Diálogo Abierto

Stop motion y los secretos del cine en miniatura

Entrevista con Marina Lisasuain. Tele, dibujitos y cómics. Aprendiendo "truquitos" visuales para stop motion. Star Wars, maquetas y una gran desilusión

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Stop motion y los secretos del cine en miniatura

Stop motion y los secretos del cine en miniatura

Anime y manga japonés, a full

—¿Dónde naciste?

—En Concordia, pero a los pocos días de nacer vine con mi mamá a Paraná, a barrio Rocamora.

—¿Cómo era en tu infancia?

—Siempre estuve acá y es bastante familiar, tranquilo y agradable.

—¿Qué actividad laboral desarrollan tus padres?

—Mi mamá fue administrativa en una farmacia, y en sus tiempos libres hacía artesanías y trabajos manuales, de donde saqué sus gustos por trabajar con materiales y crear. Probó modelar personajes en porcelana y tejía mucho, pero no vendía, luego se jubiló y se dedicó de lleno al tejido. Algunas de mis animaciones que se pueden ver en las redes son muñecos tejidos por ella, lo cual aprendí.

—¿Qué visión tenías respecto del centro?

—Me parecía relativamente cerca e iba, porque estamos conectados por colectivo o, caminando, llegaba en un rato.

—¿Lugares de referencia?

—Era de estar más en casa, andaba por la plaza (España) y por donde era el hipódromo. Caminaba mucho.

—¿A qué jugabas?

—A saltar la cuerda, a las figuritas, a las cartas, y miraba mucha tele, dibujitos y animaciones.

—¿Cuáles?

Sailor Moon, de animé japonés, y AnimeToons.

Mauricio Manassero:Los de los canales Magic Kids, que solo traía animé de Japón como Dragon Ball Z, Los Caballeros del Zodiaco, Pokemon y Digimon, Dexter´s Laboratory, Los picapiedras y Tom y Jerry, y Cartoon Netwoork.

—¿Qué te atraía?

—La estética y los colores, sobre todo de los japoneses, por sus historias y personajes.

—¿Te motivaba para algo?

—Los colores me inspiraban para dibujar y trataba de hacer los personajes.

—¿Te formaste?

—No, solo lo de la escuela, con lápices, aunque el dibujo no es lo mío, lamentablemente.

—¿Sentías una vocación?

—No tenía ninguna en particular, estaba muy vacía (risas)… luego quería ser analista de sistemas, veterinaria… pero no era algo que sintiera.

—¿Qué materias te gustaban?

—Plástica y Música, aunque no eran las más lindas porque no me daban lo que quería. Me iba bien en Física y Química (risas).

—¿Leías revistas de cómic?

—Me gustaba leer manga japonés porque estaba conectado con lo que miraba en televisión, también novelas y cuentos, que no recuerdo.

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Terror y efectos especiales

—¿Alguno influyente?

—Leía historias de terror y de magia, pero no siento que me hayan marcado. También películas de ciencia ficción, sobre todo por los efectos especiales más artesanales. Las películas de terror también tienen efectos y climas que son lindos de ver. Me gusta Tim Burton, quien fue uno de los primeros en incluir el stop motion como forma cinematográfica.

—¿Películas recordadas?

—Desde la secundaria me fascina Michel Gondry, porque resuelve los efectos visuales de forma muy práctica, en maquetas con perspectiva, para que parezcan otras dimensiones. Como en el caso de Eterno resplandor de la mente sin recuerdos, donde hay muchos efectos trabajados desde la cámara.

—¿Tratabas de conocer y entender ese aspecto, antes de comenzar la carrera?

—Sí, en ese momento venían los DVD con clips de backstage y cuando alquilaba una película la veía dos veces para ver esos truquitos e investigar.

—¿Mantenías la afición por el dibujo?

—Sí, pero muy casualmente y no me perfeccioné. Tal vez si hubiera hecho algún taller me hubiera ido mejor.

—¿Otra afición?

—Hice cinco años de danza árabe.

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Detrás de las cámaras

—¿Imaginabas ser bailarina?

—Hubiese sido lindo pero no me sentía tan cómoda en el escenario y con las luces. Por eso me fui detrás de las cámaras (risas).

—¿Por qué estudiaste cine?

—No sabía qué hacer, estuve un año en que mi mamá me bancó, tomé un curso de inglés porque sabía que ayuda, me di cuenta de que me gustaba el cine, fui a Buenos Aires a ver cómo eran las carreras, cuando volví en ese curso conocí a una amiga que estudiaba cine en Santa Fe, y así conocí el ISCA (Instituto de Cine y Artes Visuales).

—¿Qué pensabas que podías hacer profesionalmente?

—Mi idea era poder trabajar como parte del equipo técnico que crea historias y hace películas, aunque todavía no sabía qué rol.

