Música
Lunes 24 de Septiembre de 2018

Palito Ortega: "No puedo vender lo que no soy"

El cantante, que actúa el domingo en el teatro Broadway, habla de su amistad con Charly, admite que se equivocó con su cine en la dictadura

Pedro Squillaci/ La Capital de Rosario
Especial para UNO

Palito Ortega atiende el teléfono después de que un jefe de prensa de Sony dice: "Te paso con Ramón".
 —Me desorienté un poco, Ramón no es Palito.
   —Claro, ¿quién es Ramón? ¿Ramón Ayala?
   Las risas irrumpen en la charla y le da un clima previo más que distendido. Palito Ortega es un ícono de la música popular, el tipo que rompió esquemas desde su época de "El Club del Clan", el que generó una canción "pum para arriba" en tiempos que nadie se imaginaría que esa frase la usaría un tal Tinelli, el que hizo de "La felicidad", "Un muchacho como yo", "Bienvenido amor", "Corazón contento", "Despeinada", "Sabor a nada" y "A mí me pasa lo mismo que a usted" se conviertan en himnos que cantaron multitudes y atravesaron fronteras, incluso grabadas por grandes estrellas de la canción y hasta cantadas en las canchas de fútbol.
   Pero también Palito es el hombre al que se lo asoció con levantar banderas de la canción sin compromiso, el que cantaba "todo es diferente gracias al amor" cuando en la Argentina moría la gente en plena dictadura, o el que filmaba películas dejando bien paradas a las Fuerzas Aéreas y al imaginario militar, como el caso de "Dos locos en el aire", de 1976, que fue su ópera prima, al encabezar el elenco junto a Carlitos Balá. Todo eso también integra el universo Palito Ortega, la gente lo sabe y él mucho más.
   En diálogo con Escenario, Ortega no le esquivó a ningún tema, los agradables y los incómodos.
   Fue autocrítico al admitir que no era el momento indicado para filmar ese tipo de cine en los años duros de la Argentina, pero también aclaró que temas como "La felicidad" lo compuso en 1965, cuando nadie imaginaba que el país sería oscurecido por Videla-Massera-Agosti. También resaltó que tuvo "pelotas para jugarse en esa" como fue cuando volvió de Miami y se lanzó a la política en Tucumán para derrocar a Antonio Domingo Bussi "quien tenía planeado instalar un partido militar en la Argentina".
   Habló del orgullo de su amistad con Charly García y que el bigote bicolor siga tocando "Media novia" cada vez que están juntos. Y hasta confesó que si no hubiese sido porque lo advirtió una compañía grabadora le hubiese dado "La felicidad" a Paul Anka. De ese modo, justamente quien popularizó "A mi manera", hubiese sido el primero en grabarla en vez de él.
   Recordó que fue el primero en editar los temas de Joan Manuel Serrat en los tiempos de "Tu nombre me sabe a hierba" y que es algo que poca gente conoce. Y que entiende que la buena vibra familiar que sembró a lo largo de su vida hizo que sus hijos se dedicaran a lo artístico y habló con admiración especialmente de la carrera impactante en la escena audiovisual de Sebastián y Luis Ortega.
   Palito Ortega viene de grabar "Rock' n Roll" (2017), en donde le hace un homenaje a sus propios comienzos en la música.
   —¿Grabar estas canciones tiene que ver con reencontrarte con lo mejor de tu pasado?
   —Con eso, exacto, sí, claro. Esto forma parte de los sueños. Apenas empecé a grabar como Palito Ortega al poco tiempo mi compañía discográfica me programa una gira que empezaba en México, pasaba por Nueva York, Los Ángeles, después iba a Europa y empezaba por Italia, Francia y España. En esa gira, cuando llego a Nueva York, me llevaron a un teatro a conocer a Paul Anka y cuando termina el show, en el camarín, le conté que en el comienzo yo cantaba canciones de él. Y me dice: "Como estamos en la misma discográfica, me gustaría hacer un disco en español, ¿por qué no me escribís algo para mí?" (risas) Es el mundo al revés, era increíble, yo salí del teatro y me decía "nada es más grande que lo que me acaba de pasar con este tipo".
   —El sueño del pibe, no lo podías creer.
   —Claro, imaginate, la historia sigue que cuando escribo "La felicidad" le digo a la compañía "por favor, ¿le mandan esto a Paul Anka, que yo ya me comprometí?". Y la escuchan ellos y me dicen "¿vos sos loco, cómo vas a mandar esto?, mañana mismo la grabás vos". Y después pasó lo que pasó con la canción, en Estados Unidos la hizo Ray Conniff en instrumental, en Italia la hizo Iva Zanicchi, hubo versiones en Alemania. Yo no estaba equivocado de que era una buena idea para Paul Anka, pero bueno. Después no seguí pensando en mandarle algo y al final nunca le mandé nada, aunque sigo teniendo una buena relación.
   —Hubo un tiempo en que ser un músico popular era mala palabra para cierto sector de artistas e incluso del público. ¿Qué cambió?
   —Bueno, yo toqué tres veces en el teatro Colón y con la Sinfónica. Pasaron los prejuicios, yo con los rockeros me llevo muy bien, pero antes era medio difícil acercarse a los cantantes que no hacían la música popular que hacíamos nosotros. Hoy en día me río mucho con Charly. Con la amistad que tenemos, cada vez que se sienta en el piano y estamos juntos lo primero que toca es "Media novia" y me dice "yo te escuchaba de pibe en El Club del Clan". En definitiva, creo que se sinceró una situación, que sí marcó una etapa, donde estábamos muy divididos. Por otra parte, siempre se espera que llegue un artista de Santa Fe, especialmente de Rosario, como llegaron tantos, pero lo último que vendió una gran cantidad de discos no tiene que ver ni con Litto Nebbia ni con Fito Páez, sino con Los Palmeras, que no paran de trabajar. Es como que se niveló un poco el asunto y no solo pasó en la Argentina, pasó en todos lados.
