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Diálogo Abierto

El ancestral y sanador conocimiento de las abuelas

Entrevista con la terapeuta Victoria Piccoli. El valor de cuestionar. Doña Ratto, curandera de cabecera. Parapsicología y Gnosis, como ordenadores del saber.

Lunes 05 de Julio de 2021

Los orígenes de la Medicina ancestral, hoy devenida en el amplio y cada vez más estudiado universo de las terapias holísticas y energéticas, se pueden ubicar, con formatos variados según su procedencia cultural y geográfica, en los principios mismos de las distintas sociedades y civilizaciones. Más contemporáneamente seguramente muchos encontrarán vestigios en los recuerdos de las prácticas de una abuela o curandero cuyos “poderes” solían asombrar a más de uno. Victoria Piccoli, una de ellas, dictó recientemente un taller de sanaciones populares, sobre las cuales explica las razones de su eficacia, a la par que reseña su propio recorrido por el mundo de las energías sutiles.

Infancia “campestre” y con fútbol

—¿Dónde naciste?

—En barrio Santa Lucía, donde ahora también vivo, por la zona de calle Larralde.

—¿Cómo era en tu infancia?

Es saliendo de la ciudad y lejos del centro, con muchas quintas, espacios verdes y calles pequeñas, así que fue una infancia “campestre” y de barrio. Jugábamos en la calle a la cachada y trepábamos a los árboles, sin tecnología, por lo económico y porque no teníamos ganas. Se podía dejar la bicicleta afuera y casi no había circulación de vehículos. Son todas casas de una planta. Iba al Cristo y mis amiguitos nunca iban a mi casa porque era lejos. Avenida Ramírez era angosta, y Zanni y Miguel David no estaban terminadas. Ahora se fue poblando.

—¿A qué más jugabas?

—Mis papás nos llevaban, con mi hermano, a jugar al fútbol al Acceso Norte, lo cual me quedó ya que lo sigo haciendo, y estábamos todo el día en la plaza.

—¿Por qué el fútbol?

—Siempre me gustaron los juegos que no eran de nenas. Mi mamá me cuenta que me hacía vestiditos para los cumpleaños y cuando volvía estaban destrozados.

—¿Cuál era tu visión del centro?

—Algo lejano, donde se iba para comprar algo o tomar un helado, que era todo un evento. Había casas de Todo por $ 2 y entrar a ver era un paseo.

—¿Hubo cambios urbanísticos importantes?

—Cuando se hizo la ampliación de Ramírez en la zona Sur, porque le dio vida, conectó la zona con la ciudad y permitió llegar en diez minutos.

—¿Cuál era la actividad laboral de tus padres?

—Mi papá tuvo una tómbola y mi mama, ama de casa, así que teníamos un pasar bastante justo; y con el tiempo ella se reincorporó a la Municipalidad, donde sigue. Él tuvo un gran problema, la cerró y se jubiló anticipadamente.

—¿Desarrollaste otra afición además del fútbol?

—Cuando era chica no existía fútbol para mujeres, así que jugaba “picaditos”; me incorporé ahora, que está en auge, jugando en la filial de Boca. Me gusta mucho leer y a veces estaba toda una tarde haciéndolo.

Averiguar y cuestionar

—¿Había libros en tu casa?

—Muchísimos porque mi mamá es una gran lectora, y éramos socios de la Biblioteca Popular.

—¿Alguno influyente, de los primeros?

—Eran los típicos cuentos clásicos pero también leía mitología griega adaptada para niños. Me hacían pensar, cuestionaba y cuando le preguntaba a mi mamá me decía “averígualo”. También me acostumbró a no creerme lo que me decían. Luego hubo de todo tipo de literatura, así que no hay un solo discurso.

Doña Ratto, doña Pocha y la Metafísica

—¿Cuáles eran esos cuestionamientos?

