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Memoria: Paraná le debe a Juane

Paraná le debe a Juan Emilio Basso Feresín, recientemente fallecido, un aporte significativo para la construcción de la memoria colectiva.

Martes 09 de Marzo de 2021

El lunes 16 de abril de 2018, Juan Emilio Basso Feresín se sentó ante la jueza Beatriz Estela Aranguren, de espaldas al público que colmaba la sala de audiencias de los tribunales de calle 25 de Mayo de Paraná. Habló de su madre, María Eugenia Saint Girons, de su padre Emilio Feresín y de sí mismo. Su madre fue una sobreviviente de la dictadura, que murió años después de recuperar su libertad. Su padre fue un detenido que todavía sigue desaparecido. Él había sido un niño víctima, usado para torturar a su madre.

Aquel día, al declarar en la causa Área Paraná II, Juan Emilio relató los hechos que sucedieron a partir del 10 de febrero de 1977, cuando su padre fue secuestrado en Santa Fe, un día antes de su nacimiento de este otro lado del río. “Mi mamá estaba con un embarazo casi a término. Estaba preocupada desde el día anterior porque mi padre, que ese día cumplía años, había ido a Santa Fe y no había vuelto. Estaba con mi abuela cuando comenzó a tener los síntomas de trabajo de parto. Fueron al hospital San Roque, nací yo, y en el mismo parto fue secuestrada por fuerzas civiles y del Ejército. Ahí empezó el cautiverio de los dos”, contó.

Desde el San Roque, madre e hijo fueron trasladados al Hospital Militar, donde ella sufrió torturas físicas y psicológicas. Una de las torturas consistía en amenazarla con que asesinarían al bebé, sosteniéndolo por los pies y con la cabeza hacia abajo. Luego los llevaron a la Unidad Penal N° 6. De allí María Eugenia era sacada para ser torturada, mientras otras detenidas cuidaban de la criatura. Cintas grabadas con la voz de Emilio Feresín eran reproducidas en la sala de torturas. En agosto del 77 el bebé fue entregado a sus abuelos. María Eugenia fue trasladada más adelante al penal de Villa Devoto, en Buenos Aires.

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María Eugenia Saint Girons fue detenida en la sala de partos del hospital San Roque de Paraná. Su memoria es parte de la lucha por los derechos humanos en esta ciudad.

María Eugenia Saint Girons fue detenida en la sala de partos del hospital San Roque de Paraná. Su memoria es parte de la lucha por los derechos humanos en esta ciudad.

En un momento de su relato, con dolor pero tranquilo y firme, Juan Emilio mostró un cuaderno con hojas amarillentas por el paso del tiempo. Era el diario que su mamá escribió en prisión desde julio de 1977. Leyó: “Hoy tenemos ya poco tiempo para compartir. No sabemos cuánto, pero sí sé que es poco, por eso sé que debo decirte todo lo que tengo dentro mío, mi gringuito. De todo lo nuevo que tengo que afrontar, lo más difícil va a ser no poder tocarte”.

Juan Emilio Basso Feresín, conocido por todos como Juane, se reencontró con su mamá en 1982, cuando salió en libertad. Cuando ella formó pareja, incorporó el apellido de su padrastro. Vivió en Rufino. Se mudó a Rosario para estudiar Comunicación Social. Participó de la conformación de la agrupación HIJOS. en esa ciudad. Junto a otros periodistas fundó medios cooperativos: el periódico El Eslabón y el portal Redacción Rosario. Se convirtió en un militante tiempo completo por los derechos humanos, por la comunicación popular y por todas las causas justas.

La noche del miércoles 4 de marzo de 2021, Juane murió súbitamente mientras jugaba al fútbol en Rosario con un grupo de amigos. “No doy más”, dijo y se desvaneció. La ambulancia llegó rápido y le practicaron técnicas de reanimación, pero no dieron resultado. La noticia corrió por todo el país. En cada rincón donde hay un militante de derechos humanos hubo incredulidad y conmoción, dolor y bronca. Tristeza y desconcierto.

Tenía 44 años, casi la misma edad que tenía su madre cuando murió de un cáncer. Tenía cientos de luchas en marcha y otras tantas por emprender. Cientos de notas por escribir y verdades por contar. Cientos de proyectos por cumplir y palabras precisas para regalar.

Paraná le debe a Juane un aporte significativo para la construcción de la memoria colectiva: haber demostrado con su testimonio que el terrorismo de Estado circulaba cómodo por estas calles y edificios. Que el hospital San Roque fue cuna del horror. Que los genocidas que aquí habitaban eran capaces de torturar a un bebé. Que eran capaces de todo y que por eso sus crímenes ofenden a toda la humanidad y deben ser juzgados siempre y en todo lugar. Paraná le debe a Juane un reconocimiento y una disculpa por el horror.

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