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Mosaiquismo, el simbólico placer de tomar lo roto y transformarlo en arte

Desde hace más de 10 años, Claudia Maiolo se dedica a esta técnica que le permitió conectarse con su historia y también sanar.

Miércoles 01 de Abril de 2020

El encuentro de Claudia Maiolo con el mosaiquismo, la técnica con la que plasma su arte, fue fortuito. O no tanto. “Sucedió allá por 2009 o 2010; yo tenía un trabajo en el que andaba caminando por la ciudad, y en las Cinco Esquinas vi a un grupo de empleados de arte de la Municipalidad y estaban haciendo un mural que habla sobre las almas de los desaparecidos… me atrajo al instante. Me acerqué, estaba trabajando una mujer, Diana González, y le pregunté dónde enseñaban. Ella me explicó que eran empleados, pero me dijo ‘si querés venite a la tarde y podés ayudarnos un rato’. Y eso hice, me tomé el colectivo y me fui muy entusiasmada, me dieron un balde con color y me dijeron ‘pegá acá’. En el dibujo pude interpretar que era un alma. Y creo que todo tuvo mucho que ver conmigo porque mi padre era uno de los desaparecidos. Entonces, ahí empezó en mí ese trabajo interno de poder expresar artísticamente, sanar. Ahí estaba yo haciendo un alma. Después de eso volví a mi casa súper feliz, porque se había movilizado en mí todo eso. Fue una invitación hacia eso que me había dolido tantos años atrás”, contó a Escenario.

La inspiradora historia de Claudia quizás tenga una conexión metafísica con su arte. Precisamente, la palabra mosaico proviene etimológicamente de la palabra griega “musa”. Al principio las musas fueron tres: Aedea (el canto, la voz), Meletea (la meditación) y Mnemea (la memoria). Juntas representaban las precondiciones del arte poético. Voz, reflexión y memoria fueron las claves que guiaron a Claudia hasta este antiguo arte.

Tiempo después decidió ir a un taller para aprender la técnica, compró herramienta, materiales y armó un taller en su propia casa. “Me senté en un rincón y trabajé durante horas. Empecé a contar mi historia a través de mi trabajo, mis primeras obras hablan mucho de mi vida”, manifestó.

Lo que la atrapó del mosaiquismo es que la técnica es, en sí misma, una posibilidad de reconstruir: marcar un azulejo, cortar, y luego transformar: “Tenés la posibilidad de rearmar el material, el ver los pedazos, todo roto y poder transformarlo en algo. Les digo a las chicas en el taller que cuando vuelvan a sus casas traten de hacer silencio y preguntarse qué es lo que están queriendo expresar y por qué. Como con cualquier otra técnica o disciplina, como cuando dibujamos o bailamos”.

Justamente, el proceso de hacer un mural –o incluso una obra más pequeña– comienzan por una pregunta: ¿Qué quiero contar, qué quiero decir? Luego, la artista plasma el boceto en su taller personal y después llega el momento de colocar los recortes de mosaico en el espacio elegido.

Una de sus obras más grandes está ubicada en el Sindicato de Empleados de Comercio, cuyas medidas son de 4,50 por 1,80 metros. “La más figurativa de mis obras es el mural del empleado de comercio, porque engloba tantas vidas. Pude plasmar el centro de la ciudad, la gente yendo a trabajar en colectivo, hablar del tiempo, las horas que dan día a día los empleados de comercio”, comentó.

Además de crear, desde hace dos años Claudia se dedica a enseñar la técnica en Madreselva, su taller: “Enseñar la técnica es hermoso, siento mucha alegría cuando veo la felicidad de mis alumnas cuando logran lo que se propusieron, cuando se van contentas a sus casas con algo que ellas mismas hicieron. Además me gusta que se logra un vínculo en el taller, esto de dar y compartir, enseñar y aprender del otro. El arte me sanó y me llenó de satisfacciones, y poder enseñarlo es algo hermoso. Estoy esperando que pasen estos días de guardarnos y cuidarnos para volver a con todas las ganas”.

Actualmente, en estos tiempos de cuarentena Claudia está abocada a un proyecto personal. “En el mural de Madreselva estoy tomándome mi tiempo, porque es un espacio mío, no es un encargo para alguien más. Ahora estoy revistiendo una escalera de cemento y se me dio por hacer el mar, porque justo hay una pileta con una canilla. El agua para mí tiene que ver con las emociones. Creo mucho en las energías, en que estamos todos conectados y me encanta porque el creer es crear”.

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