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"Nunca sabés qué tan profundo puede llegar una canción"

Contó el origen de la nueva versión de su tema "Color Esperanza", que ahora regresa con un fin solidario junto a otros 30 músicos populares

Lunes 25 de Mayo de 2020

Por Rodolfo Bella

Existen canciones que el público se las apropia como bandera. Ahora es el turno de Color esperanza, lanzada en 2001, y que en el pico de la pandemia comenzó a circular en videos de varios países de Latinoamérica. Así como en Italia resurgió el himno antifascista Bella Ciao o en España Resistiré como símbolo de unidad y estandarte contra la incertidumbre que genera el coronavirus, en la región la elegida espontáneamente por la gente fue la obra escrita por el cantautor rosarino Coti Sorokin junto al productor Cachorro López y con la colaboración de Diego Torres. Torres, que fue su intérprete original, contó cómo surgió este proyecto que reúne a muchas de las estrellas más destacadas de la música latina (ver aparte).

“Creo que la canción refleja lo que muchos sentimos y atravesamos”, dijo el artista desde Miami en una comunicación vía Zoom sobre esta nueva versión lanzada en colaboración con Sony Music Latiny la asociación internacional de activismo Global Citizen. Los recursos obtenidos serán destinados a la Organización Panamericana de la Salud y sus esfuerzos en contra del Covid-19 en las Américas. El video, un mapa musical de los ritmos de Latinoamérica con un mensaje de optimismo y con un fin solidario, puede verse en el canal de YouTube deSony Music Latin.

—¿Cómo surge este proyecto y por qué se eligió esta canción específicamente que fue un éxito en 2001?

—Esto en realidad fue otra vez obra de la gente, como en el 2001, cuando salió la canción y empezaban a llegar los videos en las escuelas cantando Color esperanza en un momento tan complicado en nuestro país. Ahora, casi 20 años después, volvieron a llegar los videos desde España, México, Argentina, Paraguay, Colombia, Dominicana, en los balcones, en un hospital, la policía, en la calle. Eso fue como una señal como para decir algo tengo que hacer con eso. Nuevamente la gente sacaba la canción a la calle como una bandera. Eso, en época de pandemia, donde uno está como regulando vulnerable y razonando en baja, me reactivó también a reencontrarme con Coti (Sorokin), con Cachorro (López) con quien empezamos toda esta locura de Color esperanza, que estábamos desencontrados por caminos diferentes, y poder reencontrarnos, poder hablar, decirnos las cosas, sanear nuestras relaciones, y desde ahí arreglar la matriz y contarles esta idea y empezar a armar este proyecto.

—¿Qué hizo un clásico de “Color esperanza”? ¿Cuál es el concepto que impactó tanto en el público?

—Creo que la canción refleja lo que muchos sentimos y atravesamos. Siempre digo que los latinoamericanos somos especialistas en crisis. No somos alemanes, sabemos de riesgo país, de inflación, tenemos el dólar blue, gris, amarillo, verde, todos los colores, y si no pasa nada inventamos o traemos un quilombo (risas). Creo que esta canción, que para mí es más de lucha, es esa esperanza que se pierde, del tipo que está empantanado como dice la canción, que necesita cambiar el aire y salir adelante, y esto tan simple pero tan contundente de que alguien te puede dar un consejo y saber que se puede, pero que si vos no lo aplicás o no querés que eso suceda, nada va a suceder. La gente hizo de la canción un reflejo y la tomó como una especie de himno o mantra. Las historias de vida que me encontré con esta canción me siguen superando casi 20 años de su salida.

—¿Cuál fue la más impactante de esas historias de vida que mencionás?

—Hay una que es bastante reciente y contundente. En el acto de fin de año del colegio de mi hija, se me acerca la mamá mexicana de una compañera y me dice qué loco encontrarte acá porque mi madre murió de cáncer y todo el proceso final de su enfermedad solo escuchaba mantras y “Color esperanza”. Y me mostró un video de la madre en sus últimos días, abrazada por detrás por su hijo, y escuchando la canción en una atmósfera tremenda. Entonces uno se dice qué loco lo que puede provocar una canción. Y hay gente que ha tenido otras historias de vida, con accidentes, enfermedad, separaciones. Hasta tengo una prima instrumentista casada con un cirujano que me manda videos de gente pariendo con mis canciones. Nunca sabés que tan profundo puede llegar una canción.

—Decías que en Latinoamérica somos especialistas en crisis y que si no hay una, la inventamos. ¿Por qué se da esa situación tan recurrente en la región?

