Con motivo de celebrarse este lunes 5 de febrero la Fiesta de Sant'Agata de Catania, evento religioso y cultural, además de ser la tercera celebración más grande de la Cristiandad, un grupo de la comunidad italiana local organiza una Misa que se celebrará ese día a las 20 en la Catedral Metropolitana de Paraná.
Este lunes habrá una misa por Sant'Agata en Paraná
SANTA. Este lunes habrá una misa por Sant'Agata en Paraná
MARIA LARA MARTINEZ. Este lunes habrá una misa por Sant'Agata en Paraná
El 5 de febrero se celebra la fiesta de Santa Águeda que, etimológicamente, significa “aquella que es buena y virtuosa”. El nombre viene del griego, en esa amalgama de culturas clásicas que en 1492 se encontraron con el rico bagaje cultural del Nuevo Mundo. Desde el Mediterráneo, navegando hacia Poniente hallamos que en Argentina se reza bastante a Santa Águeda, en Buenos Aires en concreto en la parroquia Santa Lucía de Barracas. Por esa razón, se celebrará una misa en la Catedral de Paraná.
Misa por Sant'Agata (Águeda) en Paraná
Con motivo de celebrarse este lunes 5 de febrero la Fiesta de Sant'Agata de Catania, evento religioso y cultural, además de ser la tercera celebración más grande de la Cristiandad, un grupo de la comunidad italiana local organiza una Misa que se celebrará ese día a las 20 en la Catedral Metropolitana de Paraná. Esta fiesta es muy cara, especialmente para los sicilianos en el mundo.Se invita a todo aquel que quiera participar, especialmente a la comunidad italiana Sant'Agata es la patrona de las mujeres que sufren cáncer de seno y de las enfermeras, entre otros.Se leerá la carta de S.E.R., monseñor Luigi Renna, arzobispo metropolitano de Catania, enviada a la comunidad italiana en Argentina para tal ocasión.
5 de febrero: mujeres con ágatas
Las Profesoras españolas Laura y María Lara realizan "Un cable desde Cagliari", sección de Historia hispano-italiana en el programa Eco Siciliano en Radio Nacional Argentina. En el mismo, escribieron un artículo sobre la santa.
Hace unos años, realizando estancias entre París y Buenos Aires, mientras escribía mi novela “Sin el estigma de Eva”, me sumergía en el universo femenino de la Historia. Desde Atenea hasta las reinas de la Edad Media, como Leonor de Aquitania, pasando por las santas presididas por la Virgen María, todas ellas formaban parte de “La ciudad de las damas”, el tratado que en 1405 redactó la veneciana Christine de Pizan, primera escritora que pudo vivir gracias a sus libros y protagonista de mi novela. Entre la Biblioteca Nacional de Francia y nuestra residencia de la calle Paraguay de la capital porteña compuse la obra cotejando las miniaturas de los códices con los desafíos del presente.
De ese elenco de sabias históricas forma parte Santa Águeda o Sant’Agata. Según La leyenda dorada, compuesta por Jacopo della Vorágine en la Edad Media, pero un siglo antes de que naciera Christine de Pizan, Ágata fue martirizada alrededor del año 251 de nuestra era. Padeció durante las persecuciones contra los cristianos decretadas por el emperador Decio, cuando el procónsul de Sicilia, Quintianus, fue rechazado por la joven, quien había ofrecido su virginidad a Cristo. A Águeda le cortaron los senos y la echaron sobre carbones al rojo vivo en la ciudad de Catania. Una página horrible de la Historia la del martirio que nos tiene que impulsar en el siglo XXI a defender la igualdad y la libertad, y también la paz, tan débil paradójicamente en un planeta con Inteligencia Artificial para crear fotos imposibles pero con guerras abiertas (Ucrania, Gaza, etc.).
La fama de santidad de Águeda está atestiguada prácticamente desde el momento de su suplicio. Un año después de que feneciera, el Etna entró en erupción y los habitantes de Catania invocaron su intervención logrando parar la lava del volcán. Desde entonces Águeda es patrona de Catania y de toda Sicilia. Además se recurre a ella en los terremotos y cataclismos, ante la peste, para sanar de la enfermedad en las mamas y para que ayude en los nacimientos difíciles, ya que es protectora de las mujeres.
Antes de que el feminismo surgiera como corriente sociológica, las mujeres ya reivindicaban en los territorios españoles su dignidad en este día del calendario. Cada 5 de febrero, las damas se liberaban de las tareas del hogar y eran ellas quienes tomaban las decisiones en los municipios. Los ayuntamientos les cedían los bastones de mando, y ahora la costumbre pervive como tradición etnográfica. En el norte de la Península Ibérica, Águeda es emblema de la juventud y en el País Vasco y Navarra, en su víspera, los muchachos salen de ronda, con sus cuadrillas y coros. En Aragón se elaboran dulces especiales. En Castilla los hombres son los que cocinan ese día.
La Catedral de Catania custodia las reliquias de Santa Águeda y, durante 3 días, desde el 3 al 5 de febrero, se venera a la mártir. Las calles y los balcones son decorados con telones grandes y rojos, y se expone el busto-relicario.
Durante sus viajes, mi hermana, Laura Lara, ha podido frecuentar la capilla de Santa Águeda en Mdina (Malta), población que es denominada “la ciudad del silencio”. En Roma está la iglesia de Santa Ágata de los Godos, con título cardenalicio, una fusión única: el paleocristianismo y el pueblo germánico que hizo de la Península Ibérica su casa hasta la invasión islámica del año 711. Con la ciudad española de Cuenca (célebre por sus monumentales Casas Colgadas y de la que proceden mis raíces familiares, de hecho ahí vive mi Abuela Pilar) se ha comparado a la villa de Sant’Agata dei Goti, situada a 45 kilómetros de Nápoles.
Aparte de nombre propio, como sustantivo común el término “ágata” designa una amplia variedad microcristalina del cuarzo. En el Museo de Ciudad Real (también en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha) se conserva un ágata que representa a Minerva (Atenea) coronada por Niké (Victoria). Esta pieza era empleada como protección ante los peligros y se decía que atraía la suerte. La vida es un río en continuo retorno, y la catedral de Siracusa se alza sobre el antiguo templo de Atenea, construido en el siglo V a.C, en la parte más alta de la isla Ortigia.
Cuando los cristianos por fin dejaron de ser echados a las fieras, en el siglo IV, San Dámaso (papa que era oriundo de la Gallaecia), introdujo en la liturgia el uso de la voz hebraica “Aleluya” y compuso un himno a la siciliana. Todos los españoles somos “gallegos” en Argentina, y este pontífice “gallego” dijo en sus versos: "Hoy brilla el día de Águeda...”.
Lara es profesora de Historia Moderna y Antropología UDIMA y María Lara es una historiadora en medios de comunicación, Académica de la Academia de la Televisión e Hija Predilecta de Castilla-La Manch, escritora que obtuvo diversas premiaciones: Premio Algaba y Primer Premio Nacional de Fin de Carrera del Gobierno de España.




















