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Selección de Nuevos Cuentos por Matías Finuccicuri

Panzas verdes

Cuentos para las infancias con perspectiva regional. Convocatoria conjunta de Editorial Municipal Paraná, CGE, Facultad de Humanidades de Uader, Diario UNO y El Once.

Miércoles 21 de Abril de 2021

¿Estás loca?

Hacía muchísimo calor. En Entre Ríos, dormir la siesta en verano es una costumbre porque nadie se anima a salir a la calle. Tanto calor hace que una vez Juana rompió un huevo en el asfalto para ver si se hacía. ¡Y se hizo!

—¡Salí de la calle! ¡Venite a la sombra que te vas a achicharrar! —, le insistió su pequeño vecino Bauti desde la ventana de su casa.

Juana es muy curiosa. Siempre anda investigando porque todo lo que pasa en el mundo le llama la atención. “Juana, sos muy inquieta, compórtate”, le reclamaba su mamá. No me quieto nada, solía contestarle. Es que según Juana, en ese pueblo nunca pasaba nada interesante y como el universo está lleno de cosas raras y lindas, no se las quería perder. Y menos en vacaciones, cuando no veía a su seño de ciencias que le enseñaba muchísimas cosas.

Juana estaba parada en medio de la calle observando detenidamente con sus binoculares cada rama de la fila de árboles de la vereda.

—Juana, ¿sos sorda? ¡El sol!

—Me puse protector solar y gorro.

—Juana, por favor. Te puede chocar un auto.

—Es de siesta nene. ¿Qué auto va a pasar? —le contestó sin dejar de observar los árboles.

—Por favor Juana —vení le rogó Bauti juntando las palmas de la mano y poniendo cara de angustia.

—Qué pesado que sos Bauti. Te voy a hacer caso porque con tus gritos vas a espantar todos los pájaros. ¿No ves que si me pongo debajo de los árboles no puedo ver bien lo que hay en las ramas? Necesito estar lejos.

—Hacé silencio Juana. Me da miedo que te lleve la Solapa.

—¡¿La qué?! JAJAJAA-. Juana estalló en una risotada burlona.

—¡Sshhhhh!! ¡Callate! Vas a despertar a todo el mundo. ¿No conocés a la Solapa?

Justo cuando estaba por explicarle, sintió que algo chiquito y duro lo golpea en la frente. Pilar, su otra vecina, estaba subida al Paraíso agazapada esperando el momento perfecto para disparar con su cerbatana hecha de caña.

—¡Ayaaa, Pilar! Otra vez molestando con esas frutitas de porquería. Te dije que basta con eso.

Colgada cabeza abajo, festejaba su puntería simulando que le apuntaba con una mira telescópica.

—Hace tres horas que estoy esperando para tirarte. Y vos Juana, ¿qué haces con ese aparato? ¿Qué estás buscando?

—Un caburé.

—¿Un cabu qué?

—Un caburé. Es como una lechuzita con unas plumas re lindas y…, bueno…

—¿Y para qué la querés?-, le preguntó Pilar sentándose en la rama porque ya le dolía la cabeza de estar colgada.

—Para hacerme un payé y encontrar mi príncipe azul para casarme, tener hijitos y ser feliz-, le contestó Juana con una entonación romántica.

—¿Azul?-, interrumpió Bauti-, ¿qué le pasa, le falta el aire?

—Aahhhmmmm… a los que le falta el aire se ponen morados, nene.

—Más aahhmmm tenés vos que querés buscar un príncipe en Entre Ríos –se burló Pilar mientras bajaba del Paraíso para defenderlo a Bauti que seguía apoyado en la ventana-. Además, ¿de dónde sacaste que para ser feliz te tenés que casar?

—De acá, mirá.

Juana sacó algunos libros de cuentos de su mochila y los puso en la vereda cuidando de no aplastar ningún bicho bolita.

—¿Ven? Ahí muestran cómo las princesas son re mil felices cuando se casan. Y según internet, si consigo una pluma de caburé voy a poder hacer un payé, que es un hechizo para que un príncipe se enamore de mí. Bueno, en realidad no dice príncipe, pero yo quiero...

—Uno azul, ya lo dijiste.

—Chicas, por favor. Entren a casa -, volvió a insistir Bauti con voz temerosa-. Puede venir la Solapa…

—Otra vez con eso-, interrumpió Pilar mientras se paraba abruptamente-. Ustedes se creen cada bobada.

—No son bobadas - le contestó Juana muy ofendida mientras guardaba sus cuentos-. Total a vos qué te importa si me quiero casar con un príncipe o un marciano.

