Belén Céspedes es artista visual y su mirada sobre el hecho artístico excede ampliamente ese campo, porque suma una actitud ecológica y la consideración de un contexto, incluyendo el cuidado ambiental, más amplio a la del simple individuo en situación creativa. El arte y el proceso. Basura y creación. Digitalización, tiempo e imposición.
"Lo duro se ablanda con el arte y resulta más fácil de digerir"
Entrevista con Belén Céspedes, artista visual. Academia sesgada. El arte y el proceso. Basura y creación. Digitalización, tiempo e imposición.
Por Julio Vallana
"Lo duro se ablanda con el arte y resulta más fácil de digerir" dijo Belén Céspedes.
Más pobres y basura
—¿Dónde naciste?
—En Paraná, hace 43 años; en 1983, justo cuando la brecha entre la digitalización y lo analógico, en las cuales se desarrollan mis prácticas artísticas.
—¿En qué barrio?
—En avenida Laurencena, donde vivo, cerca del Club Ministerio, la Escuela Estrada y el barrio Macarone. A los 20 años me fui a vivir a Buenos Aires durante once años y volví al lado de la casa donde vivía cuando era niña.
—¿Cómo era en tu infancia?
—Siempre estuvo igual, salvo enfrente, que está la Shell que ocupa casi toda la cuadra, pero las casas de alrededor permanecen iguales. Ahora hay más basura, como en todos los barrios, y gente que la revuelve constantemente. También motos con escapes libres que hacen picadas.
—¿Otros cambios sociales?
—Por entonces éramos todos niños y ahora casi no hay, y sí muchos adultos mayores. También hay gente que duerme en la placita, lo cual preocupa a la gente mayor que hace compras. Macarone creció mucho y mejoró con la urbanización, asfalto, luz y cloacas.
—¿A qué jugabas?
—Mucho en los árboles, donde hacíamos casas y comíamos sus frutos, y andábamos en bici y patines.
—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?
—Mi mamá es docente de italiano, casi jubilada, porque da algunos talleres y clases, y mi papá era empleado de comercio, pero en su corazón es radioaficionado. Así que por ahí viene mi curiosidad por lo tecnológico.
Desarmar y dibujar
—¿Sentías una vocación?
—Siempre quise ser guardaparques y vivir en el bosque, pero cuando comencé a indagar en la tecnología, siendo muy chica, desarmaba cosas que no podía armar. Pero no pensé en dedicarme a algo que tuviera que ver con eso. Siempre dibujé, me incliné hacia las artes visuales y me gusta la música.
—¿Cómo era la relación con tu papá en cuanto a su actividad como radioaficionado?
—Para mí era muy fácil acceder a la tecnología y sus herramientas porque me enseñaba; desarmaba y me retaba porque no podía armarlo. Me enseñaba y me decía que no lo dejara así. También siempre pintó y dibujó. Desde chica me mandaron a la Escuela de Artes Visuales, fue importante y lo recomiendo, más allá de las ganas del niño o de que le veamos una veta artística, porque mueve y ablanda sensaciones y sensibilidades que de grande comienzan a atrofiarse.
—¿Lo primero fue el dibujo?
—Sí, en mi casa, luego me mandaron a la escuela, tuve una maestra particular e hice una formación tradicional, aunque las estructuras rígidas no me contenían y no me gustaba hacerlo figurativamente. Una tía también nos motivaba.
—¿Qué dibujabas?
—Aparatos, naves espaciales, personas y comics, y escribía historias.
—¿Leías?
—Bastante, poesía y ciencia ficción, y de adolescente le perdí el gusto. Mis abuelos también eran muy lectores.
—¿Algún libro influyente?
—El más importante y maravilloso es uno de la infancia, Otroso, de Graciela Montes, sobre un grupo de niños que descubren un túnel y desarrollaban ciertas tecnologías para llegar a otros lugares y comunicarse entre ellos.
—¿Formadores importantes?
—Una docente de la Escuela Normal, en sexto y séptimo, Liliana Temporelli, de Lengua y Literatura, que nos hacía leer, razonar y sensibilizar. Mi maestra de jardín de 4 y 5, Graciela, a quien hasta hace poco veía, apoyaba mucho las cosas nuevas y raras que surgían en los niños. Luego, docentes de la Escuela de Arte.
—¿Qué otras materias te gustaban?
—Matemáticas y Química; las materias de arte nunca estuvieron bien en las escuelas y el plan de estudio era muy precario. En la secundaria tuve una maravillosa profesora de Educación Física que no solamente nos enseñaba a correr y deportes, sino también RCP y formas de ayudar al compañero.
—¿Cómo conviven el gusto por lo exacto y el arte?
—Todo está vinculado y trato de hacerlo, aunque las ciencias duras las vinculé con la literatura, porque me inspiraron para escribir, y no tanto con las artes visuales. En Química tuvimos que explicar los aminoácidos y se me ocurrió hacerlo a través de la poesía, lo cual se lo facilitó a algunos compañeros. Lo duro se ablanda con el arte y es más fácil de digerir.
—¿Mostrabas todo lo que escribías?
