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Ariana Cabrera

Ariana Cabrera: Nutricionista desde la empatía

La licenciada en Nutrición Ariana Cabrebra fue diagnosticada a los 14 años con diabetes tipo I. Esto hace que tenga un compromiso singular con sus pacientes

Lunes 20 de Diciembre de 2021

La licenciada en Nutrición oriunda de la ciudad de Paraná Ariana Cabrera tiene un vínculo singular con su especialidad, ya que además tiene diabetes desde los 14 años y asimismo fue diagnosticada con celiaquía.

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Desde su lugar busca acompañar de forma empática a sus pacientes y sobre ello dialogó con la revista Tuya!. En la oportunidad, se refirió a la importancia de visibilizar ciertas cuestiones de la vida diaria de una persona diabética y donde las redes sociales cumplen un rol de relevancia. Desde su consultorio, ubicado en 25 de Mayo 424, atiende y acompaña a pacientes con diferentes demandas.

—¿Cuándo emergió tu interés por la nutrición?

—Cuando terminé el colegio hice la orientación vocacional con mi psicóloga y me gustaba todo. Desde artes hasta Abogacía y Nutrición, pero en el test de orientación vocacional siempre tiraba todo hacia el lado de la salud, que es lo que siempre me llamó la atención. La Nutrición me interesaba mucho y varias ramas de esta especialidad.

—¿Dónde estudiaste?

—Soy graduada de la Universidad Nacional del Litoral de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas. Terminé mis estudios con la pandemia en el medio, lo cual hizo que la tesis tuviera que cambiar de rumbo porque tenía un trabajo de campo. Yo hice toda la parte de laboratorio experimental y al trabajo de campo lo tuve que modificar por la pandemia.

—¿Tu situación personal también estuvo relacionada con el hecho de elegir una carrera vinculada a la salud?

—Sí, a mí me diagnostican diabetes tipo 1 cuando tenía 14 años, casi en plena adolescencia y cuando empiezo el tratamiento con la insulina con los doctores llega una nutricionista a mi vida que me guió muchísimo en lo que fue la parte alimentaria en el tema de la diabetes y ella jugó un rol importante en mi vida. En ese momento estaba transitando la Secundaria y me ayudó muchísimo. Cuando terminé y tuve que

tomar la decisión de qué estudiar me acordé de mi nutricionista y me parecía re interesante poder transmitir lo mismo siendo yo paciente con diabetes.

—¿Qué enfoque desarrollás en tu consultorio?

—Durante la carrera también me diagnosticaron celiaquía y más adelante dejé lo que son las carnes y empecé una dieta vegetariana. Entonces el enfoque que tengo con mis pacientes es integral, ya que es lo que yo hago en mi día a día. Generalmente, las consultas vienen del lado de la empatía porque mis pacientes saben que soy diabética. Asimismo estoy trabajando con pediatría y recibo a padres con niños recién diagnosticados con la enfermedad y ellos se sienten más seguros cuando hablan conmigo, es decir ante una persona que tiene diabetes y saber lo que es pincharse delante de la gente. Los padres sienten una seguridad extra con eso.

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—¿El hecho de tener diabetes también implica formarse permanentemente?

—Lo que pasa con la diabetes, que es lo que más estoy haciendo hoy, es que requiere una actualización constante. La tecnología en diabetes avanza a pasos agigantados y no te podés quedar atrás.

—Utilizás mucho las redes sociales para visibilizar cuestiones de la vida diaria de una persona diabética.

—A mí me gusta el contacto por redes porque las personas en su día a día se pueden empapar de toda esta información que a veces no se conoce. Sí, ya el hecho de yo tener pegado en el brazo un sensor continuo de glucemia y que la gente en la calle me pregunte, que lo pueda compartir en redes, es como que también sirve para aprender y compartir.

—¿Realizás actividades orientadas a niños y educación nutricional?

—Hace casi 11 años estoy participando de los campamentos educativos para niños y niñas con diabetes tipo 1 del hospital Materno Infantil San Roque, que por la pandemia estuvo parado estos dos años pero hicimos un campamento virtual, a través de Zoom desde la Sociedad Argentina de Diabetes que es súper interactivo. Los chicos comparten dibujos, hay deportistas que comparten sus experiencias y el rol de las nutricionistas siempre fue educar en el juego, hacer adivinanzas y educar desde el juego porque es hasta 15 años.

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—¿También has brindado cursos en este tiempo?

—El mes pasado estuve dictando un curso para profesionales en Nutrición sobre una temática específica en diabetes como es el conteo de hidratos de carbono y tuvo una muy buena adherencia. Hubo nutricionistas de Paraná, del interior de la provincia, Santa Fe y Rosario.

—¿En qué otros temas te interesa profundizar desde la Nutrición?

—Hoy en día estoy muy interesada por el vegetarianismo y el veganismo por la demanda que tengo. Se acercan a mi consultorio muchísimos pacientes que no están consumiendo alimentos de origen animal por lo que van buscando la alternativa. Está muy en auge la dieta plant based que son dietas basadas en el consumo de plantas y legumbres, entonces me gustaría reforzar esa parte. Este año tuve la oportunidad de hacer el posgrado en Soporte Nutricional.

—¿Cómo es el acompañamiento de un niño que también comparte con otros chicos, festeja su cumpleaños, hace deporte, viaja y en esas situaciones aparece la comida?

—En todas las consultas trato de personalizar y responder a la demanda de los pacientes y su familia. Tuve una paciente que transitaba su primer cumpleaños con diabetes, una nena de 11 años, y era una familia muy predispuesta que quería ofrecer una alimentación saludable. Entonces lo que hicimos con la mamá fue programar una propuesta fresca y accesible porque el festejo del cumpleaños justo fue en diciembre.

Otro ejemplo de un caso personalizado fue el de una familia que se fue de viaje a Brasil y no sabía cómo solventar el traslado de la insulina, qué comer en la playa y todas esas cuestiones las fuimos trabajando; al igual que con chicos con diabetes que son deportistas y viajan a competir.

—¿En qué aspectos considerás que te ha transformado la carrera de Nutrición?

—Trabajé mucho la empatía en estos años. A lo largo de mi diabetes tuve profesionales que no hicieron el ejercicio empático y eso fue lo que mas me dolió, y los pocos que encontré son lógicamente de los que aprendí.

Si uno no puede ver al paciente desde su lugar, desde lo que está transitando la persona es muy difícil ayudarlo. Entonces ponerse en el lugar del otro es un ejercicio que sigo practicando. Cuesta, pero es la clave.

Para mí revisar bien la historia familiar es fundamental. Pregunto todo, con quién conviven, quién cocina, quién le da de comer y a qué hora come el paciente porque el contexto que está transitando mi paciente es fundamental conocerlo para que yo me sitúe en esa casa y pueda entenderlo.

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