—Creo que porque tenemos los mismos problemas. Nuestros gobiernos, que a veces dicen una cosa y terminan haciendo otra, la corrupción y la falta de orden que hace que sea tan difícil en nuestros sistemas, no hablemos de gobiernos, sino de sistemas, de administraciones de un país, de instituciones que tienen que ser bien administradas. A los latinoamericanos nos cuesta mucho llevar el orden. Y lo que diagrama uno, viene el siguiente y lo rompe y lo hace al revés, y los beneficios que hay en el medio para uno y para otro. En otros países, y ni hablemos de Noruega o Suecia, logran ser ordenados, tienen una manera de vivir tan diferente a la nuestra que a nosotros que nos resultaría imposible. Ellos entran en una crisis y no saben qué hacer y nosotros somos especialistas en eso. A lo mejor compartimos esos problemas y sabemos luchar y salir adelante. Quizás la diferencia es que nosotros lo vivimos de otra manera, somos más tango, más sufridos, y a medida que vas subiendo por Latinoamérica eso va ocurriendo de una manera un poco más cadenciosa.

—¿Cómo ves el panorama a la salida de esta crisis?

—Es lo que nos estamos preguntando todos. Creo que necesitamos tener algunas respuestas en esta incertidumbre de ver cómo va a terminar este virus, entre invierno, verano, contagios, subidas, bajadas; una vacuna que nos de una tranquilidad para poder flexibilizar y poder volver de a poco a nuestras vidas y después el razonamiento que cada uno haga. Creo que es un momento propicio para el que puede y se lo permite, poder pensar, repensar cómo veníamos en nuestra vida y cómo estamos y dónde queremos ir; cuántas cosas teníamos alrededor al pedo que no necesitábamos, y cuántas cosas teníamos que no nos dábamos cuenta lo importantes que son. Creo que todos estamos añorando los abrazos, los encuentros, las libertades que teníamos, sobre todo los que viajamos mucho por trabajo.

—Se dice que de todas las experiencias se obtiene un aprendizaje. ¿Sos optimista con respecto al tipo de aprendizaje que significará esta pandemia?

—Ojalá... pero como diría Fontanarrosa, pandemia de pelotudos va a haber y es la más difícil (risas). Creo que en estas situaciones quedamos expuestos a qué clase de seres humanos somos, si somos solidarios, responsables, coherentes. Creo que va a haber de todo.

—Hubo iniciativas como la de Elton John, que recaudó 8 millones de dólares, o One World, que organizó Lady Gaga también con Global Citizen, con 128 millones de dólares, y en Rosario está la agrupación Canción Urgente que realiza acciones solidarias. ¿Por qué hacen esto los artistas? ¿Es parte de la responsabilidad de la fama en algunos casos o de ser voceros de las urgencias del mundo?

—Creo que los artistas demostramos tener sensibilidad y conciencia civil, cuando a veces somos como bicho raros que andamos pululando por ahí. El otro día le escuché decir a Nacha Guevara algo en lo que coincido, y es que por momentos no saben qué hacer con los artistas. Y en realidad no dejamos de ser personas y seres humanos como cualquiera. Uno es periodista y escribe en un diario, otros escribe canciones y otro las canta, otro actúa, o es técnico o ingeniero, cada uno en su oficio. Y creo que la sensibilidad del artista hace que movilice este tipo de sentimientos, de hacer conciertos, generar proyectos que puedan ayudar. Creo que todos, cada uno desde su lugar en la sociedad podemos hacer algo. Lo bueno de este proyecto es que nuestro público a la vez es cómplice en el buen sentido. Y también está bueno que las empresas que puedan ayudar o generar proyectos lo hagan. Y ahí volvemos a lo mismo. Que ayudes al Estado para que el Estado esté bien administrado y destine bien esos fondos. Siempre siento la preocupación cuando te vienen a buscar porque tenés una carita conocida para algún proyecto de donación. Yo tengo mucho respeto y mucho cuidado y pienso en cuál será la finalidad. Muchas de las cosas que hago no se promocionan porque prefiero ir directo a ver qué necesitás, si son instrumentos para chicos de bajos recursos que quieren estudiar música, vamos a tratar de conseguirlos, y poder asistir y ayudar a quien lo necesite en cosas que son necesarias. Ahí también se ve el orden del Estado. En esta situación que estamos viviendo, para mí el Estado queda expuesto cómo esta funcionando. Ojalá que sea coherente con los que estamos viendo en Alberto Fernández, con Kicillof, con Larreta, de mostrar unidad, porque este problema nos atraviesa como sociedad horizontal y verticalmente; que dejemos un poquito de lado la contienda de ver de qué lado estamos o cómo pensás con la que nos mantienen a todos distraídos peleándonos. Me parece que es de adolescente entrar en ese juego. Argentina necesita empezar a salir de la adolescencia democrática y empezar a transitar otra instancia. A lo mejor esta pandemia nos sirve como señal y ordenemos las prioridades.

