Revista Tuya

María Laura Pessarini, abogada, docente, sinónimo de triunfo

Oriunda de Chajarí, integró el equipo de estudiantes que ganó la competencia de Derecho Internacional con la UBA. Este año repitió la conquista pero como tutora

Miércoles 08 de Julio de 2020

María Laura Pessarini nació en Chajarí y se instaló en Buenos Aires para seguir sus estudios universitarios. En principio la Comunicación era la carrera que más la atraía, pero luego se dio cuenta que la abogacía sería su mejor elección. Y no se equivocó, no sólo se graduó, sino que el derecho le abrió varias puertas a partir de la participación en disputas internacionales. En 2016, como estudiante, alcanzó lo más alto del podio en la Competencia de Derecho Internacional Philip C. Jessup, organizada por la International Law Students Association y este año lo repitió como tutora. Doble satisfacción para la abogada entrerriana que desarrolla su actividad en la Procuración del Tesoro de la Nación y además es docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En diálogo con UNO repasó el trabajo de sus alumnos para alcanzar la consagración entre unas 700 universidades, de alrededor de 100 países y en tiempo de pandemia.

—La experiencia triunfal de este año fue como tutora, pero anteriormente lo habías logrado como participante. ¿Son sensaciones diferentes? ¿Cómo viviste ambas situaciones?

—Participar como estudiante significó un punto de inflexión en mi carrera y siempre estuve muy agradecida por la oportunidad y por todas las herramientas que me proporcionó la competencia para desarrollarme profesionalmente. Cuando, junto a Carolina Catanzano, tomamos la decisión de coordinar el equipo sabíamos que implicaría mucho tiempo y esfuerzo, pero era una gran oportunidad para devolver un poco de lo que la competencia nos había dado cuatro años atrás. Fue una experiencia sumamente gratificante. Coordinar el trabajo de cinco estudiantes avanzados y brillantes fue un gran desafío, no sólo desde un punto de vista jurídico y de definición de estrategias, sino también personal: la competencia es muy exigente y a menudo hay momentos de estrés con los que hay que lidiar. Fue, sin dudas, un proceso de aprendizaje para nosotras también.

—¿Cómo fue la preparación, el momento de la presentación y la posterior consagración?

—En julio comenzó el arduo proceso de selección de los cinco estudiantes que formarían parte del equipo, quienes tuvieron que pasar por instancias de evaluación orales, escritas y de antecedentes académicos. En septiembre, la International Law Students Association lanzó el caso ficticio sobre el que trabajaríamos. Los temas del caso suelen reflejar las discusiones jurídicas que se están dando en derecho internacional y para las que aún no hay interpretaciones pacíficas. En la edición 2020, los temas fueron: efectos de la disolución de Estados en los tratados internacionales firmados con anterioridad; construcción de un muro con armas autónomas –es decir, que se activan sin participación humana– para defender fronteras (en línea con las discusiones sobre el tema en el marco de la ONU); suba de aranceles a la importación por cuestiones de seguridad nacional (que recuerda a la suba de tarifas impuesta por los Estados Unidos); y el arresto de una Ministra de Relaciones Exteriores en funciones en virtud de una orden de la Corte Penal Internacional (que se asemeja a lo ocurrido con el expresidente de Sudán Omar Al Bashir).

De septiembre a diciembre trabajamos intensamente en la confección de los memoriales escritos en inglés, es decir: la demanda y la contrademanda de estos dos Estados ficticios que se enfrentan. Discutimos la mejor estrategia jurídica, investigamos doctrina, jurisprudencia y práctica estatal, y redactamos los argumentos. Las dos primeras semanas de enero nos internamos en la Facultad –una práctica común en los equipos de la UBA que participan de la competencia– para terminar de redactar los memoriales. El 13 de enero los entregamos. Unos días después comenzamos con la preparación de los alegatos orales. En esta etapa trabajamos la oratoria, las respuestas ante el tribunal y terminamos de pulir los argumentos. Las Rondas Nacionales se desarrollaron el 4 y 6 de mazo en el auditorio de Cancillería. La final se dirimió entre la UBA y la Universidad Torcuato Di Tella y logramos clasificar a las rondas internacionales. Apenas un par de días después de las rondas nacionales, nos reencontramos con el equipo en la facultad para seguir preparándonos. Estábamos en el medio de una ronda de práctica oral cuando nos enteramos de la cancelación. Fue una noticia muy triste, sobre todo para los estudiantes, que habían trabajado con mucho esfuerzo para poder representar al país y estaban muy ilusionados con poder viajar a Washington. Las rondas orales internacionales son una gran instancia de aprendizaje, donde el equipo tiene la oportunidad de alegar frente a jueces de distintos países con mucha experiencia en derecho internacional. Además, es un gran lugar para conocer estudiantes con los mismos intereses y generar contactos. Afortunadamente, los equipos de varias de las universidades se pusieron en contacto a través de redes sociales para intentar suplir ese espacio de encuentro.

