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Diez años del caso Pomar: la familia accidentada invisible durante 24 días

El auto volcado estaba a 40 metros de la ruta y sin embargo la Policía no lo detectó. Durante ese tiempo se divulgaron todo tipo de versiones.

Domingo 08 de Diciembre de 2019

La familia había iniciado el viaje en su automóvil el sábado 14 de noviembre de 2009 desde la localidad de José Mármol rumbo a Pergamino, en la provincia de Buenos Aires. Estaba compuesta por Fernando Pomar, su esposa Gabriela Viagrán, y sus hijas menores de edad Candelaria y Pilar.

Durante 24 días estuvo desaparecida hasta que el martes 8 de diciembre de ese año las autoridades hallaron los restos de sus integrantes dispersados alrededor de su propio automóvil, a 50 metros de la ruta. Las pericias indicaron que habían sufrido un accidente automovilístico el mismo día de su partida. El caso conmovió al país y ocupó los principales diarios y noticieros.

Hoy se cumplen 10 años del caso Pomar, uno de los más escandalosos de la historia argentina reciente.

Entre la desaparición y el hallazgo de los cuerpos de la familia se dijeron muchas cosas. Que los Pomar tenían problemas económicos y escapaban por las deudas. Que Fernando Pomar mató a su esposa y a sus hijas, y después se suicidó. Se dijo que los habían secuestrado. Que él estaba en el negocio de la efedrina. Se dijo que los vieron en Chile, en Río Negro, en Ameghino, en Mendoza y en el patio de comidas de un shopping. Hablaron psicólogos, vecinos, periodistas y hasta videntes. Fueron todavía más los que opinaron cuando apareció la foto de Pomar en el peaje de Villa Espil. Se dijo que en el Duna rojo estaba solo, sin su familia, o que era obvio que pedía ayuda. “¿Quién pone esa cara frente a una cámara de peaje?”, repetían.

“La abducción de la familia Pomar es posible”, dijo Fabio Zerpa en el living de Animales Sueltos, cuando el programa era más de espectáculos que político. La Policía allanó la casa de José Mármol cuatro veces. Se llevó computadoras y dibujos de las nenas para detectar indicios de violencia familiar o abuso.

Casi un mes después, los Pomar aparecieron. Siempre habían estado en el mismo lugar: a metros de la ruta que se sabía habían tomado. El padre de Fernando Pomar tenía casa sobre ese camino y ellos solían atravesarlo para llegar a Pergamino. La familia lo había dicho hasta el cansancio. Nadie escuchó.

Desinteligencias

Mientras la desaparición era misterio, el Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires ordenó a su secretario de Investigaciones, Paul Starc, que coordinara la búsqueda. “Una hipótesis es que los Pomar hayan decidido salir del país”, fue una de las declaraciones de Starc. “Se han analizado todas las llamadas al 911, alrededor de 200”, dijo.

A los Pomar los encontraron el 8 de diciembre de 2009 en la Ruta 31 “a 39,5 metros desde la curva interna de la banquina”, 40 kilómetros antes de llegar a Pergamino. Estaban en un monte descuidado, el único en medio de llanura verde. La policía nunca los vio.

El 16 de noviembre, Casimiro Flores estaba apoyado en la ventana del primer piso de un micro de larga distancia cuando vio el auto rojo, las ruedas para arriba. Cuando regresó a su casa, llamó al 911 para contar su sospecha: esos podían ser los Pomar.

Los llamados se atendían en la DDI de Pergamino. Ahí, descartaron la denuncia de Casimiro. Especularon que ese punto no podía ser: agentes del destacamento de Gahan lo habían recorrido sin traer novedades. Así figuraba en las actas.

La investigación judicial posterior involucró a 12 policías, entre ellos los que desestimaron el llamado de Casimiro Flores. Siete fueron exonerados, otros, suspendidos por 60 días. Ese fue el castigo.

Solo llegaron a juicio tres policías con rango de teniente por la falsificación de actas. Daniel Arruvito y Luis Quiroga recibieron la orden de recorrer la Ruta 31 “haciendo hincapié en cunetas y debajo de los puentes”.

Los sentenciaron a un año y dos meses de prisión en suspenso en 2017. Meses después, la Cámara de Apelaciones de Junín revocó esas penas, las únicas del caso.

Poco antes de que se cumpliera una década de la tragedia, el juzgado en lo Contencioso Administrativo de Mercedes responsabilizó a la Dirección de Vialidad y al Gobierno de la provincia de Buenos Aires por la muerte de Gabriela, Candelaria y Pilar. Así, la Justicia consideró que la responsabilidad fue del Estado, tanto por las malas condiciones de la ruta como por “el deficiente servicio prestado en la búsqueda”. El resarcimiento, para la Justicia, es dinero: Franco, hijo de Gabriela, y su abuela deberán ser indemnizados.

Franco es un sobreviviente. Hoy tiene 23 años y vive en Pergamino. Nunca subió al auto que marcaría el destino final de su madre, sus dos hermanas y la pareja de su mamá. Se quedó estudiando para la escuela.

Conclusión

Las palabras de Franco resumen el caso. “Esa ruta, como tantas otras en la Provincia, era un desastre, estaba llena de pozos. En el mismo lugar, habían ocurrido muchísimos accidentes, lo dijeron todos los vecinos. Era casi intransitable. La arreglaron después del accidente por todo lo que se armó. Lamentable”, dijo esta semana al diario Clarín.

Y agregó: “La búsqueda fue espantosa, pero de esa manera funciona el Estado. Ni la fiscalía ni los policías tenían preparación para casos como éste, ni para hacer lo que se debía. Por eso se demoró tanto”.

Con relación a aquellos días, recordó: “A medida que pasaban los días iba entendiendo menos. Se decían tantas cosas, no sabía qué pensar. Hoy no puedo creerlo, es una vergüenza que haya habido tanta inoperancia y tantas mentiras”.

El joven, que estudia para martillero, concluyó: “En 24 días no hicieron nada. Hacían creer que estaban haciendo. Decían que había miles de efectivos rastrillando ¿Me van a decir que no iban a ver un auto al costado de la ruta? La investigación fue absolutamente inoperante, sin clara dirección, todo improvisado sobre la marcha”.

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