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La post pandemia: qué se puede esperar sobre el futuro

Dos intelectuales analizan cuáles serán los principales desafíos para los gobiernos, la sociedad y la ciencia en un escenario de post pandemia.

Viernes 18 de Junio de 2021

Esta semana fue viralizado y muy comentado el video en que una maestra, en una escuela de Israel, le daba a los alumnos la noticia de que ya no necesitaban usar tapabaocas dentro del aula. Los niños y niñas reaccionaron saltando y gritando y rompiendo los barbijos. Esa imagen, junto con las medidas de otros países que han vacunado a la mayor parte de la población, ponen en juego más que antes la posibilidad de la llegada de un momento en que el coronavirus sea parte del pasado. Pero ese escenario post pandemia está fuertemente condicionado por numerosos problemas del presente todavía sin solución.

UNO convocó a dos intelectuales para intentar responder a la pregunta sobre qué futuro nos espera después del coronavirus y reflexionar acerca de una serie de preocupaciones: ¿Qué desafíos deben enfrentar los gobiernos? ¿Hemos aprendido algo como sociedad sobre la solidaridad y el cuidado del otro? ¿Cómo queda parada la ciencia, que ha sido puesta en crisis por un virus desconocido y ha debido enfrentar discursos negacionistas?

“Pienso que no va a haber una post pandemia. Me parece que puedo imaginar un futuro donde la pandemia va a seguir estando presente de diversos modos”, dice Mario Siede, master en Sociología, docente de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) y consultor en planificación, políticas públicas y desarrollo local y social. “No va a haber una post pandemia, sino que va a haber una transformación de los escenarios que teníamos antes de que llegara el Covid y su secuela de muerte, de enfermedad, de generación de tanta desigualdad y de debilitamiento de todas las formas sociales de organización, que nos está condicionando respecto de cuáles serían las narrativas sobre el futuro”, agrega.

Por su parte, Carina Cortassa, doctora en Ciencia y Cultura por la Universidad Autónoma de Madrid y secretaria de Investigación y Posgrado de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER, advierte: “Desde el año pasado mismo se habla de cómo imaginar un escenario post pandemia. Creo que lo más importante es esperar a que ese escenario llegue, porque por ahora parece todavía muy lejano un momento en el cual podamos considerar a nivel mundial y a nivel nacional superada definitivamente la pandemia”.

La nueva normalidad

Cortassa entiende que “probablemente, una vez finalizado este periodo pandémico, la enfermedad de Covid-19 y la circulación del SARS CoV-2 quede a nivel endémico”. Y agrega: “Esto es algo que tenemos que tener muy en cuenta. Cuál sea la evolución de la pandemia, la endemia o la persistencia del virus, es lo que va a dictar las características de lo que vamos a entender como nueva normalidad. Una nueva normalidad que va a tener que convivir con la presencia del virus, como por otra parte nos hemos acostumbrado a convivir desde hace mucho tiempo con otros tipos de virus; el caso más claro es el virus del VIH, por ejemplo”.

“El futuro no existe, sino que se construye”, aclara Siede, y precisa: “El futuro se construye a partir de las narrativas, es decir, de los relatos y de los imaginarios que una sociedad tiene respecto a cómo quiere ser, cómo quiere desarrollarse, en dónde quiere desplegar todo el potencial de la humanidad. Y para eso tenemos condicionantes estructurales, que marcan esos escenarios a dos, a tres, a cinco, a diez años. Algunos autores hablan de una coronanormalidad, como que la normalidad va a ser con diferentes pandemias que el mundo va a ir teniendo que enfrentar”.

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¿Nadie se salva solo?

Cuando el coronavirus apareció en el mundo, en ciertos círculos ya se hablaba de la ética del cuidado. Incluso el gobierno nacional, recién asumido, recuperaba el valor de la solidaridad como un eje discursivo para legitimar ciertas políticas que consideraba necesarias en ese momento y la siguió utilizando para desplegar las medidas sanitarias que obligaban a restringir la circulación. Pero vale preguntarse si la sociedad aprendió algo de todo eso o si solo quedó en consignas comunicacionales, como el “nadie se salva solo” que pregonó el papa Francisco a finales del año pasado.

Carina Cortassa argumenta para una respuesta por el no: “Creo que por primera vez la humanidad se vio de frente ante la extrema vulnerabilidad de sus condiciones de vida que impone la sociedad del riesgo global. Lamentablemente no soy optimista acerca de los aprendizajes que podamos haber tenido, comparándolo por ejemplo con la situación que venimos atravesando del cambio climático. Hace ya varias décadas que los expertos ambientalistas están alertando acerca de las causas antropogénicas del cambio climático, de lo que están haciendo las personas con el planeta en que vivimos. Evidentemente, ante todas esas alertas, hasta el momento se ha hecho oídos sordos. No quisiera ser pesimista, pero creo que cuando pase la Covid seguiremos siendo tan sordos como antes. Cuando pase el riesgo inminente y cuando todo se aquiete, claramente quedarán recuerdos, quedarán memorias, pero no me atrevería a afirmar que saldremos fortalecidos en este sentido, respecto de las generaciones futuras”.

