizar un pequeño pozo en la tierra —que simboliza la boca de la Pachamama— para ofrecer alimentos como frutas, verduras o granos.
"Puede hacerse en un patio o incluso en una maceta. Lo importante no es el tamaño del ritual, sino la intención con la que se realiza. Es una forma de agradecer y devolver simbólicamente una parte de todo lo que recibimos durante el año", indicó.
Según explicó, este gesto puede realizarse durante todo el mes de agosto, ya que representa el período en el que la Tierra descansa antes de comenzar un nuevo ciclo de crecimiento.
LEER MÁS: Caña con ruda, en ayunas, una tradición de cada 1° de agosto
Una tradición ancestral, no una moda
Durante la entrevista, Freyre remarcó que estas prácticas no deben interpretarse como una tendencia espiritual contemporánea. "No estamos hablando de algo 'new age'. Esto es ancestral. Nuestros pueblos vivían respetando los tiempos de la Tierra porque dependían completamente de ella", sostuvo.
En ese sentido, cuestionó los modelos actuales de explotación ambiental y relacionó el cuidado del planeta con el respeto hacia la energía femenina. "Cuando se explota la Tierra de manera permanente, sin permitirle descansar, también se está simbolizando el abuso sobre la energía femenina. La Madre Tierra, el territorio y la mujer representan una misma energía de nutrición, cuidado y vida", expresó.
Más que un ritual
Para la sacerdotisa, el verdadero valor de estas celebraciones no reside únicamente en cumplir con un rito el 1° de agosto, sino en sostener una actitud coherente durante todo el año. "Tomar la caña con ruda o hacer una ofrenda sirve, pero después hay que preguntarse cómo vivimos todos los días. ¿Honramos realmente a la Tierra? ¿La cuidamos? ¿Respetamos a las mujeres que nos rodean? Si no existe esa coherencia, ningún ritual por sí solo produce un cambio", reflexionó.
Finalmente, recordó que este período también coincide con la festividad conocida como Imbolc —o Candelaria, dentro de algunas tradiciones espirituales—, que simboliza el surgimiento de la primera luz luego del invierno. "Encender una vela blanca, verde o marrón representa esa pequeña luz que empieza a aparecer antes de la primavera. Todavía no llegó el renacer de la naturaleza, pero ya comienza a asomarse la vida", concluyó.
El rol del sistema y el consumo
En ese sentido, planteó que el consumo también forma parte del respeto hacia la naturaleza. "¿Qué productos consumimos? ¿Estamos comprando frutas o verduras fuera de temporada? Si queremos determinados alimentos durante todo el año, hay una explotación de la tierra para satisfacer ese consumo. También ahí se honra —o no— a la Madre Tierra", explicó.
Para la sacerdotisa, el verdadero homenaje consiste en asumir la responsabilidad sobre las decisiones diarias y comprender las consecuencias que tienen sobre el ambiente. "La Tierra no es un regalo que recibimos de nuestros padres; es una herencia que dejamos a nuestros hijos. Esa frase nos obliga a pensar qué mundo estamos construyendo para las próximas generaciones", reflexionó en diálogo con UNO.
Durante la entrevista, Freyre también cuestionó la lógica de consumo permanente que, según consideró, impulsa el sistema económico actual. "Estamos programados para consumir y para sentir que nunca alcanza. Siempre aparece algo nuevo que supuestamente necesitamos. Vivimos en una sensación constante de carencia", afirmó. A esa lógica sumó una crítica hacia determinadas formas de entender la espiritualidad y la religión, donde, según señaló, predomina la idea de pedir constantemente.
LEER MÁS: Caña con ruda: ¿Cómo se realiza correctamente el ritual?
"Nos enseñaron a pedir: pedir a Dios, pedir a los santos, pedir soluciones. En cambio, los pueblos originarios vivían sincronizados con los ciclos de la Tierra. Había momentos para sembrar, para cosechar, para pedir, pero también para agradecer, descansar y devolver", explicó. Asimismo, advirtió sobre ciertos discursos espirituales que atribuyen exclusivamente a las personas la responsabilidad de su situación económica.
"No podemos decirle a alguien que es pobre porque 'no vibra en abundancia', cuando existe una estructura política, económica y social que genera pobreza y obliga a muchas personas a tener dos o tres trabajos sin llegar a fin de mes", sostuvo. Finalmente, consideró que, aun dentro de esas estructuras, cada persona puede decidir desde qué lugar vivir. "Si entramos en el juego del sistema, vivimos desde la queja, la carencia y el pedir permanente. La invitación es preguntarnos qué podemos hacer nosotros, desde nuestro lugar, para recuperar el equilibrio y dejar de alimentar ese círculo", concluyó.

















