Secciones
Miradas

Espacios verdes en declive

"La superficie verde en Paraná arroja un promedio de casi 4,5 metros cuadrados por habitante según cálculos estimativos"

Miércoles 14 de Octubre de 2020

Más allá de lo puramente estético y paisajístico, los jardines, los parques, las zonas verdes o el arbolado son elementos clave para mantener una buena calidad de vida en las ciudades y favorecer el bienestar de las personas. El contacto con los enclaves naturales en la ciudad nos permite reflexionar, sentirnos libres, relajarnos y juegan un rol crucial a la hora de reducir el estrés.

Los espacios verdes regulan la temperatura y la humedad. Producen oxígeno y filtran la radiación: además, absorben los contaminantes y amortiguan los ruidos. También son el lugar de paseo, el relax o el ocio. Pero más allá de su valor intrínseco, quienes vivimos en ciudades los apreciamos por su valor simbólico: las plazas, parques y paseos nos sirven de sugerente imaginario del contacto con el pasto, los árboles, las flores. En definitiva, con la madre naturaleza.

La Organización Mundial de la Salud dice que debe haber nueve metros cuadrados de áreas verdes por habitante. Un estudio de 2016 realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo arrojó que en la capital entrerriana hay 19,4 metros cuadrados de espacios verdes por habitante, considerando en el estudio sólo aquellos integrados a la vida social y de fácil acceso cotidiano para la sociedad. Es decir, no fueron considerados baldíos, el Parque Nuevo, ni tampoco el arbolado público. A primera vista, Paraná es una ciudad que supera la media con amplio margen, una ciudad verde.s

Sin embargo, muchos estudios también hacen hincapié en la mala distribución de los espacios verdes en las ciudades como símbolo de inequidad. He aquí el primer punto débil de la Ciudad paisaje. La mayor parte de esas superficies verdes se encuentran en el Parque Urquiza, en los clubes y alguna que otra plazoleta de barrio. Quizás ese sea uno de los motivos por el que plazas verdaderamente verdes como la Sáenz Peña se veían casi colapsadas, principalmente antes de la pandemia. Lo ideal, según estudios realizados por la OMS, es que cada habitante tenga un espacio verde a no más de 500 metros de su vivienda. En Paraná, eso directamente no se cumple. Es difícil acceder si no se cuenta con un vehículo automotor, ya que la seguridad para quienes se movilizan en bicicleta es pésima: no existe infraestructura y hay fallas en la seguridad ciudadana. En el caso de que se tenga la capacidad física de desplazarse a pie cierta cantidad de kilómetros, el peatón se encontrará con zonas en las que las veredas son irregulares, o directamente inexistentes (sin mencionar la cuestión de la seguridad). Y el servicio de transporte público es directamente deficiente. Un punto menos para la capital Panzaverde.

La mayoría de las zonas verdes presentan tamaños inferiores a 1.500 metros, es decir, son plazas y plazoletas que dan servicio a los vecinos que viven en sus proximidades, no obstante, la mayor superficie de espacios libres pertenece a aquellas zonas con superficies mayores de 3.000 metros cuadrados, como el Parque Urquiza. Pero, una vez más, estas zonas son las menos accesibles para la población.

De hecho, y teniendo en cuenta lo anteriormente mencionado, la superficie verde en Paraná arroja un promedio de casi 4,5 metros cuadrados por habitante según cálculos estimativos de la Subsecretaría de Planeamiento de la anterior gestión municipal.

La cantidad de espacios verdes va en declive, principalmente por los intereses de particulares que planifican desarrollos inmobiliarios. En julio pasado se suscitaron polémicas en torno a la venta de lotes lindantes al Patito Sirirí, en terrazas junto a las barrancas donde miles de paranaenses se sientan a disfrutar del sol al aire libre. Desde la inmobiliaria en cuestión salieron a aclarar que esos terrenos nunca fueron públicos. Sin embargo, el historial de espacios públicos tomados por privados es lamentablemente extenso, basta con recordar el barrio que se construyó en Los Arenales.

Si los espacios verdes van en declive, la calidad de vida de los paranaenses, también. Si esta situación no se revierte, el ocio, el esparcimiento, el relax y sus consecuentes beneficios para la salud pasarán a ser un privilegio exclusivo de quienes puedan solventarlos.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario