El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°24 condenó este viernes a 20 años de prisión al estilista que mató a su compañero de trabajo Germán Medina dentro de una peluquería del barrio de Recoleta, en marzo de 2024. En el debate, la fiscal general Ana Helena Díaz Cano había solicitado una pena de prisión perpetua al considerar que Abel Guzmán (45) había actuado con alevosía.
Condenaron a 20 años de prisión al estilista que asesinó a su compañero dentro de una peluquería
La Justicia condenó a Abel Guzmán a 20 años de prisión por asesinar a su compañero de trabajo dentro de una peluquería en Recoleta.
No obstante, los jueces Javier Esteban de la Fuente, Maximiliano Dialeva Balmaceda y Marcelo Roberto Alvero consideraron a Guzmán responsable de los delitos de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y privación ilegal de la libertad agravada por haber sido cometida con amenazas. Los fundamentos de la decisión se conocerán el próximo 14 de mayo.
Además, el tribunal dispuso, en línea con la solicitud que había hecho el MPF, que se obtenga el perfil genético del ahora condenado, de acuerdo a lo previsto en el artículo 4 de la Ley 27.759, que creó Registro Nacional de Datos Genéticos Vinculados con la Investigación Criminal.
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Los conflictos que precedieron al homicidio
Al comienzo de la exposición, la Fiscalía General N°15 ante los Tribunales Orales en lo Criminal y Correccional, representada por la fiscal general Díaz Cano y el auxiliar fiscal Maximiliano Levit, relató que Guzmán trabajaba hacía una década en la peluquería “Verdini” —ubicada en Beruti 3017—y que si bien sus servicios eran muy demandados, desde hacía varios meses venía con roces con sus compañeros de trabajo por la utilización de formol para los tratamientos capilares de las clientas.
“Las quejas de Medina sobre Guzmán se ven reflejadas en el grupo de WhatsApp cuando el jefe incluso le indica que no use más el producto”, rememoró la fiscal, que explicó que la víctima era quien lo confrontaba directamente. A ello le agregó que quedó evidenciado que existía un clima de tensión, a lo que se le sumaba la decisión del dueño de recortarle tareas y sacarle las llaves de la peluquería.
Según indicó, el 20 de marzo de 2024 Guzmán llegó a la peluquería y aunque era un día normal, recordó que los testigos mencionaron una serie de “conductas erráticas” y que el hombre estaba “más aislado y callado que nunca”. Además, la fiscal hizo hincapié en la reunión que había tenido con el encargado del local, donde el ahora condenado le había manifestado que “terminaría todo” y que necesitaba “paz mental”.
Una película de muerte
La fiscal Díaz Cano reconstruyó lo sucedido después de que se terminara la jornada, mientras los empleados se encontraban reunidos y en un ambiente relajado. En ese momento, Guzmán tomó las llaves que estaban en un estante, cerró las puertas y ventanas, se acercó a sus compañeros y se quedó detrás del grupo.
En ese contexto, Guzmán le preguntó al dueño si tenía algo para decirle, a lo que el hombre le respondió que hablarían al día siguiente. “De manera prepotente y desafiante, le contestó que quería hablar ahora y sacó de entre sus ropas el arma”, describió la fiscal.
“Lo que era una reunión distendida se volvió una película de muerte: todos fueron apuntados, sometidos, los amenazó de muerte y les ordenó que no se muevan”, sostuvo y recordó la amenaza que les propinó, según dijeron los testigos: “No se muevan porque les vuelo la cabeza a todos”.
Para la fiscalía, el temor de las víctimas los dejó neutralizados, lo que Guzmán aprovechó para accionar su arma mientras la víctima permanecía totalmente quieta. “Fríamente, sin que se le observe nerviosismo ni duda, dirigió su accionar a Medina, que estaba sentado y no representaba ningún peligro”, describió.
“No hubo discusión ni altercado físico: le disparó a escasa distancia sin que nada ni nadie lo obstaculizara. Lo fusiló, lo ejecutó con un disparo que fue directo, preciso y mortal”, recalcó la fiscal Díaz Cano al respecto del asesinato. La víctima falleció minutos después, a pesar de que fue trasladado rápidamente al Hospital Fernández.
Para la representante del MPF, Guzmán actuó aprovechándose de la confianza que había en su lugar de trabajo. “No hubo una reacción improvisada. Todo fue planificado y dirigido para culminar en el fusilamiento y muerte de Medina”, afirmó y recordó que el propio imputado no negó la autoría de los hechos.
“No fue una reacción súbita e incontrolada, hubo una planificación del hecho”, sostuvo luego y consideró que la herida de la víctima mostraba la “eficiencia, suficiencia y letalidad del disparo”.
Un disparo “opresivo y letal”
La fiscalía había planteado en su alegato que había quedado comprobado que Guzmán privó de manera ilegal de la libertad de sus compañeros de trabajo. “Las amenazas con el arma les generaron miedo, temor, parálisis”, sostuvo y marcó que se aprovechó de la indefensión que él mismo había generado.
“El disparo fue opresivo, letal y artero porque si anuncias que si alguien se mueve, lo vas a matar y todos se quedan quietos pero rompes ese anuncio, queda definida la traición y lo artero”, recalcó.
Aseguró entonces que el ataque se dio en un escenario controlado por parte de Guzmán, que la víctima no tuvo posibilidad de defensa y que se valió del miedo y la parálisis de todos para dejarlos inertes y sin posibilidad de actuar. Si bien la fiscalía acusó por homicidio agravado por alevosía, consideró que el tribunal debía tener en cuenta una serie de agravantes en el caso. En primer lugar, que la situación se había dado en un lugar de trabajo, en un momento distendido, lo que vulneró la confianza de sus compañeros.



















