Con la llegada de las primeras jornadas frías, las lanerías volvieron a ocupar un lugar protagónico en Paraná. Los locales especializados comenzaron a registrar un fuerte movimiento desde el primer fin de semana con bajas temperaturas y, junto con la venta de hilados, también crecieron las consultas por talleres y actividades vinculadas al tejido. Es que detrás de cada madeja aparece hoy un fenómeno mucho más amplio: una práctica que combina moda, creatividad, terapia emocional, encuentro social y hasta oportunidades de emprendimiento.
La demanda en lanerías y talleres de tejido en Paraná tomó envión con el frío
Las lanerías y profesoras de tejido destacan un fenómeno que combina abrigo, creatividad, terapia y encuentro y que se activa en esta época.
Por Vanesa Erbes
Vanesa Erbes/ UNO
Las lanerías registran mayor movimiento por el frío
En comercios históricos de la ciudad, el cambio se sintió apenas llegaron las bajas temperaturas. “Estábamos esperando el frío”, resumió a UNO Patricia Costa, referente de Patrylan, un comercio con más de 30 años de trayectoria en el rubro. Según contó, el movimiento comenzó con fuerza desde el viernes pasado y explotó durante el sábado, incluso pese al viento y la jornada con muy baja sensación térmica. “Se hace demasiado larga la espera para que llegue el frío”, admitió entre risas.
La escena se repite cada invierno, aunque este año el fenómeno parece haber llegado con más intensidad. Las clientas buscan desde las tradicionales lanas cashmilon hasta opciones fantasía, matizadas y extra suaves. Entre todas, hay una que se convirtió en la estrella de la temporada: la llamada “lana koala”, un hilado extremadamente suave y voluminoso que permite confeccionar prendas rápidas, abrigadas y visualmente atractivas. “Es furor”, aseguró Patricia. Y la velocidad con la que se concretan los proyectos parece explicar parte de su éxito. “Una clienta se la llevó el sábado y el domingo ya estaba estrenando un cuello”, relató.
Tiempos modernos
Las redes sociales y los tutoriales también empujan esta nueva fiebre lanera. Muchas personas llegan al local con capturas de Pinterest, videos de TikTok o modelos vistos en Instagram. En algunos casos, incluso reciben orientación allí mismo sobre cómo trabajar determinados materiales. Porque el universo del tejido dejó hace tiempo de ser exclusivo de especialistas o de generaciones mayores. “La idea de que esto es solamente para abuelas quedó atrás”, sostuvo Patricia, y destacó que en su negocio tienen grandes ofertas para aprovechar.
Por otro lado, contó que en los talleres que dictan en su local conviven hoy niñas de seis años, adolescentes, mujeres adultas y personas mayores de más de 80 años. Los más chicos suelen acercarse atraídos por los amigurumis –los populares muñecos tejidos de origen japonés– mientras que otros descubren técnicas como macramé, telar, bordado o crochet contemporáneo.
El fenómeno tiene además una raíz emocional y social muy marcada. La pandemia funcionó como un punto de inflexión para muchas personas que encontraron en el tejido una forma de atravesar la ansiedad, el aislamiento y la incertidumbre. Algunas abandonaron el hábito después de la cuarentena, pero otras lo sostuvieron y hoy forman parte de una comunidad creciente.
Espacios de encuentro
Marcela Giménez, tejedora y profesora del taller Gío-Pío Tejidos en Paraná, aseguró a UNO que el tejido vive un verdadero renacimiento cultural. Y aclaró que no se trata solamente del crochet o las dos agujas tradicionales: también crecieron técnicas como macramé, bordado, telar y distintas fusiones textiles que incluso aparecen en marcas de moda y pasarelas. “Cuando empieza el fresquito las agujas se desempolvan”, describió.
En su caso, comenzó en 2010 con un pequeño emprendimiento personal y hoy coordina talleres donde participan niños, adolescentes, adultos y jubilados. Según explicó, muchas personas llegan buscando algo más que aprender una técnica. Algunos quieren relajarse, otros necesitan despejarse mentalmente y muchos encuentran también una posible salida económica. El macramé, por ejemplo, atraviesa un momento de auge gracias a la demanda de decoración artesanal y productos hechos a mano.
Pero para Marcela, el valor más profundo del tejido aparece en otro plano. “Yo le llamo el yoga del tejido”, comparó. La explicación surge de la experiencia cotidiana: los movimientos repetitivos ayudan a concentrarse en el presente, bajar la ansiedad y desconectarse por un rato de las preocupaciones diarias. “La gente viene y se olvida de todo aunque sea por una o dos horas”, comentó.
Los talleres, en ese sentido, se transformaron en espacios de pertenencia y encuentro. En Patrylan funcionan desde hace más de dos décadas y hoy tienen actividad prácticamente toda la semana. “Hay gente que hace 10 años que viene porque se siente bien con el grupo y con las profesoras”, señala Patricia Costa.
Aunque existen tutoriales, cursos online y plataformas virtuales, el encuentro presencial sigue conservando un valor especial. Compartir una mesa, consultar dudas en el momento o simplemente conversar mientras avanzan las agujas sigue siendo parte esencial de la experiencia.
Modas y colores
La estética también cambió. Esta temporada predominan los tonos bordó, terracota, marrones y gamas uva o violeta, aunque las tejedoras siguen priorizando el gusto personal antes que las tendencias estrictas. “Puede estar de moda, pero no siempre queda bien a la cara. Cada uno elige lo que le gusta”, resumió Patricia.
En paralelo, evolucionaron las texturas y materiales. Las lanas actuales son más suaves, livianas y amigables con el ambiente. “Antes las prendas picaban mucho más”, recordó por su parte Marcela, quien destacó que hoy existen hilados sintéticos mejorados, fibras más confortables y mezclas pensadas para reducir el impacto ambiental.
También resurgen técnicas antiguas resignificadas para el presente. Uno de los ejemplos es el llamado “crochet fusión”, que combina tela y tejido artesanal recuperando saberes heredados de generaciones anteriores. “Estamos trayendo nuevamente cosas del baúl de los recuerdos”, explicó Marcela.
A la par del auge creativo aparece además otro fenómeno: el regreso de la reparación y la reutilización. En los locales especializados ya no se venden solamente lanas. Muchas personas llegan buscando cierres para camperas, elásticos, cintas, aplicaciones o materiales para reciclar prendas. En tiempos de bolsillos ajustados, arreglar también volvió a convertirse en tendencia.
En ese contexto, el comercio físico encuentra una ventaja difícil de reemplazar frente a internet. “El asesoramiento personalizado no te lo da nadie”, aseguró Patricia. Según relató, es frecuente que personas que compraron online terminen frustradas porque eligieron mal el material o calcularon incorrectamente la cantidad necesaria. En el local, en cambio, reciben orientación específica sobre qué comprar y cómo aprovechar mejor cada proyecto.


















