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Músicos presentan "Signos", un disco colectivo contra el neoliberalismo

La obra incluye canciones, proclamas y poemas. Participan artistas populares con trayectoria en diversas partes del mundo.

Martes 26 de Noviembre de 2019

Arranca el español Nacho Vegas, con un certero alegato sonoro contra el fascismo. Se llama “A les rexes de la cárcel”. Le sigue el uruguayo Leo Maslíah, con otro cuyo nombre va de suyo: “Neoliberalismo”. Allá por el medio se lo escucha al argentino Vicente Zito Lema, narrar “De los cielos”, acompañado por la agrupación El violinista del amor y los pibes que miraban. También a la argentina Luciana Jury, cuya tremenda voz baña de energía visceral una versión de “Oh pajarillo que cantas”. Hacia el final de la lista, los Inti Illimani hacen “Noviembre”.

Todas ellas, y 38 piezas más, entre canciones, proclamas y poemas, pueblan un trabajo descomunal. Un disco posible porque existe alguien que se llama Tomás Bradley, tipo que se mueve como pez en las aguas subterráneas de la cultura popular. Hay que conocerlo. Es músico y, como tal, dirige, toca y compone en una de las agrupaciones musicales más originales de la era: La Lija. Es, además, un militante del arte y, como tal, comanda un lugar clave: Hasta Trilce. Por él, y por ciertos laderos imprescindibles (Guillermo Pintos, entre ellos) nació la obra, cuyo título sugiere la intención: Signos (Pronunciamiento global por un no al neoliberalismo).

“Puede parecer pedante creer que cabe aclararlo, pero valga el riesgo: los ‘signos’ no son señales”, advierte el batallador Bradley, acerca del nombre del trabajo que acaba de ser lanzado mundial y virtualmente, a través del sitio www.signoscontraelneoliberalismo.com.ar. “Sabemos que las señales, las direcciones, los ‘qué’ y los ‘cómo’ para que el pueblo se defina, resuelva y camine hacia su autodeterminación se las darán, en sus trances particulares, esos mismos pueblos. A los artistas corresponde curar o inventar los lazos que unen a los sujetos con sus espacios, realidades y épocas”, desarrolla él, adentrando palabras sobre una labor colectiva que también incluye creaciones o interpretaciones de artistas de 15 patrias.

Entre ellos, Silvio Rodríguez (Cuba), Isabel Parra (Chile), Rolando Goldman, Teresa Parodi, Cristina Banegas y Liliana Herrero (Argentina); Martirio (España), Mariem Hassan (Sáhara Occidental), Roy Brown (EE.UU.), Gabriella Lucia Grasso (Italia), Ana Prada (Uruguay), y Bidinte (Guinea-Bissau).

“Otra de las intenciones de este disco es expresar que hay algo, aquí nominado como neoliberalismo, que es pensado, sentido, vivido y conceptualizado como una cultura ‘for domination’ y que muchos artistas hemos llegado a convenir que nos atraviesa sin cuidarse de latitudes ni longitudes”, anuncia el cerebro de la titánica tarea. El arte de tapa es una obra de León Ferrari, que imaginó una sucesión de cintas de Moebius entrelazadas. También participaron el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la murga “Esa te la debo”, el sello español Nube Negra y el argentino Acqua Records, entre otras organizaciones, abocadas a la producción y el apoyo general.

La convocatoria de los artistas no se realizó al modo clásico, sino a través de un cara a cara, o de cadena de conocidos, que tuvieran parecidas visiones sobre el tema. “Hubo, por expresarlo de algún modo, un ‘yo conozco a tal que conoce a tal y que creo que le puede interesar’, o un ‘yo tengo el teléfono de este, capaz nomás que…’, en fin, así fue”, cuenta el músico. “En efecto, en el pronunciamiento que acompaña al disco nos disculpamos por este procedimiento que tiene mucho de incidental, de aparente arbitrariedad, y decimos ‘ni estamos todos los que son, ni somos todos los que comparten el pronunciamiento manifestado’. No pretende este proyecto, quiero decir, agotarse aquí. Ojalá se realizaran muchos más en el sentido general de este. El fin no fue solo juntar canciones, como creo queda claro, sino trabajar para componer lazos rotos durante mucho tiempo”.

La cantautora italiana Gabriela Lucía Grasso opinó: “Tengo una esperanza que crece cada día en mis deseos, el hombre comienza a mirar menos a sí mismo y más a los que lo rodean. En este sentido, Signos, en tanto trabajo artístico, tiene el gran mérito de poder crear valor. Y es sobre esta base que las cosas pueden cambiar asumiendo voluntades de compartir, y de paz. Los artistas tenemos el deber de difundir mensajes de armonía y ética, porque el arte siempre llega directamente al corazón sin pasar por el juicio. “Spara Ora”, mi aporte en este maravilloso proyecto, la escribí especialmente. Fue fácil hacerlo. Todo bajó de una vez, como si el texto y la música los estuvieran esperando.

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