—Lo que me molesta es que tengas que andar sacándole una pluma a una pobre lechuza que no tiene la culpa que vos andes leyendo esas bobadas.

Juana estaba tan fastidiada que le sacó la lengua mientras cargaba su mochila y se alejaba continuando su búsqueda.

—Mirá lo que hiciste, Pilar. Pobre Juana. La hiciste enojar. ¿Qué hacemos? ¿La acompañamos?

—No, Bauti-, contestó Pilar con una voz grave y simulando los programas de superhéroes-. Esto es un trabajo paraaaa…

Silencio. Suspenso.

—¿Para quién Pilar? ¿Para los bomberos?

—¿Qué decís? ¿Qué bomberos? ¡Este es un trabajo para las Panzas Verdes!, anunció levantando el dedo índice, sacando pecho y hundiendo la panza.

—¿Te referís a esas señoras que pasan a veces por acá?

—No Bauti, esas son doña Coca y Doña Quita, y se visten de verde porque dicen que ese color las hace más flacas. Yo me refiero a…

Bajando la voz y mirando hacia los costados asegurándose que nadie la estuviera mirando, se acercó al oído de Bauti y le explicó a quiénes se refería.

—Ahhh…, claro, las Panzas Verdes. Bueno, suerte. Yo te acompañaría, pero viste que… bueno, ya sabés.

—Sí. La Solapa. Si la veo, le voy a decir que se deje de molestar.

Juana no había tenido que caminar mucho para llegar a un lugar un poco más abierto donde había mucho más árboles. Se sentó en un terrón de tierra que se había formado con la sequía y desde allí apuntaba con sus binoculares hacia los postes de los alambrados en los que solían posarse algunas lechuzas de campo. Quizás sean primas y les puedo preguntar si vieron algún caburé, pensó.

La tranquilidad era abrazadora. Se podía escuchar cada uno de los susurros de la naturaleza: el canto de las chicharras, el aletear de alguna perdiz, ladridos de perros que llegaban de lejos, y el pasto aplastado por algo que se arrastraba.

—Ese sonido no es normal. O es una víbora o el pasto se está prendiendo fuego. Que sea una culebra, por favor-, dijo cruzando los dedos y cerrando los ojos.

Se dio vuelta. No encontró nada. Pero su mochila estaba abierta y ella estaba segura de que la había cerrado porque la última vez se le había metido un sapo. Decidió revisar la mochila y encontró una lapicera que no reconocía. Alguien la había depositado allí. Juana era muy atenta y jamás metería una cosa así sin darse cuenta. Miró a su alrededor y descubrió algo:

—Ya basta ustedes tres. Las estoy viendo. Sus orejas las delatan.

Tres liebres muy suaves y distinguidas que estaban camufladas con la hierba se levantaron lentamente y se sacudieron los yuyos que habían quedado pegados en sus vientres.

—Ahh… por eso les dicen las Panzas verdes. Yo pensé que era porque tomaban mucho mate.

Las tres liebres se limitaron a realizar cortitos y veloces movimientos con sus hocicos y a mirarla atentamente.

—¿Ustedes dejaron esta lapicera?

—Sí —contestó la liebre del medio con una voz suave pero firme.

—¿Es mágica?

—No. Es azul.

—¿Y si no es mágica para qué sirve?

—Para que escribas tu propio cuento.

—¿Y en ese cuento puedo escribir que me voy a casar con un príncipe azul?

—Y fucsia si lo deseas. Pero también puedes escribir lo que se te ocurra. Puedes imaginar miles de caminos posibles.

—Entiendo —dijo Juana muy pensativa.

—¿Ves estos libros que traes? Todos dicen lo mismo. ¿No te parece que sería divertido ponerles tu propia letra?

—Sí…, ¡la verdad que sí! —gritó Juana definitivamente entusiasmada.

Guardó los libros, los binoculares, les rascó las pancitas a las tres liebres que entrecerraron los ojos de placer, y con la birome en la mano emprendió el regreso a su casa mientras imaginaba su propia historia.

Sobre el autor

Texto de Matías Finuccicuri. "Biológica y profesionalmente nacido en Paraná, aunque con un memorable paso previo por Rosario donde estudié y junté recuerdos que llevo tatuados a fuego en varias partes de mi subjetividad. El compromiso social me empujó a trabajar en educación en cárceles, y la indignación por lo que estaba haciendo con lo que habían hecho de mí, me impulsó a emprender estudios de género y derechos. Con ambos condimentos elaboré un arma de deconstrucción masiva que uso para enseñar, molestar en encuentros sociales y escribir cuentos infantiles (no sé cuál de las tres cosas incomoda más)", nos cuenta.

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