—En la adolescencia eran del tipo ¿por qué estamos acá? Mi mamá hacía Reiki, que también hago, y curaciones, e íbamos a lo de (doña Rosalinda) la Ratto o doña Pocha cuando nos dolía algo o teníamos una recalcadura, y eso estaba naturalizado, así que no éramos de ir tanto al médico. Siempre sentí que con el cuerpo podíamos hacer más cosas que las que nos decían. A los 15 años conocí los libros de (Metafísica) de Conny Méndez, me volaron la cabeza, aunque no comulgué con todo lo que pensaba, comencé a investigar y no paré más.

—¿Qué idea te impactó?

—La de que todo pasa por algo, de que hay y tenemos un propósito, quieras o no, y la de que cuando confiás, las cosas pasan. Ahora estoy estudiando coach ontológico y también toma mucho de estos conocimientos. Tengo una dualidad en cuanto a que soy pragmática y racional, y cuando encontré este mundo en el cual muchas cosas no tienen explicación, fue fuerte. Dejo que la vida fluya pero necesito que me diga a qué hora (risas) y el mundo me demuestra que no es así. Estudio abogacía que es sumamente…

—Taxativo.

—Claro, y a la par hago todo esto desde hace mucho tiempo, porque lo combino perfectamente. Siento que tengo que acercar estos conocimientos de nuestros abuelos a la gente; siempre han estado pero persecución e ideología se tuvieron que esconder. Conocían los ciclos de la naturaleza, tenían mucha sabiduría, había menos enfermedades y llegaban a viejos estando bien. Ese conocimiento se está abriendo nuevamente y todo se complementa.

—¿Cómo era la relación con doña Pocha?

—Telefónica y sólo fui dos veces a su casa, llena de plantas. Te tocaba, decía algo y se iba, muy reverencial y distante. Mi abuela era muy amiga de doña Ratto, íbamos a tomar mate pero los niños quedábamos afuera. Curaba en su piecita, te hacía llamar, entrabas, estaba muy seria y no te decía nada, aunque antes habíamos hablado. Cuando era chica no lo entendía, más allá de que lo tenía naturalizado. Pensaba que eran personas que nacieron con un don especial y que hablaban con seres. Me frustraba porque quería hacer eso, pero a mí “no me hablaba nadie”. Luego estudié que hay personas que nacen con un don, como sucede con la música, pero todos lo podemos redescubrir. Una vez nos llevaron a lo de don Pedro, en Colonia Avellaneda.

Derecho y profesores

“terribles hijos de puta”

—¿Sentías vocación por el Derecho cuando niña?

—Jugaba a ser abogada, es mi sueño, lo persigo y me ha costado un montón, porque soy mamá. La gente se me acerca para contarme cosas porque tengo poder de escucha, por eso me decían que estudiara Psicología. Pero no podés hacer mucho, en cambio con la abogacía escuchás y tenés herramientas para resolver. A veces digo algo y me contestan “¡es lo que necesitaba para solucionarlo!” Idealizaba la Justicia e imaginaba defender…

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El ancestral y sanador conocimiento de las abuelas

El ancestral y sanador conocimiento de las abuelas

—Pobre niña…

—Todavía tengo esperanzas, aunque conozco la realidad, y he visto muchas injusticias y gente que está en el poder que se vende y se olvidan de que del otro lado hay personas. En Santa Fe he visto a profesores dando lecciones de Moral y Ética, y afuera no predican con el ejemplo o son terribles hijos de puta o corruptos. Fue un choque fuerte y quise abandonar por la desilusión. Igualmente tuve un par de profesoras, no titulares, que marcaban una diferencia, y demostraban que sin transar y corromperse se pueden lograr cosas.

—¿Qué imaginás hacer como abogada?

—Eeehhh… viajando, porque me gusta mucho, y dar herramientas legales a la gente, porque hay mucho abuso, estafas y despersonalización por parte de los abogados. Me sucedió cuando me separé, no obstante que fue bastante cordial, pero me querían llevar a juicio. Finalmente terminé haciendo un marco legal con mis conocimientos, lo verificó un conocido y lo firmamos.

La Parapsicología,

conocimiento ordenador

—¿Qué materias de la secundaria te gustaban?

—La escuela me gustaba mucho y tenía muy buenas notas, aunque no me gustaba Matemáticas, y Física y Química.

—¿Qué hiciste luego de la lectura de los libros de Méndez?

