Canelones, en la República Oriental del Uruguay, tiene 65 kilómetros de playas, con 40 balnearios de arenas blancas, ideales tanto para el descanso como para la práctica de distintos deportes náuticos. El ambiente natural a pocos minutos de Montevideo, posicionan el departamento como la escapada ideal para disfrutar de la naturaleza. Entre sus sitios pintorescos está el municipio de Atlántida, sobre la costa del Río de la Plata con balnearios, paseos por la rambla, sitios históricos, oferta gastronómica y una agenda de actividades culturales todo el año.
Atlántida: arenas blancas y un río que parece mar
Peculiares construcciones, playas y entornos naturales para recorrer y saborear, como su especial gastronomía. Atlántida , una perla en Canelones.
Atlántida, en Canelones, playas, historia, bodegas y gastronomía a pocos kilómetros de Montevideo.
Cooperativa Nido, una incubadora para embrendedores
Viña Varela Zarranz, aromas y sabores en la ruta del vino de Canelones
Cristo Obrero, la iglesia nombrada Patrimonio de Unesco por su peculair construcción
Un Sol para Atlántida, la obra de Agó Páez en homenaje a su padre
El Águila, un enigma en la costa
La Rambla con sus edificios emblemáticos como Planeta Palace Hotel con forma de barco
Centro Cultural Enrique Rodó
Los sitios emblemáticos
El borde costero de Atlántida ofrece playas increíbles como Remanso de Neptunia, Salinas, Marindia, Fortín de Santa Rosa, Villa Argentina, Las Toscas, Parque Del Plata, Las Vegas, La Floresta, Costa Azul, Bello Horizonte, San Luis, Los Titales y Las Tunas, Cuchilla Alta, Araminda y Jaureguiberry. Anteceden la costa, ambientes biodiversos donde se puede practicar el senderismo y el avistaje de especies, en armonía con los distintos ecosistemas. Entre los paseos recomendados están el Parque de los Pájaros en el balneario Marindia, un sitio rodeado de pinos y cedros, con árboles frutales, flores y esculturas ornamentales; y el jardín de Alondra, un paseo dentro del casco urbano de Atlántida, propicio para las caminatas.
Un sol para Atlántida
En la rambla hay un espacio dedicado al artista Carlos Páez Vilaró, quien propuso incorporar sus diseños paisajísticos al ambiente costero. Lamentablemente no pudo concretarlo en vida, motivo por el cual el gobierno de Canelones decidió rendirle un homenaje proyectando un espacio público en su memoria, con una escultura educativa diseñada por su hija, Agó Páez, que se convirtió en una verdadera postal en las puestas de sol.
El Águila: un enigma en la costa
A pocos metros del Sol para Atlántida se encuentra El Águila, una peculiar construcción que data de mediados del siglo pasado y cuya utilización aun hoy es un enigma.
Fue construida por Juan Torres, por encargo del empresario italiano Natalio Michelizzi, quien afincado en Buenos Aires había comenzado a comprar tierras e invertir en Uruguay. Entre sus negocios figura el hotel El Planeta, uno de los primeros de Atlántida.
El enigmático edificio El Águila, al que originalmente llamaron “La Quimera”, estaba construido artesanalmente en piedra, tenía cabeza de ave y cuerpo de delfín.
La historia popular cuenta que el empresario quería construir una capilla, proyecto que nunca concretó. Torres levantó una habitación, instalaciones sanitarias, una pequeña cocina y un dormitorio. Posteriormente, Michelizzi le solicitó que construyera un segundo piso con forma de cabeza de águila. El último pedido fue una gran terraza que emulara un barco sostenido por el barranco; y que la proa tuviese forma de delfín. También le encargó una escalinata que bajara hasta la playa.
Michelizzi usaba el lugar como punto de encuentro para sus amistades y, según las habladurías de la zona, para que lo visitasen sus amantes.
Al fallecer su dueño la construcción comenzó a deteriorarse. Primero, la escalera hacia la playa y la terraza se desmoronaron a causa de la erosión. Luego, la cabeza del águila comenzó a quebrarse, y finalmente el lugar fue clausurado para evitar una tragedia.
