Paraná
Viernes 03 de Agosto de 2018

Delfina y Susana, invisibles en medio de la avenida


"Cuando el sol empieza a calentar es un alivio, el problema es que en estos meses empieza a clarear medio tarde". Es el tercer día de agosto y el frío de los últimos meses viene siendo especialmente cruel con Delfina y Susana, que resisten en el refugio que levantaron en una plaza de Paraná.

Cuentan que hasta hace poco vivían en un asentamiento detrás de El Charrúa pero, a pesar de ser un terreno fiscal, hace cuatro meses las echaron a la calle y les destruyeron la casilla, desde entonces empezaron a dar vueltas por la ciudad con sus cosas a cuestas y con todas las urgencias encima. El frío y el hambre son las que pesan más. Cuando se les pregunta qué necesitan, la respuesta es contundente y a dúo: comida.

Hace 3 meses aprovecharon una estructura de material de la plaza que separa la avenida de la calle Alem. Con bolsas, palos y cartón armaron una especie de carpa donde pasan las noches y se resguardan de las temperaturas extremadamente bajas de las últimas semanas, semanas que para quien sufre el frío en la calle se hacen mucho más largas. Para ellas la primavera no llega nunca.

En diálogo con UNO, contaron que sobreviven lavando y cuidando autos desde siempre, pero ahora lo hacen mayormente en calle Echagûe, donde el trabajo no abunda, por eso la cosa se empieza a poner cada vez más difícil. "No nos podemos alejar mucho, el otro día a ella le robaron la mochila con todas sus cosas." Utilizan los baños de la terminal, se turnan para no descuidar el hogar que armaron. De las ramas del árbol cuelgan algunas remeras y una canasta con pan. Sobre el cajón de verduras que usan de mesa hay restos de comida que se adivinan doblemente abandonados, un tomate con aspecto blancuzco y una bandeja plastica con un poco de arroz que en breve van a volver a la basura.
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Delfina tiene 41 años y trabaja desde los 9. A los 20 decidió hacer su vida lejos de su familia. Cuenta que su madre es profesional y que ve a su padre asiduamente acercarse a hacer trámites en la oficina de tránsito que está a unos 20 metros. "Yo no existo para ellos, desde los 20 años hice mi vida aparte, a veces lo veo pasar a mi hermano también, pero no tengo relación", cuenta a UNO con la voz aplastada por la resignación.

En medio del diálogo con UNO un auto estaciona y Delfina sonríe. "Este chico viene siempre, siempre nos ayuda". Del auto bajó un veinteañero con gafas oscuras, con una bolsa de verduras en la mano. "Yo soy verdulero, siempre que puedo vengo a traerles algo".

El lunes la cosa podría repuntar. Esperan que en el comienzo de la próxima semana llegue la confirmación de que tienen un lugar para irse a vivir al Volcadero, tienen fe en que ahí todo va a mejorar, aunque saben que tampoco será fácil.

El castellano que hablamos utiliza el termino "ciruja" para definir a los hombres que sobreviven de las sobras del resto y duermen en las plazas; lejos de dimensionar la tragedia de la miseria, la mirada sobre algunos de ellos a veces encuentra una miriada compasiva, romantizada. Las mujeres de la calle son tan invisibles que ni siquiera hay una forma de llamarlas sin que suene a insulto, sin que recaiga una inmediata sospecha sobre ellas. Delfina y Susana necesitan trabajar para poder vivir en condiciones dignas y salir de la calle lo antes posible.


Feminización de la pobreza
Según las cifras del INDEC, el segundo trimestre de 2017 se calculaba que el 58 % de las mujeres ocupadas sufre precariedad extrema, considerada como la falta de derechos laborales y seguridad laboral (aportes jubilatorios, obra social, vacaciones pagas, aguinaldo, días por enfermedad y continuidad laboral) y salarios inferiores al salario mínimo vital y móvil.
Casi la mitad de las trabajadoras (45 %) no alcanzaba el salario mínimo el año pasado, es decir no llegaba a percibir ingresos por $ 8.860.
"No debe sorprendernos lo que desde la economía feminista llamamos feminización de la pobreza. En nuestro país, el grupo poblacional con menores ingresos se compone casi en un 70% de mujeres", sostenía Candelaria Botto de la ONG Ecofeminita.

Cómo ayudarlas
Necesitan fundamentalmente comida, alimentarse es lo que más les está costando estos días. Pero también necesitan elementos de higiene básicos, por ejemplo toallitas higiénicas, jabón, cepillo de dientes. Se las puede encontrar en la plazoleta triangular de calle Echague y Pascual Palma.

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