“Insisto: la problemática del cambio climático ya lleva muchos años poniéndonos de frente a toda una serie de argumentos científicos que muestran evidencias acerca de lo que estamos haciendo con el planeta –continúa– y eso no ha calado para nada en el imaginario social, no ha calado en la geopolítica ni ha calado en las actitudes individuales de las personas. Así que la verdad es que no tengo demasiadas esperanzas de que en este caso vaya a ocurrir algo diferente”.

“El futuro no existe, sino que se construye a partir de las narrativas, de los imaginarios que una sociedad tiene respecto a cómo quiere ser”. (Mario Siede) “El futuro no existe, sino que se construye a partir de las narrativas, de los imaginarios que una sociedad tiene respecto a cómo quiere ser”. (Mario Siede)

Al respecto, Siede afirma que los principales beneficiarios de la pandemia, entre los que menciona al sistema médico, los laboratorios y los productores y comercializadores de alimentos, “no van a haber aprendido algo diferente porque ellos aceleraron su propio negocio”. Y reflexiona: “El Business as usual, su propio negocio como habitualmente lo venían haciendo, quedó muchísimo más expandido y salen ganando mucho más a través de la situación de pandemia, mientras que una parte de la población muy grande relacionada con los servicios ha sido altamente afectada”. En el caso de la Argentina, Siede asegura que deberá tener un rol clave la “eficacia del Estado” para lograr los resultados que serán necesarios para salir de la situación post pandemia.

De todos modos, confía en que el cuidado y la solidaridad tengan vigencia en el futuro: “Antes de la pandemia ya se venía planteando el cuidado como tema estratégico en las sociedades del futuro, ante el envejecimiento de la población, que es una tendencia fortalecida a partir de los avances de la medicina y sobre todo de las nuevas tecnologías y la biotecnología. Ya se venía planteando que las estrategias de cuidado iban a ser un asunto clave, iban a ocupar a un conjunto de la población con características específicas, no solamente vinculadas al cuidado médico sino de la calidad de vida. Así que la necesidad de cuidar a otro va a ser parte de una línea de producción muy fuerte que se va a consolidar en el futuro”.

Desafíos para los gobiernos

La pandemia muestra el rostro más crudo de la etapa actual del sistema capitalista, donde la desigualdad es la regla. Así, mientras unos pocos se benefician en lo económico, las grandes mayorías salen perjudicadas. Lo mismo es evidente a nivel mundial con las vacunas: mientras a los países ricos les sobran dosis, en el resto del mundo escasean; mientras las clases pudientes pueden viajar a Miami para inmunizarse, el resto solo puede esperar. Ante este panorama, los gobiernos deberán enfrentar desafíos en el futuro, relacionados con las consecuencias sociales que deja la pandemia.

“Es básico la construcción de una gobernanza un poco más abierta, relacional, participativa, y no un gobierno duro, centrado en sí mismo y defendiendo sus decisiones a cualquier precio”, advierte Mario Siede. “Una cosa es un gobierno duro que toma decisiones que no consulta y que puede acertar o equivocarse, y otro modo de gobernar es el que entiende que las relaciones de gobierno se construyen, que el gobierno solo es insuficiente para poder trabajar con lo que va a dejar la pandemia y con los resultados que se van a buscar en un escenario post pandemia, en lo económico, en lo político y en lo social”, reflexiona. En ese sentido, asegura que se debe ir hacia un “pacto social”, dado que buena parte de la población va a estar “en el fondo del pozo” y “solamente con un gran acuerdo social se puede salir adelante”.

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Mario Siede asegura que en la post pandemia los gobiernos deben ser más participativos y abiertos.

Mario Siede asegura que en la post pandemia los gobiernos deben ser más participativos y abiertos.

Por otro lado, afirma que el escenario post pandemia tendrá a muy amplios sectores de la población “cada vez más empobrecidos” y sectores que se han enriquecido con la pandemia. “Vamos a tener dos grupos sociales muy diferenciados en lo económico que van a también producir fuerzas en tensión en lo político y en lo social. Por eso mismo, cualquier gobierno debería ser un procesador de las tensiones de los sectores que van a demandar más fuertemente actualización de salarios, mejores condiciones de vida, mejores condiciones para el consumo y sobre todo, acceso al trabajo, porque lo que se prevé es que la pandemia va a dejar mucha más gente desocupada de la que había. Y eso va a traer conflictividad social y política. Por eso el escenario político de construcción de consensos adquiere tanta importancia”, resume.

Por su parte, Carina Cortassa piensa que a nivel local las medidas para un escenario post pandemia serán a corto, mediano y largo plazo. “En el corto plazo tiene que haber un proceso de reconstrucción económica para paliar las gravísimas consecuencias que ha tenido la crisis sanitaria y las medidas derivadas sobre el tejido económico y social. Una situación que, por supuesto, agrava una crisis mucho más profunda en Argentina que no se debe a la pandemia sino que venimos arrastrando desde hace muchos años”, señala.

