Recordar a José Luis Cabezas significa valorar la importancia del periodismo: informar, investigar y controlar al poder. Su asesinato en 1997 fue el ataque más brutal contra la libertad de expresión desde el regreso de la democracia en Argentina. Su muerte evidenció los riesgos del periodismo comprometido y recordó que mostrar la verdad puede ser peligroso para quienes detentan poder.
A 29 años del crimen de José Luis Cabezas, símbolo de la libertad de prensa
A 29 años del asesinato de José Luis Cabezas, su memoria recuerda los riesgos del periodismo comprometido y la importancia de defender la libertad de prensa.
Foto:Gentileza/Télam
A 29 años del crimen de José Luis Cabezas, símbolo de la libertad de prensa.
A través de su cámara, Cabezas expuso verdades que incomodaban al poder. Entre sus imágenes más emblemáticas se encuentra la fotografía de Alfredo Yabrán, un empresario que construyó sus negocios a costa del Estado argentino. Aquella imagen rompió el anonimato de Yabrán y marcó el destino de Cabezas.
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A 29 años del crimen de José Luis Cabezas: el periodismo no olvida
El presidente del Foro de Periodismo Argentino, Fernando Stanich, junto a ex presidentes de Fopea, compartieron sus palabras para recordar al fotoperiodista:
Fernando Stanich afirmó: "A 29 años del asesinato de José Luis Cabezas, su memoria adquiere una vigencia inquietante porque en Argentina aumentan la hostilidad, la descalificación y las presiones desde distintos sectores del poder hacia el periodismo.
Este mojón en la historia democrática argentina nos interpela a todos, porque evidencia que ninguna sociedad está a salvo cuando se deteriora la libertad de prensa. También nos refresca que la deslegitimación y estigmatización del trabajo periodístico pueden derivar en casos más graves de violencia.
Entendemos que honrar a Cabezas no es un recordatorio del calendario marcado en cada enero, sino que implica defender a diario la dignidad del periodismo, reclamar condiciones de trabajo seguras y reiterar que sin periodismo libre no se puede ejercer una ciudadanía plena.
'No se olviden de Cabezas' es mucho más que un grito: es un ejemplo de resistencia para mantener viva la idea de que la democracia debe proteger a quienes la sostienen con su labor".
Paula Moreno Román agregó: "El asesinato de José Luis Cabezas, en 1997, funcionó como un punto de inflexión en la conciencia democrática argentina. No fue solo el crimen de un reportero gráfico: fue la evidencia brutal de que investigar, mostrar y publicar podía costar la vida.
Pero el punto a mirar, 29 años después, con 'muchos diarios del lunes' desarrollados, se vincula con la inmediata y transversal reacción social. El 'No se olviden de Cabezas' sintetizó un consenso amplio: la libertad de expresión no era un privilegio corporativo del periodismo, sino una condición básica de la vida democrática.
En ese contexto, la sociedad civil comprendió que sin periodistas libres no hay ciudadanos informados, y que atacar a la prensa era una forma indirecta (pero eficaz) de disciplinar a toda la sociedad.
Casi tres décadas después, la violencia directa da paso a formas más difusas de hostigamiento y deslegitimación, mientras la defensa social de la libertad de expresión se debilita en climas de polarización que relativizan o celebran el ataque al periodismo. Lo que antes se asumía como un valor común, corre el riesgo de ser percibida como una bandera sectorial.
Recuperar aquella conciencia cívica implica volver a entender que cuando la sociedad se distancia de la defensa de este derecho humano fundamental, no es el periodismo el que pierde sino la calidad de la democracia y el derecho colectivo a la información. Desde Fopea no dejamos de señalar la indispensable necesidad de conmoverse ante la defensa de la libertad de expresión, porque cuando la sociedad se distancia de ese valor, la pregunta deja de ser a quién le toca y pasa a ser cuándo".
Fernando Ruiz expresó: "La comunidad periodística argentina tiene a José Luis Cabezas como uno de sus referentes históricos. Su carrera profesional sintetiza los valores del periodismo: rigor, vocación y persistencia para buscar la verdad.
El trabajo de hoy, que hacemos todos los días, tiene que inspirarse en el ejemplo de Cabezas".
Fabio Ladetto recordó: "Al asesinato de José Luis Cabezas le siguió primero la confusión, luego la conmoción y finalmente la organización. Nadie sabía al principio (ni podía entender) qué es lo que había pasado, cómo era posible que un fotoperiodista solo conocido por su entorno laboral fuese un cadáver, además quemado con saña. Qué estaba pasando fue la primera pregunta que nos hicimos.
Cuando se superó ese inicial momento, el miedo y la inseguridad arrasó la sociedad. El horror de la dictadura estaba fresco aún y el mensaje era claro: lo que le pasó a José Luis encerraba el mensaje del poder intocado, de quienes estaban al margen de la ley, de los impunes que deciden sobre toda vida.
La reacción excedió al ámbito periodístico. Involucró a todos por igual, con la certeza individual de que todos éramos (o podíamos ser) Cabezas. Se transformó en el símbolo de un nuevo Nunca Más hacia el futuro, con la conciencia de que sólo estando alertas, activos y conscientes podíamos evitar nuevas tragedias colectivas.
Para ello se necesitaba una respuesta común, sin fisuras ni debates inútiles. Lo que estaba en juego era más importante y, con la guía de los organismos de derechos humanos y el compromiso firme de cada uno y de las asociaciones sindicales existentes, esa unión fructificó en un reclamo de justicia que se mantiene y se repite en todo el país.
