El presbítero José Temón, de la diócesis de Concordia, cumplió el pasado 5 de diciembre 68 años de vida sacerdotal. El cura de 92 años, declarado Ciudadano Ilustre en 2020, compartió a través de un video el recuerdo de su ordenación.
Concordia: El padre José Temón celebró 68 años de vida sacerdotal
Obispado de Concordia
José Roque Temón. Nació en la ciudad de Paraná el 16 de agosto de 1930. Su primer destino pastoral fue Urdinarrain, en el departamento de Gualeguaychú; dos años más tarde fue trasladado a la ciudad de Federación y luego estuvo por un tiempo en Villaguay.
Obispado de Concordia
Pastor. A los 5 años se fue a vivir junto a su familia en la Catedral de Paraná, porque su padre había sido nombrado sacristán, y muy pronto se convirtió en un pequeño monaguillo. A los 12 años ingresó al seminario y a los 24 fue ordenado sacerdote.
"Un 5 de diciembre de 1954 recibí el sacramento del sacerdocio junto con otros cuatro compañeros que ahora están dispersos por toda la República. Con todo el entusiasmo, la admiración de poder celebrar la Santa Misa. Nuestras primeras misas eran muy fervorosas, renovábamos el milagro de la presencia viva de Jesús en cada Eucaristía", reflexionó en su 68º aniversario.
José Roque Temón nació en la ciudad de Paraná el 16 de agosto de 1930. Es el cuarto hijo y último miembro de una familia de inmigrantes profundamente cristiana, que supo enfrentar las adversidades. De Italia directo a la Argentina, vivieron primero en Buenos Aires pero se establecieron finalmente en la ciudad de Paraná.
A los 5 años se fue a vivir junto a su familia en la Catedral de Paraná, porque su padre había sido nombrado sacristán, y muy pronto se convirtió en un pequeño monaguillo. A los 12 años ingresó al seminario, respondiendo a la invitación que le hizo el entonces rector de la casa de formación, que iba frecuentemente a la Catedral. Allí inició el camino de discernimiento vocacional que llegó a su plenitud y entrega definitiva el 5 de diciembre de 1954, cuando fue ordenado sacerdote, a sus 24 años.
Al respecto de su vida pastoral señaló: "Que esto sirva para alentar a los jóvenes, a los adolescentes a pensar si ellos no tienen la vocación sacerdotal. Creo que hay muchos que están dispuestos pero que no trabajamos, no cultivamos esas vocaciones y por eso se pierden. Cada vez hay menos vocaciones, pocos los sacerdotes y pocos los que se preparan. Pidamos a Dios para que envíe sacerdotes. Recemos mucho para que las vocaciones sacerdotales se cultiven y se multipliquen".
Vida de sacerdote
Su primer destino pastoral fue Urdinarrain, en el departamento de Gualeguaychú; dos años más tarde fue trasladado a la ciudad de Federación y luego estuvo por un tiempo en Villaguay. Para el momento en que fue creada la diócesis de Concordia (1961) el padre José estaba en la parroquia Santos Justo y Pastor, de Colón, y el primer obispo diocesano, monseñor Ricardo Rösch, lo nombró vicario parroquial en la catedral.
"Dios lo predestinó para realizar una gran misión evangelizadora en todas las comunidades parroquiales de la ciudad de Concordia en donde estuvo como pastor. Las obras espirituales y materiales que llevó adelante persisten en el tiempo y corazón de los fieles", indicó la agencia de noticias católicas, Aica.
Realizó un trabajo de asistencia y contención memorable en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, acompañando a las familias más abnegadas de la zona sur, golpeada tantas veces por las inundaciones. La creación de la guardería infantil y la escuela primaria, se suman a la compañía espiritual y el trabajo codo a codo con los obreros. Junto a su gran compañero, el padre Andrés Servin, se hicieron uno con la comunidad para buscar juntos iniciativas y soluciones a las necesidades más urgentes de la comunidad.
Fue nombrado administrador parroquial de la comunidad Nuestra Señora de Itatí y allí acompañó y continuó la obra del padre Pedro Duarte que ya estaba muy enfermo. Fallecido el padre Duarte fue nombrado párroco y continuó con su trabajo de pastoreo privilegiando los sectores más vulnerables. Trabajó junto a las familias del barrio Pancho Ramírez y el incipiente Barrio Constitución.
Su espíritu inquieto lo impulsó a realizar gestiones en la municipalidad y consiguió la donación de una manzana donde se construyó la capilla San Francisco, que más fue erigida en parroquia. Allí trabajó propiciando varios talleres de oficio, siguiendo el ideal de las primeras comunidades cristianas: cuidar a los pobres, velar por sus necesidades, trabajar incansablemente por incluirlos en los proyectos de la comunidad.
En 2001 fue destinado a la parroquia Nuestra Señora de Pompeya, comunidad donde permanece en la actualidad.
