En cuanto al largo plazo, estima que se deberá realizar una evaluación “muy rigurosa” de cuáles fueron los mecanismos de actuación ante la crisis y la sucesión de las medidas a nivel sanitario, político, económico y en todos los planos. “En función de esa evaluación habrá que disponer un plan de acción, de emergencia, que es necesario que esté disponible para que pueda ser activado ante futuras crisis. Lo más importante es que se trata de una amenaza de nivel global, que hoy vivimos claramente en una sociedad de riesgo global, de la cual ya habló Ulrich Beck hace unos 30 años y que situaciones de este tipo van a seguir produciéndose. Es importante intentar evitar que este tipo de situaciones vuelvan a convertirse en crisis sanitarias mundiales y estar preparados para hacerles frente”, advierte.

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Carina Cortassa es pesimista respecto del aprendizaje sobre la solidaridad.

Carina Cortassa es pesimista respecto del aprendizaje sobre la solidaridad.

La ciencia, en su laberinto

La pregunta por el lugar que ocupará la ciencia resulta clave, dado que el conocimiento científico debe enfrentarse a discursos negacionistas, al tiempo que ha demostrado que no es infalible y que lo que hoy resulta una certeza mañana puede ser puesto en duda.

Carina Cortassa es optimista en este aspecto: “El desarrollo científico y tecnológico fue lo que nos permitió controlar y encontrar una salida mediante las vacunas en tiempo récord ante la crisis sanitaria. Solamente si recordamos los millones de muertos que hubo durante la llamada gripe española de 1918 podemos entender que en 100 años el desarrollo científico fue la clave para que esa situación desatada a finales de la primera guerra mundial no se reprodujera”, señala.

Frente a los discursos negacionistas, entiende que han hecho un “revival”, pero no son nuevos. “Son discursos que en este caso sí hicieron mucho daño, tuvieron mucho calado”, pero “son muy minoritarios dentro de la comunidad científica”. De hecho, recuerda que “mucho negacionismo se vio por el lado de algunos líderes políticos y eso lo que hizo fue ralentizar en muchos casos el control de la crisis”. De todos modos, esos mismos líderes políticos cambiaron de opinión, como el caso Boris Johnson, quien “se enfrentó a los primeros informes que le mostraban la evolución de la ratio de muerte en Inglaterra si no se aplicaban medidas, y entonces dejó de lado el negacionismo y puso todo en manos de los asesores científicos”.

Respecto de la imagen pública de la ciencia, Cortassa sostiene que aparece “realmente fortalecida”. Y explica: “El problema que existió y que seguirá existiendo con eso es que lo que saltó ante la vista de la opinión pública durante la pandemia es la ciencia real, la ciencia como se construye, la ciencia que es ensayo y error y que no es un camino lineal lleno de certidumbres, rápido, siempre con un progreso marcado hacia lo mejor. Sino por el contrario, la construcción del conocimiento científico tiene mucho que ver con la ignorancia, con la incertidumbre, con un conocimiento que nunca es acabado. En este caso, cuando se vio todo eso ante la opinión pública puede haber generado desconfianza. ¿Por qué? Porque no es la imagen de ciencia que la gente se construye durante la educación formal y tampoco es la que habitualmente reflejan los medios. Esta vez, por fuerza, hubo que reflejar a la ciencia como realmente era y espero que eso haya tenido un impacto positivo, que de ahora en adelante sigamos mostrando a la ciencia real, no la fábula de los manuales del método científico”.

“La ciencia real es ensayo y error y no un camino lineal lleno de certidumbres”. (Carina Cortassa) “La ciencia real es ensayo y error y no un camino lineal lleno de certidumbres”. (Carina Cortassa)

Para Mario Siede, el saber científico no se va a ver amenazado. “Hay gran cantidad de capitales que están apostando al desarrollo de saberes científicos vinculados a todos los temas y eso no tiene freno. Los discursos negacionistas no impactan sobre el saber científico, sino que el saber científico se desarrolla más allá de las relaciones sociales, porque hay ahí una competencia más bien estratégica por el conocimiento, el descubrimiento, las patentes”, enumera.

Para el docente de la UNER, las personas están viendo que las vacunas y otros medios van a ser la manera de “ir paliando los efectos de una pandemia que seguirá teniendo consecuencias en el futuro”. Pero advierte que “el saber científico va a tener que entender que puede haber una construcción de conocimiento que no tenga la misma estructura del saber científico”. En ese sentido, recupera la noción de saberes, que abre la puerta a una producción de conocimientos que no tienen al método científico como fuente sino que están vinculados a las relaciones sociales, a lo ancestral y al sentido común.

“El saber científico se caracteriza por ser analítico, es decir, por dividir al extremo las unidades explicativas de la realidad y luego intentar sumarlas. Ese saber científico analítico, positivista, que gran desarrollo ha tenido y sigue teniendo, ha perdido de vista los problemas que son complejos. Por lo tanto el saber científico está deslegitimado por su incapacidad para abordar problemas complejos, como el medio ambiente, la salud mundial, la condición de la humanidad en este momento y las relaciones que se establecen entre producción y naturaleza”, concluye.

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