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—¿Qué puertas te abrió la trascendencia alcanzada tanto como estudiante y como tutora de un grupo?

—Participar de la competencia me permitió conocer a muchos profesionales involucrados con esta área del Derecho y formar una red de contactos. Por ejemplo, gracias a mi participación como estudiante, me ofrecieron trabajo en la Secretaría de Comercio Exterior, que fue mi primer trabajo relacionado con esta rama del Derecho. Mis dos jefes también había sido participantes de la competencia, entonces decidieron armar un equipo con estudiantes que hubiesen pasado por esa experiencia.

—La UBA es sinónimo de prestigio. ¿Qué significa para vos ser egresada de dicha institución?

—Estoy muy orgullosa de haber estudiado ahí, y creo que la UBA es una de tantas universidades públicas de calidad que tiene nuestro país. Ahora por suerte hay muchas más de las que había cuando yo terminé la secundaria, y es más fácil para los estudiantes poder inscribirse en una carrera universitaria. Creo que como hijas e hijos de la universidad pública sabemos que esta educación gratuita y de calidad nos ha dado oportunidades que no habríamos conseguido de otra manera. Pero tenemos la responsabilidad de seguir contribuyendo y de defenderla frente a los embates que sufre. La educación pública iguala y dignifica, pero para eso es necesario que cada vez más estudiantes puedan acceder, que se continúe el proceso de descentralización (con la creación de universidades en otras ciudades), que se garanticen buenas condiciones para el cuerpo docente –entre tantas otra tareas que tenemos la responsabilidad de llevar adelante quienes formamos parte de ella.

—Te fuiste a Buenos Aires a estudiar. ¿Cómo fue la adaptación?

—Viví en Chajarí hasta que terminé la Secundaria (de hecho, mi familia sigue viviendo allí). En 2009 me mudé a Buenos Aires para estudiar Ciencias de la Comunicación. Luego de unos años, decidí cambiarme a Abogacía. La adaptación fue desafiante, sobre todo porque en ese momento no había tantas formas de comunicarse como ahora, recuerdo que hablaba con mi familia por teléfono fijo. Nada de videollamadas y whatsapp. Pero siempre me gustó mucho Buenos Aires, así que –a pesar de los desafíos– estaba muy contenta. Y muy agradecida con mis padres que, con mucho esfuerzo, me pagaron el alquiler y mis gastos mientras hice la carrera.

—¿Cómo contagiarías la elección de estudiar abogacía?

—El Derecho no fue mi primera opción. Decidí estudiarlo después de casi dos años de estudiar otra carrera. A veces a los 17 años no sabemos bien qué es lo que queremos hacer para el resto de nuestras vidas. Es normal. Pero creo que lo importante es no quedarse quieta, sino indagar y buscar qué es lo que nos gusta. Ahora hay muchas carreras y dentro de cada carrera hay muchas oportunidades laborales que escapan a los más tradicionales. Lo importante es investigar hasta encontrar qué es lo que queremos hacer. Respecto de las ramas del Derecho, las que más me interesan son Derecho Constitucional y Derecho Internacional Público (que es la que regula las relaciones entre los Estados, las organizaciones internacionales, individuos y el resto de los actores de la escena internacional).

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María LauraxMaría Laura

María Laura Pessarini tiene 29 años y se desempeña como asesora legal en temas internacionales en Procuración del Tesoro de la Nación. Además es docente de la Universidad de Buenos Aires y le gustaría hacer una maestría para especilizarse.

—¿Cómo es un día tuyo?

—Como el de todas y todos. ¡Encerrada esperando que se normalice la situación! (se ríe).

—¿En qué te cambió este tiempo de pandemia?

—Por suerte estoy en un departamento cómodo y cuento con computadora e internet. Sigo trabajando normalmente y estoy con bastante trabajo.

—¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

—Me gusta hacer yoga y mirar películas

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