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Prohibirle al río sus peces

"Mover el caro aparato de la Justicia para sancionar a un ambientalista y a músico que viven en el río (...) es una desproporción"

Jueves 20 de Mayo de 2021

Mover el caro aparato de la Justicia para sancionar a un ambientalista y a un músico que viven en el río, y todo porque los encontraron en el río, es una desproporción. Nos cuesta entender qué pasó por la cabecita del fiscal acusador, en el barullo de la cuarentena.

Estamos ante un testimonio de las consecuencias del aislamiento. El aislamiento en que viven tantos jueces, fiscales y efectivos policiales. Y tal vez en este caso el propio defensor oficial de nuestros vecinos.

Como el Estado aísla a las personas de su entorno, y más que personas atiende contribuyentes, no hay una norma que obligue a sus funcionarios a conocer el ámbito en que ejercen su oficio. Y se nota.

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Si uno va al convento no encuentra astronautas, encuentra monjas. Si uno va a la costa del río Paraná en esta capital va a hallar a tres personas: Luis Romero (Cosita), Mariano Martínez y Dominga Ayala. Como Minga ahora vive en Crespo, quedan dos. Es cierto: contaremos otras mil almas, pero tres fijas. Y hay que vivir en una burbuja para no saber esto.

La distancia es responsable de que a los funcionarios les cueste distinguir quién es quién. Tampoco advierten que aún quedan personas cuya palabra vale más que un documento.

Los Cosita Romero y los Mariano Martínez, ellos y sus familias, hace décadas que cuidan de nosotros por amor al arte; cuidan nuestro río, nuestras islas; cuidan los pájaros, los peces, los pastizales, los oficios, las melodías; cuidan nuestra cultura, son personas que están atentas, y en verdad que nos han salvado de tragedias como el represamiento. Nosotros no sabíamos cómo pagarles, y la Justicia encontró el modo: los procesó y van a juicio.

El hermano mayor y padre y amigo, Miguel Ángel Martínez, el Zurdo, mandaba vivir con las patas en el suelo, y es lo que estaban haciendo estos paisanos cuando apareció “la autoridad”.

Una embarcación, para estos vecinos, no vale lo que una propiedad privada porque su compromiso es con el pueblo, con la biodiversidad.

Distantes del olor a sauce criollo y pescados en nuestros arenales, los funcionarios y las funcionarias, en cambio, leen un documento llegado de la ultra distante Buenos Aires y se pegan al texto como si fuera un mandato divino que no requiere de evaluación local criteriosa.

Los pescadores dejan las canoas en la costa porque cada vez es más caro salir a trabajar. Foto UNO Juan Ignacio Pereira.
Los pescadores dejan las canoas en la costa porque cada vez es más caro salir a trabajar. Foto UNO Juan Ignacio Pereira.
Los pescadores dejan las canoas en la costa porque cada vez es más caro salir a trabajar. Foto UNO Juan Ignacio Pereira.

Sancionar a los ribereños porque están en el río es un absurdo. Cualquiera que los conoce encuentra razonable la explicación que dieron ambos por vías separadas y que la Justicia misma acepta: fueron relatos coincidentes. Es lo que hacen siempre: si alguien tiene una canoa, una lanchita, se preocupará después de una lluvia, algún viento, a ver si no se soltaron los cabos, si no quedaron escoradas. En el caso de que la lancha se escape, ¿vendrá quién a pagar daños? ¿Tenemos noción de los mil proyectos que se frustrarían con un accidente? ¿Alguien en la Justicia tiene una pálida idea siquiera de lo que le costó a Cosita su herramienta de trabajo? ¡Por favor! ¿Y acaso una foto vale más que la palabra de estos vecinos?

Alberto Fernández, sabe tanto de la isla Curupí como nosotros de la Plaza Once. La isla se llama así en homenaje al árbol, la plaza es un homenaje al separatismo porteño… Por si hace falta señalar el abismo.

Y bien: el Presidente anunciaba el 8 de mayo de 2020 que todo el país (con excepción del Gran Buenos Aires), pasaba a la fase 4. De las cinco fases, habíamos transitado tres etapas graves e inaugurábamos la más cercana a la “nueva normalidad”. La movilidad de la población en la fase primera era sólo del 10%, y en la fase 4 pasábamos a la movilidad del 75%. Al día siguiente del discurso presidencial, el baqueano del río que milita entre los Cuidadores de la Casa Común y el músico del Combo Mutante recibieron la alerta por las redes sobre el estado de sus embarcaciones en el puerto. Con la inquietud lógica (entre nosotros), Mariano quedó con Cosita en buscarlo por su casa y llegarse ambos hasta el Puerto Nuevo, para cerciorarse. Maldita la hora: tarde se dieron cuenta de que, muy de espaldas al río, hay señoras y señores que, desde sus raras categorías, conciben a un río sin sus peces.

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