—Comencé a leer otros como el Kybalion, y a hacer y experimentar Reiki, Biodecodificación, A los 20 años encontré gente afín, que, como en todos los rubros, hay quienes saben y otros no, así que tuve algunas malas experiencias. Como pasa con todo: hay quienes ejercen la Medicina sin tener título, y quienes se recibieron, jamás hicieron una actualización y están curando con lo que aprendieron hace 20 años. Por ese entonces entré a abogacía, mi papá perdió el trabajo, tuvimos que trabajar y se me demoró la carrera.

—¿Cuál fue la disciplina que te aportó claves importantes para el entendimiento de cuestiones complejas?

—Tenía mucho conocimiento, lo cual no significa saber, que no lograba conciliar, hasta que me invitaron para hacer un profesorado de Parapsicología con Gustavo Fernández. Me anoté, la lógica que me aportó me sirvió para crear un marco de referencia y de ahí me di cuenta de que todo está relacionado. Por ejemplo, entender la relación y los significados complementarios entre la Kabalah y el Tarot. O podés hacer una sanación popular y relacionarla con conocimientos de la Metafísica o la Biodecodificación. Parecieran lenguajes distintos pero todas dicen lo mismo: que la enfermedad se genera por un estado de emoción contenido, que lo que hablás es lo que generás, como también lo dice el coaching… o los mitos son explicaciones de cuestiones que estaban a la vista y se le daban a la gente común. Luego estudié los registro akashicos, e hice ayahuasca, meditaciones, temazcales y chamanismo, sigo en la búsqueda y hace poco descubrí los códigos sagrados.

—¿Qué ha sido lo más complejo de articular o conciliar?

—El año pasado estudié Gnosis, otro gran ordenador de conocimientos, y me cuesta mucho romper las estructuras. Es mi gran trabajo, más allá de que me sentí tranquila cuando logré encasillar todo ese conocimiento. Sin embargo la vida no es ordenada y es lo que estoy trabajando.

—¿Libros que siempre te resultan una referencia?

—Soy muy lectora y todo lo que me gusta lo compro: cuando necesito algo me paro frente a la biblioteca y tal vez saco un libro policial, lo leo y tal vez encuentro algo que me sirve. Hay una coach conocida, Covadonga Pérez Lozana, cuyo libro y videos me resultaron muy importantes, y también sigo el canal de Mindalia, que es mi biblioteca virtual.

—¿Qué te aporta el coaching?

—Entre con la expectativa de que fuera una herramienta para ayudar a los otros pero primero tenés que acomodarte vos, así que me está generando cimbronazos de redescubrimiento, por ejemplo relacionados con la necesidad de aceptación.

—¿En qué te modificaron estos saberes?

—En la posibilidad de compartir con mi hijo de cinco años; no tengo un trabajo u horario fijo, lo cual me genera una incertidumbre todos los meses pero aquello no tiene precio.

Palabras y símbolos poderosos

—¿Cómo ordenaste los saberes de sanación popular?

—Tenía los conocimientos y no los capitalizaba en el sentido de utilizarlos. Conocía algunos saberes y hace seis años hice un taller de sanaciones populares con Mónica Rosales, quien vino de Córdoba, ya que se van transmitiendo y yo hago lo mismo. Comencé a curar a familiares y gente conocida, pero el “click” fuerte fue el año pasado con la pandemia, por el encierro y estar sin trabajo. Me iba a enloquecer, retomé la meditación, tuve una crisis fuerte, pensé en la cuestión de las defensas del sistema inmunológico, comencé a comunicar, a la gente le interesó y ahora comparto los talleres en las fechas establecidas. Cualquier puede aprender, aunque hay que respetar la transmisión en determinadas fechas, 8 de diciembre, día de la virgen, 24 de diciembre, Nochebuena, noche de San Juan, 23 de junio y el viernes santo.

—¿Por qué esa relación con la liturgia católica?