—En el otro extremo de los artistas internacionales, hay músicos, actores, técnicos, la industria del cine y millones de trabajadores en todo el mundo de todas las disciplinas que están pasando un momento complejo y de gran incertidumbre. ¿Qué mensaje les darías a estas personas?

—Estamos todos preocupados porque no soy solamente yo. Tanto en el cine, donde no somos solamente los actores, que también estamos preocupados por su trabajo, sino también técnicos, asistentes, plomos, seguridad, transporte, logística, ojalá que los espectáculos puedan volver, que la gente tenga la tranquilidad de volver a asistir a los espectáculos. Yo estoy en contacto con productores y actores que están con proyectos y producciones, porque también algo bueno estaba pasando y es que ahora toda la tecnología estaba cambiando, la televisión tradicional estaba mutando por la llegada de las plataformas, como le pasó a la música. Hay un montón de contenidos que estaban haciéndose y ahora cayó esto y paró todo. Es una pena porque es una marcha y contramarcha y ojalá se pueda trabajar con equipos reducidos.

—Volviste a colaborar con Coti Sorokin después de un momento de desencuentro. ¿Cómo fue el reencuentro?

—Creo que fue bueno y muy sano. Creo que nos debíamos ese reencuentro y un poco también nos reíamos porque decíamos tiene que venir una pandemia para volver a conectarnos. Armamos un chat que tenemos con Cachorro, él y yo para poder decirnos las cosas y darle el valor el uno al otro. Yo estoy profundamente agradecido a Coti y a su aporte como compositor, y lo mismo con Cachorro con quien aprendí todo de esta industria, hice mis primeros discos y viví un montón de historias inolvidables. Creo que fue muy sano poder reencontrarnos y darnos cuenta que no podíamos ir en contra de la naturaleza, que la gente orgánicamente nos tiraba la canción de nuevo y ahí le conté de este proyecto y estoy feliz de que me estén acompañando y de que Coti esté cantando su canción. Mirá todas las cosas que provocó esto. Para afuera todo este proyecto con los artistas, y para adentro este tipo de reencuentro que son las partes buenas de la pandemia.

—¿Qué canción te inspiraría escribir este momento después de que vuelva la normalidad?

—Estoy trabajando una canción nueva y con el director estamos haciendo la escaleta del video para poder producirlo con un equipo reducido. Apareció en esta época de pandemia. Es una canción que escribí con Jorge Villamizar, de Bacilos y un gran amigo, y me parece que está buena porque es un poco el hecho de razonar en épocas de pandemia. Es un poco lo que a mí me gusta hacer en las canciones, incluso hay un poco de catarsis ahí. Tengo una idea muy simpática para el video, pero está todo muy verde, me parece que está bueno porque es lo que hacemos los artistas. ¿En estas situaciones qué hacemos? Lo que sabemos hacer es te acerco una canción a ver si te sirve.

—¿Qué planes tenés como actor?

—Ahora se estrenó la tercera temporada de la serie mexicana “Run, Coyote, Run”, que trata de un pueblo de frontera, en el límite con Arizona, con el muro en el medio. Es un pueblo que subsiste por el narcotráfico y por el tráfico de personas a través del muro. Es de Gustavo Loza, con un realismo mágico como los mexicanos saben contar estas cosas crudas. Me llamaron para hacer una participación en la tercera temporada como un estafador argentino que cae ahí a venderles un desarrollo inmobiliario. Tengo otros proyectos pero estamos todos a ver cuándo empezamos. Amo el oficio de actor y lo voy a seguir haciendo siempre que pueda en proyectos que me signifiquen desafíos y aprender.

El equipo de los sueños

La versión 2020 de Color esperanza cuenta con la participación de su intérprete original, Diego Torres, en compañía de algunas de las estrellas más sobresalientes de la música latina: Rubén Blades, Camila, Camilo, Pedro Capó, Coti Sorokin, Dilsinho, El Cigala, Farruko, Fonseca, Kany García, Leonel García, Gente de Zona, Leslie Grace, Nicky Jam, Lali Espósito, Ara Malikian, Dani Martín, Mau y Ricky, Prince Royce, Rauw Alejandro, Reik, Río Roma, Carlos Rivera, Ivete Sangalo, Thalía, Angela Torres, Manuel Turizo, Jorge Villamizar (Bacilos) y Carlos Vives.

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