   —¿Tanto en tu vida como en tu carrera artística siempre sentiste que pudiste superar los obstáculos que se te presentaron?
   —Sí, yo creo que en el fondo el propósito de todos debe ser siempre superar las etapas por difíciles que parezcan. Charly, por ejemplo, no sólo hoy es un amigo, sino que en el último disco mío de rock tocó los teclados en todos los temas y canta "Popotito" a dúo conmigo, cosa que 30 años atrás era bastante impensado. Eso es positivo, porque el buen músico no deja de ser un buen músico por tocar una canción popular. Y también a uno lo premia finalmente la perseverancia en ser uno mismo, y no querer vender una cosa que no sos. Yo salí de Tucumán y cantaba así de esa manera y le canté a lo que creía que tenía que cantar, porque lo sentía. Y en momentos de la música de protesta y música testimonial, y no sé cuántos rótulos más les ponían, yo seguía cantándole a la vida en su perfil más positivo.
   —¿Y por qué tomaste esa decisión?
   —Porque yo conocía demasiado a la otra cara de la vida, entonces a mí me daba la sensación de que cantarle a esa cara triste, a esa cara dolorosa de la vida, no ayudaba a nadie. No le puedo cantar "pobrecito" a una persona que está tirada y abandonada, yo tengo que darle una palabra de esperanza, ese fue mi pensamiento siempre.
   —En un contexto de grieta política, de país en llamas, de fábricas que cierran, donde pocos llegan a fin de mes, ¿cómo repercute un tema como "La felicidad"?
   —Yo admiré siempre a los poetas, fui el primer editor de Serrat, cuando empieza a cantar en español yo le empecé a publicar la partitura musical, que es lo que los chicos compran para tocar esa canción. Y tuve la oportunidad de conocer, cuando fui a Francia, a George Brassens, a Jacques Brel, y los admiraba. Pero yo no era eso, porque no puedo vender lo que no soy. Yo llegué así desde Tucumán a los 15 años y traté de crecer en el aspecto humano, formé una familia, pero mis sentimientos siguen siendo los mismos, sé lo que es no tener, sé lo que es caminar con alpargatas por el pasto escarchado cuando salía a las 6 de la mañana a buscar los diarios que vendía por las colonias, yo pasaba necesidades, el frío, el hambre, no tenía ropa seca para ponerme cuando no se me secaba por el brasero. No me puedo mandar la parte, no puedo traicionar esos orígenes, pero yo pude salir, no me quedé a llorar mi tristeza y mi frustración. Eso le quiero decir a la gente, yo creo que se puede. "La felicidad" la escribí en el año 65, si vos la llevás al año 76 y decís "no se puede escribir en ese contexto", pero la hice 11 años antes. Yo lo único que puedo hacer es levantarle el ánimo a alguien y decirle "hermano, no está todo perdido si vos no lo ves perdido". Mi música tiene que ver con ese pensamiento, pero respeto profundamente los que escriben otro tipo de canciones.
   —¿Más allá de la música, admitís que las películas que filmaste en la época de la dictadura no eran las adecuadas en ese momento de la historia del país?
   —Sí, evidentemente la referencia es a la película con Carlitos Balá, y era para chicos, así que buscarle una connotación política a eso es medio disparatado, pero sí reconozco que no era el momento de hacerlo. Pero poca gente recuerda que en ese momento también Luis Sandrini y Leo Dan estaban haciendo la remake de "La muchachada de a bordo" y Olmedo y Porcel hacían "Los colimbas se divierten", es decir que uno no tomaba mucha conciencia, pero no es que había una premeditación de apoyar esto o aquello. Hemos vivido siempre mirando qué hace el vecino y no mirándote al espejo y ver quién soy y qué estoy haciendo. Si yo hubiera tenido una fábrica de toallas me hubiese vuelto multimillonario en ese momento porque todo el mundo se lavaba las manos. No era el momento y sí reconozco que me equivoqué, que estaba fuera de tiempo, pero no era una propaganda de nada.
  —Es bienvenida la autocrítica...
   —Pero también es bueno saber que, si vamos a conversar de esto, yo estaba viviendo en Miami cuando me entero de que Bussi estaba liderando las encuestas con el 60% y nadie le podía ganar en Tucumán. Entonces dejé todo en Miami para venir a pelearlo a Bussi y me tiraban tiros al aire en medio de la campaña, disparaban y me tiraban piedras en la casa que alquilaba, digo, había que tener un poco de pelotas para jugarte en esa. Entonces yo acepto las críticas, pero otros no harían esto. Hay que tener valor para decir "yo me equivoqué porque no era el tiempo para hacer esas películas", pero cuando tuve que poner lo que había que poner lo hice, hasta Verbistky dijo que si Ortega no le ganaba a Bussi en el 91 el partido militar estaba armado para lanzarse a nivel nacional. Y la pelea la di solo, como siempre.

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