—M. M.: Cuando ingresás al instituto decís “vamos a hacer películas”, o televisión, pero con el transcurrir de la carrera te das cuenta de que los audiovisuales son muchos, sobre todo ahora con las redes sociales.

—¿Se concilió la carrera con tu idea previa?

—Sí, y se amplió porque te das cuenta de todo lo que hay detrás del equipo y proceso audiovisual.

—¿Una cátedra importante en ese sentido?

—En su momento renegué mucho pero ahora la extraño a Historia del Cine, a lo cual me hubiera gustado dedicarle más tiempo.

—¿Un formador?

—Varios que recuerdo con mucho amor, pero hay dos personitas que me marcaron mucho: Bárbara Peleteiro y Daniel Paroni, porque sus devoluciones eran muy buenas. Además hablaban de par a par y sobre la vida misma.

—M. M.: Eran dos polos opuestos porque Bárbara es la disciplina, el trabajar todo bien y no ser un volado, mientras que Daniel era lo opuesto, la expresión artística y experimental.

—¿Cómo comenzaste a observar el cine a medida que te formabas?

—Lo que había visto me fue sirviendo. Luego de haber estudiado comencé a verlo distinto, porque veía lo que estaba detrás de la magia de las películas. Buscaba la estructura del guión y me anticipaba a lo que iba a pasar, y deconstruía la película, aunque ahora logré desconectarme un poco y disfruto más, o la veo dos veces. Cuando me di cuenta del uso de maquetas grandes en Star Wars no me gustó (risas) y me sorprendió bastante.

—¿Cuál fue la tesis y qué futuro pensaste al recibirte?

—Fue un cortometraje de ficción de diez minutos, con personas actuando. Me veía siendo directora de arte y trabajar en utilería, no obstante que había incursionado en la animación. Fui haciendo más prácticas y mejorando la técnica.

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El arte de las maquetas

—¿Una etapa o momento histórico del cine que rescates?

—La del expresionismo alemán, por las maquetas y por el trabajo visual, incluso en blanco y negro.

—¿Descubriste el stop motion durante los estudios?

—En realidad me di cuenta de que lo conocía desde antes aunque no me había enfocado en ello. A partir de segundo año tenés que elegir una especialidad, animación o ficción, elegí las dos y en animación tuve una profesora, Claudia Ruíz, que se dedica al stop motion, y comencé a seguir ese camino. Me di cuenta de que Tim Burton había hecho mucho stop motion y que en muchas películas de ficción se habían utilizado maquetas.

—¿Algo particularmente te impactó?

—En esa época había un corto, Teclópolis, el primero del Can Can Club, de Buenos Aires, que me pareció una locura, porque era un cortometraje de diez minutos contado con objetos de oficina que tenían su propia personalidad. Es una ciudad hecha de teclados, con una especie de mar, con telas. También descubrí muchos trabajos animando personas, que iban más allá de lo que vimos en Tim Burton.

—¿No es paradójico que se conozca poco siendo esta técnica la esencia del cine?

—M. M.: Claro, pero no lo podés racionalizar hasta que ves cómo se hace o cómo lo hicieron.

—¿Qué países fueron pioneros y tienen mayor producción de stop motion?

—No sabría…

—M. M.: Los pioneros y la vanguardia fueron los europeos, Francia particularmente… por el desarrollo de las cámaras y disponibilidad de recursos. Fue experimental y muchos eran artistas plásticos, porque trabajaban con materiales que ya conocían tales como arcilla y papel, con formas muy delicadas. Luego, Estados Unidos y Canadá. La animación es cara porque los animadores están muchas horas animando.

—M. L.: Canadá tiene una muy buena escuela de animación. Se dice que quien inició la animación stop motion se llama Quirino Cristiani (Italia 1896-Argentina 1984). Igualmente el concepto existía desde Georges Méliès (París, 1861-1938, ilusionista y cineasta) el primero en hacer películas y que cortó una filmación, reemplazó un objeto, continuó grabando y parecía que había habido una transformación.

—¿En qué momento nació cómo técnica particular?

—Es la esencia del cine porque es una secuencia de imágenes que al reproducirlas dan la sensación de movimiento.

—M. M.: El video también funciona así, ya que son 24 cuadros por segundo. El aparato que se utiliza es el que da la sensación de movimiento, mientras que nosotros la tenemos que recrear manipulando los elementos, de cuadro a cuadro. El stop motion también se puede hacer tomando fotos y es el mismo sistema. La única diferencia con cuando grabás una película de live action (película que utiliza principalmente personas u objetos reales en lugar de animados), es que la cámara hace ese trabajo por vos, o sea tantos cuadros en un segundo y los actores se mueven.

—¿Hay distintos formatos y géneros?

—La animación, en este caso el stop motion, puede ser en 2D o 3D, y en cuanto a los géneros los hay como en el mismo cine, porque es una técnica más para contar historias.

