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Juicio por Mala Praxis

Juzgan a expediatra del San Roque por la muerte de una nena

Está acusado de mala praxis por haber diagnosticado y medicado mal a una niña de cinco años que ingresó al nosocomio con un cuadro de meningitis.

Lunes 24 de Junio de 2019

Comenzó en Paraná el juicio a Ricardo Aldao, el médico pediatra ex galeno del hospital San Roque quien diagnosticó mal en varias ocasiones a una nena de cinco años que llegó a la guardia del hospital San Roque con un cuadro de meningitis y que falleció debido a esa enfermedad en marzo de 2014.

Al presentar los síntomas inequívocos de la enfermedad (cefalea, vómitos, somnoliencia) los padres de la niña la llevaron cuatro veces al hospital materno infantil donde fue al diagnosticada y mal medicada por Aldao.

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El Tribunal que juzga a Aldao está presidido por Alejandro Cánepa, la fiscal es Mónica Carmona, y el querellante es el doctor Fontanetto D’Ángelo, en representación de la familia. Por su parte, el imputado está siendo defendido por los doctores Ricardo Mulone y Virginia Folmer.

A lo largo de las audiencias, se juzgará también si hubo déficit en la salud pública ya que, en en el proceso investigativo se constataron irregularidades administrativas y falta de controles que dificultaron la investigación.

La querella basa su acusación en los testimonios, la historia clínica y, sobre todo, en una pericia de un médico de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

La causa se había archivado pero los padres de la víctima reclamaron con su abogado querellante, Pedro Fontanetto D’Ángelo, su reapertura.

El caso

El 4 de marzo de 2014, los padres de la nena que se sentía mal la llevaron al San Roque. Entre esa fecha y el 10 de marzo, acudieron unas cuatro veces más a la Guardia. En todas las ocasiones fueron atendidos por Ricardo Aldao, quien nunca acertó con el diagnóstico. Primero les dijo que era una alergia. En otra oportunidad les dijo que era angina y le indicó antibióticos. La última vez, el padre presionó al pediatra para que internara a su hija para hacerle los estudios correspondientes. La niña quedó en Terapia Intensiva donde los médicos del área constataron que padecía meningitis en estado avanzado.

La niña agonizó tres días y murió. Cuando la niña quedó con daño cerebral los padres hicieron la denuncia en Fiscalía por consejo de una médica que se acercó a hablar con ellos y de la cual no recuerdan el nombre.

La fiscal Laura Catáneo pidió al Juzgado el archivo de la causa por no haber indicios de una mala praxis pero los padres siguieron adelante hasta reflotar la causa. Se presentó el recurso de apelación, apoyado por el entonces fiscal Rafael Cotorruelo, y la Cámara ordenó de inmediato investigar a fondo las causas del fallecimiento.

La fiscal Viviana Ferreyra y el querellante avanzaron en la producción de pruebas, muchas de las cuales se presentarán en el juicio. En ese sentido se solicitó una pericia al Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema, el cual resultó contundente.

El dictamen estuvo a cargo del destacado especialista en pediatría Carlos Hugo Escudero. El mismo sostuvo que la nena tenía síntomas que en su conjunto demuestran al menos la sospecha del padecimiento de meningitis: vómitos, fiebre, dolor de cabeza y somnolencia. En este sentido, se remarcó que el hecho de no haberle practicado la punción lumbar para obtener el líquido cefalorraquídeo para su análisis en el laboratorio, para detectar la infección, fue una grave negligencia.

Se cree que los antobióticos suministrados a la paciente por un falso diagnóstico, podrían haber tapado otros síntomas para detectar a tiempo lo que la niña padecía.

El médico indicó que no se puede determinar si la nena se hubiese salvado, pero seguramente, si la meningitis era detectada a tiempo, el daño hubiera sido menor.

Se lo acusa de homicidio culposo, por negligencia, imprudencia, por no haberse tomados los recaudos para evitarlo.

Desprolijidades

La desprolijidad con la que era llevado el registro de pacientes, diagnósticos, prescripciones y médicos intervinientes en la Guardia del San Roque, quedó a las claras en la documentación secuestrada y anexada al expediente. Según observaron las partes, las anotaciones, breves y con birome, solo llevaban a la confusión, más allá de lo que pueda ser la tradicional caligrafía de los galenos.

Un ejemplo de esto es que hubo médicas que fueron imputadas al inicio de la instrucción de la causa, que no tenían nada que ver. Es que sus nombres aparecieron en la historia clínica de la niña, pese a que nunca la atendieron. Incluso una de ellas se encontraba en ese momento fuera del país. Nadie explicó si se trató de un error puntual o una mala práctica administrativa habitual. Tras clamar por su inocencia y demostrar que no participaron en la asistencia a la paciente, quedaron desvinculadas.

Otro episodio extraño, que sumó suspicacias al entorno del hospital, fue el que vivió el padre de la niña cuando fue a solicitar una copia del certificado de defunción al San Roque. Primero, constató que estaba mal escrito el nombre de su hija, por lo cual le recibieron el papel para la corrección, hecha en minutos. Cuando llegó a su casa, advirtió que en la causa del fallecimiento figuraba un diagnóstico distinto a la enfermedad por la que murió su hija.

Juicio contra el Estado

Paralelamente al proceso penal, se está desarrollando el juicio civil contra el Estado provincial. En el mismo, que aún no concluyó, se han plasmado circunstancias que podrían ser demostrativas de la responsabilidad estatal en la muerte de la niña, como marco de la presunta negligencia médica de Aldao.

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