—Algunas veces sí, aunque no tanto cuando era chica, y he encontrado cosas que me pregunto por qué las escribí. Lo hacía mucho antes de dormir y cuando me despertaba. A los 20 años comencé a mostrar más, dejé y hace poco publicamos, gracias a la Editorial Camalote, un poema.
—¿Desarrollaste otra afición?
—Danza, durante varios años, fui a teatro, en un taller de la Normal y en La Hendija, candombe, con Pablo Suárez, y cuando fui a Buenos Aires quise estudiar música, pero dejé porque tenía que trabajar. Por eso me dedico al arte sonoro, para vincularlo con las artes visuales.
—¿Qué hiciste al terminar la secundaria?
—Estudié dos años de Terapia Ocupacional, en Santa Fe, porque tenía un tío abuelo que se dedicaba a eso y me inspiró mucho. Pero no era lo que tenía que hacer porque era una carrera bastante vinculada a la medicina. Me fui a Comunicación Social, estudié cine, volví a las artes visuales, y cuando comencé, me fui a Buenos Aires.
—¿Con qué idea?
—Sentía que no había cosas que me motivaran a seguir acá.
—¿Qué referencias tenías?
—Consumí mucho arte y viajaba a ver a muestras y galerías en Buenos Aires, donde había personas que me guiaban.
—¿Algo te resultó disruptivo?
—Fui al Malba, que no es de los lugares que más me gusta, me paré delante de un cuadro de Frida Kahlo y dije: esta mujer, con todo lo que sufrió, siguió pintando, pensando y haciendo. Ver ese recorte de su vida fue increíble y me marcó mucho a la hora de decir apuesto y no hay nada que perder, por intentarlo. Ahora en Paraná hay muchos artistas que nos fuimos y volvimos, lo cual me parece importante, si te gusta.
—¿Qué es lo que te limita de los formatos de enseñanza?
—Lo académico, y no por desprestigiar porque formo parte de la Escuela de Artes Visuales, que es uno de los lugares más hermosos que conozco, pero tiene sus falencias y necesidades. Es erróneo pensar que de la única manera en la cual se hace arte es a través de la academia o algo tradicional, o que el mejor artista es el que mejor representa o copia un retrato dibujado. Hay parámetros como el perfeccionismo o de hacer todo de acuerdo al mundo que, si bien se tratan de correr o reacomodar, siguen siendo muy fuertes.
—Es un enfoque, pero se estudian todas las corrientes artísticas.
—En realidad no se ven todas, aunque ahora está cambiando la forma de enseñanza.
—¿Por qué dicho sesgo?
—Porque algunas personas o sectores siguen pensando que hay una sola forma de hacer arte y de validarlo, que para ser artista hay que tener validación académica o social, o que hay que tener obra finalizada. La diferencia es que se puede ser artista de cualquier manera y cualquiera puede serlo, aunque reconocerse como tal es otra cosa. La práctica artística tiene que ver con los procesos. La obra no es sólo un cuadro colgado en una pared, o una escultura, sino que hay que considerar que fue pintado en un taller, con un material elegido, rodeado de gente, música, condiciones, animales, tu propia historia… Es el proceso y lo que pasa después con la gente que mira la obra e investiga, la gente que convoca para mostrar la obra… El proceso también se puede mostrar, porque también es la obra.
—Si aquel criterio fuera válido quedaría gran parte de la historia del arte sin considerar.
—Claro. Desde muy chica me gustó Da Vinci, más allá de lo que después se conoció, porque fue un artista que inventaba cosas y pensaba el arte de otra manera, no sólo como hacer un retrato a la reina o la condesa. Incorporó su curiosidad y forma de desarrollar. Si lo pensamos sólo como un dibujo o un cuadro, nos limitamos mucho. Era un inventor, que vivió en una época, con sus problemas, y guió a mucha gente.
Ambiente, sociedad y arte
—¿El arte con reciclado es por una actitud ecológica o por su potencial creativo?
—Las dos cosas, porque desde muy chiquita fui bastante ecologista y lo de desarmar aparatos me hizo entender que lo desechado tiene una gran potencia no sólo por la posibilidad de reutilización de sus partes, sino por su historia. ¿Por qué se dejaron de producir los CD y los reproductores? Por el capitalismo y el consumo que necesita que compremos cosas constantemente, pero nadie te explica que podés seguir escuchando discos. Escucho discos de vinilo, CD y casetes, y me encantan, más allá de que puedas hacerlo en tu celular. Pueden convivir. Hago cosas con basura porque no se pueden conseguir fácilmente materiales, por el costo. Es no sólo por mí sino por el planeta. Hay gente que no para de tirar cosas a la basura así que cómo voy a seguir comprando plástico. Si veo un teclado tirado, lo rescato. En la facultad tenemos un laboratorio de ciencia, arte y tecnología, así que como no hay dinero para comprar insumos, la idea es la retroalimentación. Aprendemos cómo funcionan las cosas, las desarmamos y quedan plaquetas, componentes electrónicos, motores, luces y engranajes para el laboratorio. En cuanto al arte también es necesario pensar qué traemos al mundo, porque si seguimos consumiendo, también producimos contaminación.
