Con la llegada de las bajas temperaturas aumenta el consumo de miel en los hogares argentinos. Muchos la incorporan al té para aliviar el dolor de garganta, otros la utilizan como reemplazo del azúcar y también están quienes recurren a preparados elaborados con propóleo para combatir las molestias respiratorias típicas del invierno. Sin embargo, detrás de esos usos cotidianos existe un universo mucho más amplio: el de los productos de la colmena, una fuente de alimentos y compuestos naturales que desde hace miles de años forman parte de distintas prácticas de cuidado de la salud.
La miel y sus derivados ganan cada vez más espacio en el cuidado de la salud
picultores afirman que los beneficios de la miel van más allá de aliviar un resfrío, y destacan las bondades del propóleo, el polen, la jalea real y la cera.
Por Vanesa Erbes
Entre Ríos ocupa un lugar destacado en la producción apícola nacional
“La miel toma protagonismo en esta época, pero si se consume durante todo el año actúa de manera preventiva y nos aporta la vitalidad y el escudo necesario para afrontar los problemas propios del frío y la humedad”, explicó el apicultor entrerriano Nicolás Zapata, impulsor de Panalivia, un emprendimiento abocado a este tipo de producción en la zona de La Picada.
Su interés por la actividad nació mucho antes de desarrollar ese emprendimiento. “Cuando empecé con la apicultura descubrí que no sólo existía la miel. Me maravilló todo lo que pasa dentro de la colmena y todas las propiedades de los productos que elaboran las abejas”, recordó.
Un universo dentro de la colmena
Aunque la miel es el producto más conocido, las abejas elaboran otros elementos que cumplen funciones muy específicas dentro de la colonia.
“La miel es el alimento de las abejas; el polen alimenta a las larvas; la jalea real está destinada a la abeja reina y el propóleo es la medicina de la colmena”, resumió Zapata.
Cada uno de estos productos posee características particulares. El polen aporta proteínas, vitaminas y minerales; la jalea real concentra un alto valor nutricional; la cera tiene aplicaciones cosméticas y dermatológicas, mientras que el propóleo se destaca por sus propiedades antimicrobianas y antiinflamatorias, motivo por el cual suele formar parte de sprays, gotas y preparados para el cuidado de la garganta y la boca.
Si bien muchas de estas propiedades cuentan con respaldo científico, los especialistas coinciden en que estos productos deben entenderse como un complemento y no como un reemplazo de los tratamientos médicos indicados para enfermedades específicas.
Productos con múltiples beneficios
La miel ocupa un lugar especial entre los alimentos naturales. Está compuesta principalmente por fructosa y glucosa, además de pequeñas cantidades de vitaminas, minerales, aminoácidos, enzimas y antioxidantes. “Es el único dulce natural que existe en la naturaleza sin intervención del hombre. Es un alimento muy completo y el organismo puede metabolizar sus azúcares rápidamente”, señaló el productor.
Su utilización se remonta a las antiguas civilizaciones. Existen registros de su empleo en Egipto, Grecia y Roma, tanto como alimento como para el tratamiento de heridas y distintas afecciones. Incluso se han encontrado recipientes con miel en tumbas egipcias que permanecieron en buen estado después de siglos, gracias a su capacidad natural de conservación.
Actualmente, diversas investigaciones respaldan algunas de sus propiedades, especialmente su acción antioxidante, su efecto antimicrobiano y su capacidad para aliviar la tos y la irritación de garganta en cuadros respiratorios leves.
Beneficios del propóleo
Entre todos los productos de la colmena, el propóleo es probablemente el menos conocido por el público general. Las abejas lo elaboran a partir de resinas vegetales que recolectan de árboles y plantas. Dentro de la colmena lo utilizan para sellar grietas, impedir el ingreso de microorganismos y mantener un ambiente sanitariamente protegido. “Las abejas lo usan como medicina dentro de la colmena. En las personas se emplea principalmente para aliviar afecciones de garganta, problemas respiratorios y también para el cuidado de la boca”, explicó Zapata.
En los últimos años crecieron los preparados elaborados con propóleo para uso bucal y respiratorio, especialmente durante el invierno. Su utilización se ha extendido entre docentes, locutores, cantantes y otras personas que hacen un uso intensivo de la voz.
Cualidades de la miel
Una de las consultas más frecuentes de los consumidores tiene que ver con la cristalización. “Cuando la miel sale de la colmena deja de estar a la temperatura que mantienen las abejas y, si permanece durante un tiempo entre los 10° y los 14°, se comienza a cristalizar. Mucha gente cree que eso significa que está adulterada, cuando en realidad suele ser un signo de pureza”, explicó el apicultor.
También aclaró que las diferencias de color, aroma y sabor responden al origen floral. “Cada planta aporta características diferentes. Por eso existen mieles más claras, más oscuras, más suaves o más intensas. No hay dos mieles iguales”, sostuvo.
Otra particularidad de la miel es su prolongada vida útil. “La miel es uno de los mejores conservantes naturales. Mientras antes se consuma, mejor conserva todas sus propiedades, pero puede mantenerse en buen estado durante muchos años”, indicó Zapata.
El Código Alimentario Argentino establece una fecha de duración para su comercialización, aunque ello responde a criterios regulatorios. Con el paso del tiempo algunos componentes pueden perder parte de su actividad, pero la miel no se vuelve tóxica simplemente por haber superado ese plazo.
Entre Ríos, potencia apícola
Argentina figura entre los principales productores y exportadores de miel del mundo y Entre Ríos ocupa históricamente un lugar destacado dentro del sector. “Los apicultores argentinos estamos muy capacitados y eso se refleja en la calidad de la miel que producimos”, afirmó Zapata.
Sin embargo, la actividad enfrenta desafíos crecientes vinculados al ambiente, y al respecto explicó: “Hoy no estamos exentos del impacto de las fumigaciones ni de la pérdida de monte nativo. Por eso buscamos instalar los apiarios en lugares donde ese impacto sea el menor posible”.
La preocupación no es menor. Las abejas cumplen un rol esencial en la polinización de cultivos y de numerosas especies vegetales silvestres, un proceso indispensable para la producción de alimentos y el equilibrio de los ecosistemas. “Todo el mundo de la colmena es maravilloso. Las abejas nos regalan productos extraordinarios, pero además cumplen una función fundamental para la vida”, concluyó el apicultor.


