—No, no… la religión católica se apropió de fechas que ya estaban energéticamente establecidas y las continuaron utilizando. Las sanaciones populares, si bien utilizan muchos rezos católicos no están relacionadas con la religión católica, apostólica y romana. Fuimos colonizados por gente que trajo esa religión, es lo que se conocía en la época y se transmitió con esa religión. Cuando hoy utilizás la oración lo hacés como mantra, te conectás con el significado de la palabra en sí pero “no con el ángel Miguel”, “ni con la virgen María”. Si sos católico practicante la podés utilizar pero también si no lo sos, ya que no es un rezo a la deidad. De hecho he tenido en los talleres personas que practican la religión judía y no han tenido problema para realizar las curaciones, haciendo invocaciones a la virgen María, cuando no creen en ella, y también médicos y enfermeros. No pasa por la creencia en la figura sino por conectar con la vibración de la palabra y el símbolo. Utilizamos la señal de la cruz y nos conectamos con el poder que tiene. También la cinta, que en su época se utilizaba el centímetro, porque nuestras abuelas lo tenían todo el tiempo a mano, ya que vivían haciendo y remendando ropa. Era un elemento con una gran carga energética, entonces curaban con eso.

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¿Tenés páginas en las redes?

—Sí, como Paihuen Terapias Holísticas. Y estoy en Espacio Mantra, de Lorena Godoy, quien ofreció su espacio a muchos cuando todo se cerraba.

“Hay muchas tradiciones y

funcionan por la creencia”

Piccoli explica los fundamentos de los objetos utilizados en las sanaciones populares, cómo opera la creencia, y destaca el valor de la intuición y la participación activa del paciente en el proceso de curación.

—¿Qué orígenes reconocen estos sistemas?

—Son diversos y se entiende que hay un conocimiento ancestral que viene transmitido desde los aborígenes y además desde la observación. Igualmente no deja de ser un “teléfono roto” porque las abuelas curaban con lo que tenían a mano. Entonces las que vivían cerca de un campo de maíz, curaban las recalcaduras con maíz, y las que vivían cerca de un campo de trigo, con trigo. Es lo mismo. Y todo era por tradición oral, entonces se trasmitía lo que se entendía. Por eso hay muchas tradiciones y ninguna es mejor que otra: todas funcionan por la creencia en lo que hacemos, por el poder de la palabra y del símbolo.

—¿Otras curaciones?

—De las quemaduras: para lo cual se pone agua, una taza y una tijera abierta, y se hace una oración. Otra persona no tenía tijera, entonces lo hacía con un cuchillo. Es lo mismo, porque es el símbolo de “lo que corta”. Las abuelas clavaban las tijeras o un cuchillo en el pasto para “cortar” la lluvia o la tormenta. Lo que llama la atención es que son conocimientos similares los que tienen las abuelas de México, de Misiones y de la Patagonia. En el sur curan el ojeo con el aceite, el plato y el agua.

—¿En todos los casos la clave bioenergética para la curación o sanación es la misma?

—Es la confianza del sanador en lo que está haciendo y en sus propias capacidades, que es independiente de la creencia o no que tenga el paciente. Pongo mi energía e intención, lo cual funciona en otro plano más sutil para que llegue el alivio y la curación.

—¿Alguna forma fue un descubrimiento o te llamó la atención particularmente?

—Descubrí muchas por mi cuenta. Cuando entendés la lógica y el por qué, encontrás otras formas. Son simples pero merecen respeto.

—Considerando que la intuición interviene mucho en estos procesos, ¿qué recomendación das para quien quiera ejercitarla?

—Primero, que apaguen la televisión, porque transmite miedo y negatividad, y la radio, comenzar a escucharse y conectarse, y hacerle caso a la intuición. Igualmente, la solución mágica no existe, aunque sí la Magia, por eso hay que tener cuidado en quién confiar. Se puede curar el empacho, pero también tenés que hacer tu proceso.

—Pero está la “cultura de la píldora”, de la industria farmacéutica.

—Claro, el “llame ya” y te lo traen a la puerta de tu casa. Hay muchas alternativas e información, hay que acercarse, cotejar, animarse a preguntar e investigar, descubrir, ver si es para uno y conectarse con lo que se siente y con lo natural; más allá de que me coma un pedazo de carne, tener una huerta, cocinar más y reencontrarse con los alimentos…

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