—M. M.: Durante mucho tiempo se pensó que la animación era un género, pero es una técnica, con la cual podés contar historias de distintos géneros.

—L. M.: Suele confundirse porque se entregan premios “a la animación”, entonces lo toman como un género.

Lo digital y la transformación

—¿Qué momento se puede establecer como un punto de inflexión en el cine por el predominio del factor tecnológico?

Alien yLa cosa marcaron un punto, al igual que la aparición del 3D.

—M. M.: Hay películas de más de 40 años como Terminator I, una película clásica, y tiene muchos efectos especiales en 3D, maquetas y muñecos. La invención de lo digital cambió todo y dejó de ser una industria cerrada en materia de realización audiovisual. Para mí el mayor cambio es con Internet porque la gente puede subir sus propios trabajos.

—¿Una película que es disruptiva en cuanto al uso de los efectos especiales?

Avatar, aunque no me gustó. En cuanto a la animación, antes de lo digital se animaba sin poder ver lo que se estaba haciendo. Ahora usamos la compu, donde veo lo que la cámara toma, puedo borrar, volver a tomar la foto, programar la velocidad…

—M. M.: El uso de los efectos generados por computadora fue progresivo y ahora es como la norma. Sin embargo el digital llegó y cambió toda la industria, y ya se dejó de necesitar enormes espacios para guardar los fílmicos.

Formatos, escalas y materiales

—¿En el stop motion hay un formato estándar?

—No, la animación puede durar lo que uno quiere, según la historia. No obstante hay ciertas duraciones establecidas para los audiovisuales, sea un corto o un largo. En los circuitos de festivales lo ideal es más de un minuto.

—M. M.: Otro circuito es el comercial y el de la publicidad. Los más conocidos son el cortometraje de menos de 30 minutos, de un minuto, series de determinada cantidad de capítulos, microseries de un minuto en varios capítulos, largometrajes, publicidades de menos de 30 segundos y experimentales, que no tiene el condicionamiento del tiempo.

—¿La escala puede ser de cualquier dimensión?

—M. M.: En escala humana hay una técnica llamada pixilation, en la cual en vez de animar un objeto lo hacés con personas, que simulan determinadas acciones. El aumento de la escala es solo si beneficia al proyecto.

—¿Qué te inspira?

—Trabajar con los colores, materiales con distintas texturas y poder aportar con mensajes ecológicos. Hicimos uno sobre el proyecto de ley de humedales.

—¿Otros animadores que te sirvan de referencia?

—Estoy trabajando con plastilina y hay otros animadores que han hecho ese camino, por lo cual los veo para ver cómo lograron determinados efectos, como Gianluca Maruotti, quien me gusta mucho, y los trabajos en plastilina del Can Can Club.

—¿El trabajo artesanal con ese material se logra en la formación?

—Se va adquiriendo. No tuve formación plástica sino que lo voy practicando. Tengo pendiente hacer un curso o perfeccionarme para poder, por ejemplo, modelar figuras humanas.

—¿Te has sorprendido por algo surgido y no previsto?

—Me sucede todo el tiempo de estar animando y quedar contenta con el efecto “mágico” que se logra, más allá de la idea previa que tengas.

Plastilina en movimiento y un taller para aprender

Lisasuain detalló el proceso de creación y realización con stop motion e informó sobre el taller que ofrecerá este miércoles y jueves en el Museo Provincial de Bellas Artes, destinado a adolescentes.

—¿Cómo es el detalle técnico de todo el proceso?

—Primero, pensar la idea, sea una historia o experimental, y hacer el guión. Si se puede pasar a papel es mejor para ir viendo el encuadre y según eso se puede saber lo que se verá en cámara. Modelo, por ejemplo, en plastilina, luego se trabaja en una mesa multiplanos en la cual se pueden colocar distintos paisajes, elementos y personajes. Una vez que el cuadro está hecho y con las luces, comienza el rodaje, tomás una foto, movés un poquito, tomás otra, movés otro poquito, tomás otra… y así. Luego se edita.

¿A quiénes está orientado el taller que dictarás?

—Es para chicos de 12 a 16 años.

—¿Necesitan algún conocimiento previo?

—No, porque enseño desde lo básico y necesario para que luego puedan en sus casas contar y animar la historia y los objetos que quieran.

—¿Utilizan aplicaciones?

—En el taller enseñaré a utilizar una aplicación gratuita que se llama Stop Motion Estudio, con la cual, y con un buen trípode, se puede animar lo que se quiera. Si alguno no tiene celular o tablet puede ir igual porque se puede trabajar en equipo.

—¿Cuándo se realiza?

—Son dos comisiones, el miércoles 13 y jueves 14, de 15.30 a 18. Son cupos limitados de 15 personas para poder hacer un seguimiento personalizado y hacer una devolución.

—¿Qué espacios tenés en las redes?

—marinalisasuain y gatonauta.estudio

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