En los años posteriores, El Águila fue blanco de vandalismo y comenzaron a tejerse muchas leyendas urbanas en torno a su propósito. Mientras algunos consideraban que era un templo de carácter religioso, otros hablaban de un centro de energía cósmica. Pero, la historia más jugosa es la que la relaciona a los nazis. Se dice que era utilizada para recibir a los partidarios de Adolf Hitler que escapaban de Alemania. Este argumento se veía favorecido por su estratégica ubicación sobre el Río de La Plata donde -se sabe- recalaron algunos submarinos del “Führer”. También era plausible por las versiones que indican que se utilizaba como faro para enviar señales a buques en la noche, por la emblemática figura del águila y por su fecha de construcción, coincidente con el término de la contienda bélica en Europa y Asia.
Sin embargo, ninguna de estas versiones fue históricamente corroborada, por lo que el destino de El águila sigue siendo un enigma que Natalio Michelizzi se llevó a la tumba.
En 1997 la construcción fue declarada de interés departamental; en 2007 la intendencia de Canelones decidió su protección y, de 2014 a 2018, se realizaron las obras de restauración. Desde ese momento es un centro turístico donde se realizan exposiciones, eventos culturales y visitas guiadas.
La Rambla
En la Rambla Doctor Miguel Perea se destacan las viejas casonas construidas con fines turísticos. Los guías señalan aquellas construcciones que fueron lujosos hoteles donde paraban artistas como Carlos Gardel o Mirtha Legrand. Algo queda del viejo esplendor. El edificio de El Planeta Palace Hotel con forma de barco es un emblema de Atlántida. Fue construido para el empresario Michelizzi por García Otero, Pérez Butler y Pagani, en 1937. Tiene un estilo art decó vertiente náutica y fue declarado Monumento Histórico nacional en 2005. Actualmente está restaurado y es utilizado como propiedad horizontal.
El edificio La Floresta y sus glorietas panorámicas albergan la Noche Blanca, una fiesta callejera que congrega a decenas de artísticas locales.
También está “Datitla”, la casa donde pasaba algunas temporadas Pablo Neruda y su amada Matilde Urrutia. Frente al edificio, el municipio instaló un paseo en homenaje al poeta chileno.
Cristo Obrero y Nuestra Señora de Lourdes
El edificio de la iglesia Cristo Obrero y Nuestra Señora de Lourdes, ubicado en el kilómetro 164 de la Ruta 11 km, atrae a constructores y arquitectos de todo el mundo por su original diseño, obra del ingeniero Eladio Dieste.
Declarada Patrimonio de la Humanidad de las Organización de Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco) en reconocimiento a las innovaciones constructivas, la iglesia se caracteriza por el uso de cerámica abovedada, por su estructura armada sin columnas y con refuerzos metálicos en el medio de los ladrillos; un sistema económico y de rápida resolución justipreciado por los especialistas. Como complemento no menos destacable, el uso de la luz natural es lo que más sorprende al ingresar al recinto. Es tenue por la refracción en láminas de ónix ubicadas en la fachada principal, cenital en el resto y directa sobre el altar, generada con un rosetón hecho con macetas invertidas en la cubierta.
La obra fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1998.
Otros imperdibles de Atlántida
Entre los atractivos de Atlántida está el Centro Cultural museo Enrique Rodó, una casona con estilo morisco español rodeada de un fascinante jardín. Hasta 1984 fue la quinta de la familia del escritor José Rodó quien disfrutaba allí sus veraneos desde su niñez. La construcción tiene columnas de hierro forjado, un aljibe original de la época y un valioso conjunto de especies vegetales que propician un recorrido cautivante. Es uno de los monumentos históricos del país.
Otro lugar destacado es el museo arqueológico profesor Antonio Tadey que alberga la colección de quien fuera precursor de la arqueología científica en el Uruguay. Fue adquirido por el gobierno de Canelones en la década del 80 y muestra una de las colecciones más importantes del país, resultado de las excavaciones realizadas por Tadey en arroyo Catalán Chico, Río Negro, Tacuarembó grande, Colonia y Concordia. Cuenta con piezas arqueológicas pertenecientes a las culturas indígenas que aun hoy habitan el territorio.
La Quinta de Capurro, también declarada Monumento Histórico Nacional, es un jardín originario de fines del siglo XIX que fue comprado en 1876 por Federico Capurro para casa de veraneo. Permaneció en propiedad de la familia hasta 1882 y, su valor patrimonial, mantiene sus casas originales y especies vegetales traídas de Europa y Asia.