La primera reunión nacional, si la memoria no me hace trampas, fue en la sede que Utpba tenía en calle Alsina, con Adolfo Pérez Esquivel en la cabecera de la mesa, entre muchos más. Ahí fue cuando se sintió que todos empujábamos para el mismo lado, que la grieta que nos atravesó como país desde nuestro propio origen se saldaba en la acción, que el otro era uno mismo, que lo que estaba en juego iba más allá de lo propio.
La ucronía permite aventurar qué hubiese pasado si la historia tomaba otro rumbo, si el homicidio en Pinamar pasaba como un hecho delincuencial más. Imposible saber dónde estaríamos como sociedad, pero hay ejemplos latinoamericanos (como los de México y Honduras, entre otros) que reflejan lo que no pasó porque se actuó a tiempo, entre todos y sin dudas.
Hoy el periodismo enfrenta amenazas distintas, pero con el mismo objetivo de parte de los poderosos: que se guarde silencio, que no se muestren las verdaderas caras, que los negocios sigan pasando entre sombras y nadie les ponga luz.
Fopea no existía, pero se siente heredera de esa lucha por la verdad y la justicia y por el cumplimiento de las premisas fundamentales de la profesión: no estamos para satisfacer y recibir felicitaciones, sino para mostrar y molestar".
Gabriel Michi señaló: "Muchas veces se habla de que un episodio en la historia fue un hecho bisagra y marcó un antes y un después en esas sociedades. Sin embargo, no siempre es así. Y, a veces, esa frase termina representando simplemente un lugar común, vacío de sustancia.
Sin embargo, el crimen de José Luis Cabezas (del que este 25 de enero se cumplen 29 años) es sin duda uno de esos hitos que dividen la Historia y que generan esa grieta entre el antes y el después. No lo digo como su compañero y amigo de José Luis (ya que obviamente me atraviesa toda una carga subjetiva cada vez que hablo de este tema) sino como un observador de la realidad, del periodismo y de la Libertad de Expresión, siendo este crimen el peor ataque contra este derecho desde el retorno de la democracia en la Argentina.
Una breve enumeración de esas diferencias en la previa y lo que vino después del asesinato que vistió de luto al país aquel 25 de enero de 1997:
Antes del crimen de José Luis Cabezas había un periodismo de investigación en pleno apogeo, pero que no tenía sobre sí el fantasma de que podrían asesinar a un colega por el simple ejercicio de su profesión. Por lo menos no en democracia.
Después del crimen se siguió profundizando el periodismo de investigación (incluso en el propio caso) pero sabiendo que el riesgo de muerte estaba allí amenazante.
Antes del crimen las amenazas contra los periodistas se habían multiplicado y había una sensación de cierta soledad frente a esos casos, aunque se creía que eso no llegaría a mayores. Es decir, a un asesinato.
Después del crimen la unidad que se consiguió entre los periodistas de todo el país fue tan grande que fuimos un colectivo unívoco en reclamo de Justicia, más allá de donde fueran, qué cargo ocuparan, en qué medio trabajaran o qué ideología profesaran.
Antes del crimen no se tenía dimensión de cuál era el estado de apoyo y la valorización que la sociedad tenía del periodismo y de los periodistas. Después del crimen se pudo ver cómo la sociedad se movilizaba codo a codo con los periodistas reclamando justicia por José Luis a la vez que seguía con total atención lo que pasaba con el caso.
Antes del crimen de Cabezas el trabajo de los reporteros gráficos (pieza central del periodismo) no era lo suficientemente valorado hacia adentro de los propios medios ni tampoco ante los ojos de la sociedad. Después del crimen se tomó verdadera dimensión de la importancia trascendental que los fotógrafos cumplen en la búsqueda de la verdad, tal como fue el caso de José Luis, algo que lamentablemente le costó la vida.
Antes del crimen no se tenía en cuenta cuál era la verdadera importancia que tenían sindicatos u organizaciones de periodistas en la defensa de este oficio. Después del crimen se pudo ver cómo esos colectivos de periodistas, fotógrafos y medios de comunicación podían unir fuerzas y anteponer diferencias en defensa de un valor superior que los abarcaba a todos.
Antes del crimen el poder político y económico se sentía impune, tal como lo describió el autor intelectual del crimen, Alfredo Yabrán, cuando definió que 'tener poder es tener impunidad'. Después del crimen se demostró que el buen periodismo (acompañado por la sociedad) le puede poner un límite a los poderes más oscuros y desnudar esas verdades que ellos quieren ocultar.
Antes del crimen, la Libertad de Expresión no era algo que parecía estar en riesgo, por lo menos después de la noche negra de la dictadura. Después del crimen quedó en claro que a la Libertad de Expresión hay que defenderle en cada instancia porque de ella depende la democracia. Y porque no hay democracia sin Libertad de Expresión y no hay Libertad de Expresión sin periodismo.
Pero más allá de todas esas consideraciones generales que muestran que realmente hubo un antes y un después del crimen de José Luis en la Historia argentina, vale destacar que también hubo un antes y un después desde el punto de vista humano (quienes estuvimos cerca lo pudimos observar y vivenciar con mucho dolor) en la familia Cabezas. Un antes con un padre, hijo, esposo, hermano lleno de amor y pasión por su familia y su profesión. Y un después plagado de dolor y ausencia.
Eso no hay que olvidarlo nunca. Como tampoco el reclamo de memoria, verdad y justicia por José Luis. En eso Fopea tiene un lugar primordial y central, defendiendo al periodismo comprometido con la verdad y a la Libertad de Expresión.
No nos olvidamos de José Luis Cabezas. ¡Cabezas, presente!".
En este nuevo aniversario, el Foro de Periodismo Argentino (Fopea) reafirma la importancia de mantener viva la memoria de Cabezas y de defender el ejercicio libre y responsable de la profesión para que haya más y mejor periodismo.
No se olviden de Cabezas.


