—¿Qué descubriste, artísticamente, a partir de esta mirada?
—Me hizo prestar más atención a lo que hago, al contexto y lo que pasa. Somos quienes modificamos el mundo con el consumo. Por ejemplo, qué pasa con un árbol si compro un lienzo, en vez de armarlo yo en mi casa con cosas que encuentro.
Ida y vuelta
—¿Qué encontraste al retornar a Paraná tras once años?
—Lo hice porque quería otras cosas, estaba agotada de la gran ciudad, trabajaba en el microcentro y era un desastre. Tuve que decidir entre el arte y el laburo.
—¿Tu trabajo tenía proximidad con lo artístico?
—Para nada, trabajaba en una oficina, así que le presté atención a otras cosas que pasaban, lo cual psicológicamente me hizo muy mal. Estaba todo el tiempo trabajando y lo único que hacía en paralelo era un taller de percusión, que más o menos me anclaba a la realidad, sino estaba todo el tiempo disociada.
—¿Por qué perdiste la conexión con lo creativo?
—Me comió la necesidad de pagar el alquiler y comer, lo cual no es sencillo. Volví, aterricé, no me vinculé en lo más mínimo con Paraná y luego de un par de años retomé los estudios en la Facultad de Artes Visuales, porque esa gente siempre fue muy amorosa y es un espacio que contiene. Mi error fue trasladar al contexto la responsabilidad de no encontrar el lugar, cuando en realidad hay que crear el propio. Si falta algo, buscarlo, aunque no es fácil y no todos pueden hacerlo. Busco generar espacios no sólo para mí, sino con personas que compartimos inquietudes y curiosidades, y otras que no las tienen. Las artes visuales son importantes, aunque no se les da la importancia de otras artes. Ahora sucede más, por la Feria de Artes, el fortalecimiento de los salones municipal y provincial, La noche de los museos y la de las galerías, y más espacios y dispositivos independientes, como el Almacén de los 33 y A la vuelta de la esquina. Hay muchos artistas, increíbles, y mucho potencial.
—¿Hay un panorama local más rico?
—Está floreciendo, porque hay espacios y artistas nuevos, y el Estado responde, con todas sus falencias, a inquietudes. Estamos restaurando esculturas en espacios públicos que durante mucho tiempo fueron vandalizadas.
“Hay que pensar qué y para qué generamos con la IA”
La docente de la Escuela de Artes Visuales enfatizó en la importancia de reflexionar sobre el cambio tecnológico para evitar las imposiciones propias de la digitalización y con el fin de convertirla en una herramienta más.
—¿Cómo evaluás la aceleración de la innovación tecnológica, y la omnipresencia de las pantallas?
—Estuve en Chile, trabajé con gente de la tercera edad y tienen otra dimensión del tiempo, lo cual me fascina, no solamente en lo humano. Porque pienso, cuánto demora un mineral en formarse? En términos de una piedra, el pasar de las imágenes por una pantalla no existe. Hay que enfocar en algo que pasa y darle su tiempo, no el del mercado o los poderes. La digitalización es una imposición; la tecnología no está para que nos use, sino para usarla. No me parece mal generar imágenes o textos con IA, pero hay que pensar cuáles y para qué.
—¿Qué sensibilidad artística percibís en los nativos digitales?
—Los espacios de encuentro con los cuales soñamos son de crítica y debate. No generalizo pero hay pibes interesados en el arte, nacidos en 2000 y que nunca pusieron un casete o compraron música, que critican lo que pasó a partir de que nos digitalizamos, e indagan. ¿Por qué no escuchar un disco de vinilo o tomar fotos con una cámara con rollo? Doy un taller de arte y tecnología para adolescentes, y una chica quería escuchar un casete, para saber sobre su mecanismo. Lo digital no invita a profundizar sobre cuál es la tecnología.
—¿Cuál es tu punto de equilibrio entre tecnología y arte?
—Dedico tiempo a indagar y lo hago con las nuevas tecnologías porque a veces me quedó atrás, pero también pongo un disco, leo un libro o charlo con mis amigas o familiares, sin el celular al lado ni tomando fotos. La tecnología no es sólo la nueva y para mí la charla lo es, porque tiene un mecanismo y una función.
—¿Cuánto hay de arte en obras que sólo "viven" digitalmente, como los NFTs?
—Es arte. En la facultad lo debatimos, porque hay mucha impronta y demanda en ese sentido. En el salón provincial del año pasado uno de los chicos de Artes Visuales seleccionado, participó con una obra digital hermosa.
—¿Existe esa categoría?
—No, la presentó como pintura, sobre lo cual hay que repensar qué es. Es arte siempre que se piense cuál es el soporte, y por qué se hace digitalmente y no con pincel. No es lo próximo ni desplaza a todo lo demás, es un soporte más.
—¿Y la IA que hace arte?
—La IA es Google más rápido, generada por humanos y no produce sola. Hay muchos artistas que trabajan con IA y la entrenan para hacer lo que quieren, porque es una herramienta, un material más. Sin embargo, el arte tiene que ver con algo único.