La ruta del vino de Canelones
Más del 60% de las bodegas del país están ubicadas en Canelones y unas 15 cuentan con un perfil turístico. Los visitantes pueden recorrer las viñas y apreciar los procesos de elaboración de las distintas variedades, sobre todo el Tannat.
Todas ofrecen degustaciones, almuerzos y cenas, espectáculos y otros eventos de la tradición como la vendimia, poda con tijeras y canastos, y pisada de uvas que retrotraen a la herencia traída por los inmigrantes europeos que pervive en las nuevas generaciones. Los recorridos guiados por los propios dueños es una de las experiencias más valiosas que el turismo puede llevarse de la zona.
Un ejemplo es la Viña Varela Zarranz, presente en el rubro vitivinícola desde 1933. La familia adquirió las instalaciones de la bodega construida en 1888 por Diego Pons y, actualmente es la tercera generación quien lleva adelante el negocio. En los 80 se inició un proceso de renovación con implantación de nuevos viñedos y una modernización tecnológica que la llevó a ganar importantes premios nacionales e internacionales.
Toda la bodega es un deleite visual y de aromas. La cava subterránea data de 1892, y allí descansan toneles de roble francés que conviven con las modernas barricas y les dan cobijo a los mejores vinos de la viña familiar.
Cooperativa Nido: una ventana para emprendedores
En la Bajada 19 de Ciudad de la Costa hay un espacio muy peculiar construido con paneles de plástico reciclado. Allí se muestran los productos artesanales de la Cooperativa Canelones Nido, un grupo de unos 40 emprendedores, la mayoría mujeres, que tiene un original sistema asociativo de administración y ventas.
Los productos que allí se comercializan fueron escogidos por sus características y todo el local es una síntesis armónica de artesanía producidos a mano.
El sistema cooperativo es novedoso y solidario ya que gestiona guardias y ventas para que un pequeño grupo rotativo esté presente en el lugar mientras los otros asociados trabajan en sus producciones. Todos venden los artículos de todos y en local, conviven los productos de todos sus hacedores.
El salón de ventas está atendido por los propios artesanos lo que le da calidez y valor agregado al recorrido, a cada consulta y a las eventuales compras.
Muchos de los productos están atravesados por la economía circular, el reciclado de materiales y las producciones sustentables. Desde la elección del lugar, que era recurrentemente vandalizado, y su construcción apelando a materiales reciclados, se logró hacer propio el espacio a través de un diseño y un proyecto cercano a la comunidad. “La idea es que la gente del lugar se acerque y se apropie, con la organización de ferias y eventos en el barrio”, redondearon a UNO los emprendedores Claudia Palop, Adriana Coucillas, Sebastián Cardozo y Araceli Nigro.
También explicaron que Nido Canelones funciona como incubadora de proyectos ya que muchos productos de diseño que ingresan en ese circuito se proyectan hacia otros mercados y los asociados se van renovando. “Lo destacable de la venta por cuenta ajena es que es un sistema formal de contabilidad donde todos utilizan una caja y una boleta única. Todos los productores están formalizados, por lo tanto acceden a derechos”, describieron.
Sobre la organización interna destacaron que tienen una guardia semanal y el resto del tiempo se ocupan de la producción: “Es una forma de sentirnos parte de nuestro espacio. El resto del tiempo, nuestros compañeros que están en turno venden nuestros productos con el cariño que lo haríamos nosotras. Es como sentirse dueño de un pedacito”, relataron.
El sistema surgió en medio de la pandemia por la demanda de trabajo de los emprendedores. Los gobiernos nacional y el departamental de Canelones respondieron un un proyecto piloto, apoyado por la Cooperativa Nido, que fue tomando protagonismo.
En este caso, el Estado se presentó como facilitador como inversión inicial, acondicionó el espacio, aportó el diseño de marca, inclusive brindó apoyo administrativo, técnico y contable ya que se requirió un software complejo para administrar las ventas. Las emprendedoras fueron adquiriendo cada vez más autonomía y hoy comparten la gestión de gobernanza conjunta con los gobiernos municipal y departamental.
Desde la aridez de la pandemia Nido Canelones se transformó en una incubadora no solo para capacitar e impulsar emprendedores sino también para mostrar al turismo los productos regionales. Un proyecto exitoso y digno de ser imitado.
























