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Copa Libertadores

La diferencia estuvo en el banco

Lunes 10 de Diciembre de 2018

Marcelo Gallardo demostró a lo largo de los 210 minutos de la gran final ante Boca por la Copa Libertadores, sus extraordinarias cualidades como entrenador. El Muñeco, ganador de tres de las cuatro conquistas continentales del club Millonario (una como jugador y las otras dos como director técnico) refrendó todos sus pergaminos para volver a llevarse la gloria eterna.
En La Bombonera como en el Bernabéu su equipo fue protagonista del juego. Volvió a demostrar su enorme injerencia en los resultados y sin estar en el banco de los suplentes plasmó una idea de lo que quiere para su River Plate.
Al igual que en Mendoza, por la Supercopa (2-0 Martínez y Scocco los goles), los dirigidos por Marcelo Gallardo volvieron a vapulear al clásico rival, sin contemplaciones, tal vez sin brillo pero con actitud y compromiso. Idéntico resultado y también goleadores en el torneo doméstico, que se jugó en La Boca, para relucir el trabajo del DT, y anticipar lo que se vendría.
En la primera final, sin la presencia de Ponzio y Scocco por lesiones, estuvo dos veces en desventaja y se supo reponer, para salir de un reducto difícil con un 2 a 2. Fue toda una señal, un impulso para la revancha. Algo había claro, todo se definía en el partido de vuelta.
En Madrid también arrancó abajo, pero en el complemento y con Quintero en cancha apareció el fútbol y River cambió la historia. La salida de Ponzio, capitán y emblema de este equipo, demuestra a las claras que a Napoleón no le tiembla la mano para sacar nombres o modificar esquema. Sea quien sea. Todo en bien del equipo, y quedó una vez más refrendado.
Metió mano, y en el banco de los relevos estaban las soluciones para dar vuelta el marcador y ganar el partido más importante de la historia. Es el sello Gallardo, esa capacidad para decodificar los partidos. Por eso los cambios: el ingreso de Juan Fernando Quintero resultó vital para la remontada, y hasta se dio el lujo de poner en cancha a un juvenil de 18 años, el delantero Julián Álvarez, con un puñado de partidos en Primera.
Gallardo está en todos los detalles, acompañado por gran cuerpo técnico y un plantel que lo entiende a la perfección, así conquistó nueve títulos como entrenador.
El Muñeco llegó a River como entrenador a mediados de 2014 y no paró de acumular títulos. Ese año logró la Copa Sudamericana. Después, a comienzos de 2015, se alzó con la Recopa Sudamericana ante San Lorenzo. Ese año también sumó la primera Copa Libertadores e inmediatamente la Suruga Bank.
Ya en 2016, Gallardo festejó nuevamente la Recopa Sudamericana y luego sumó la primera de las tres copas nacionales, la Copa Argentina 2015-16. Al año siguiente se coronó bicampeón de la Copa Argentina. Y a principios de este año le ganó la Supercopa Argentina a Boca. Ahora, el noveno título, la Copa Libertadores ante su clásico rival. Como jugador Gallardo ganó ocho títulos en Núñez (Cuatro torneos Apertura y dos clausura, una Copa Libertadores y una Supercopa Sudamericana). Gallardo es un hijo de River que lleva 17 conquistas y que va por más.
El Muñeco es auténtico y además simple. Ayer luego de ganar la Copa dijo: "Sí, hoy me siento pleno porque va más allá de la felicidad de haber conseguido un logro tan importante, sino por lo que venimos haciendo y lo que todavía queda por hacer". Y agregó: "No tengo ningún problema de estar y seguir gestionando este plantel. Para mí es un verdadero placer, una enorme responsabilidad, pero con gusto me levanto a la mañana y disfruto lo que hago y en el lugar donde estoy. Mientras sienta eso lo voy a seguir haciendo, y cuando no lo sienta más, será Rodolfo (D'Onofrio) el primero al que le voy a decir 'es el momento de parar'. Tal vez lo discutiremos en su momento", reflexionó el exitoso entrenador Millonario. Ahora se viene el Mundial de Clubes y Gallardo buscará sumar más gloria para él y su River. Identificado con el Millonario desde siempre. Primero hincha, después jugador talentoso y ahora entrenador multicampeón. Una gloria para la entidad que vale la pena poner en la mayor consideración.

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