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La oscura trama del ídolo de barro y las miserias argentinas

La serie "Monzón" de Space hace foco en el primer femicidio mediático del país y cómo se encubrió la figura del boxeador.

Domingo 30 de Junio de 2019

Lo más atractivo que tiene la serie “Monzón” es cómo queda expuesto el inconsciente colectivo argentino tendiente a jerarquizar al ídolo deportivo más allá de sus miserias. La impunidad de los que lo protegieron es igual a la del mismo boxeador que, aún con el cuerpo caliente de Alicia Muñiz semidesnuda y chorreando sangre sobre el piso, seguía sosteniendo “yo no la maté”. Y lo peor es que muchos creían esa mentira porque “cómo va a matar a su mujer si es el campeón del mundo”.

La serie de Space, que se emite los lunes a las 22 y mañana se verá el cuarto capítulo de los 13 que integran esta producción, tiene un plus con las actuaciones de Jorge Román y Mauricio Paniagua, quienes dan vida a Monzón desde sus años jóvenes en Santa Fe (Paniagua) y en su madurez, cuando ocurrió la tragedia (Román). En ambos casos los parecidos y las caracterizaciones son sorprendentes.

También es impactante la ambientación de la época, allá por febrero del 88, y el registro documental de revistas y reportes televisivos de los noticieros de Argentina y del exterior, que trataron con un cuidado extremo a la figura del campeón.

Causa estupor entender tamaña complicidad de los medios y de su entorno y cómo se agradece que tres décadas después se haya creado una red para que la violencia de género no vuelva a quedar impune, haya un famoso de por medio o no.

Es que una historia archiconocida toma otra dimensión en un contexto como el actual. Y viene bien aludir a la memoria y a las conductas de una sociedad argentina que no siempre aprende de sus errores.

La ficción también hace hincapié en la niñez de Monzón, desde su tiempo de lustrabotas hasta cuando tenía que robar comida para tener un almuerzo digno. Y también el director pone el foco en la ferocidad de los policías, que primero le quemaban la mano en la sopa que acababa de robar el niño hambriento y años después encubrirían al asesino por ser simplemente un ídolo popular.

La docencia y la sensibilidad humana de Amilcar Brusa, muy bien interpretado por Fabián Arenillas, también es clave en la historia y sirve como homenaje a una persona que fue determinante en la formación profesional del boxeador.

Ya vendrán los capítulos donde aparezca Susana Giménez, interpretada por Celeste Cid, y seguramente alguna que otra polémica teñida de chimento no tardará en inundar los programas de la tarde.

Lo que queda, más allá de los fuegos de artificio, es que la serie “Monzón”, sin soslayar el oportunismo de su lanzamiento por el tema de violencia de género, debe servir para hacer foco en no repetir ciertas miserias del pasado. Y también para deconstruir la figura de aquellos ídolos de barro, que se desintegran de inmediato con la primera tormenta fuerte.

Fuente: La Capital

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